“Monólogo interior”, el segundo disco de Single, no es precisamente fácil. Más bien todo lo contrario. En el recuerdo estaban los ritmos jamaicanos, esas canciones que invitaban a mover los pies y la exultante vitalidad que Teresa Iturrioz e Ibon Errazkin desplegaban en “Pío Pío”. Y de repente, como canta la propia Teresa en el inicio del álbum, “todo cambia en un instante”, de modo que más vale olvidarse de las ideas preconcebidas.

Puede que sea por la propia portada (un retrato de Teresa Iturrioz que Javier Aramburu le regaló en 2008 y que desde entonces estaba destinado a ser la imagen de este disco) o puede que sea incluso el título, ese reflexivo “Monólogo interior”, el caso es que ambos elementos parecen anticipar el contenido de un álbum que se revela en las antípodas de su debut. “Es distinto en todo. Primero por el tipo de canciones, menos rítmicas en general. Es más corto y unitario, más homogéneo que el anterior, en el que cada tema era muy distinto a los demás. Y también ha sido diferente en la manera de hacerlo, porque la idea era trabajar a la antigua usanza: ensayar y entrar al estudio con todo muy preparado”, señala Teresa Iturrioz, tan encantadora como acostumbra. Estamos, además, ante un álbum que se diría de corte clásico e introspectivo, como si pretendiera crecer más hacia dentro que hacia fuera, demandando una especial implicación de quien está al otro lado. “Pues igual sí, pero la verdad es que somos muy malos en adivinar eso. En ‘Pío Pío’ pensábamos que eran canciones fáciles y luego la gente nos decía que les resultaban bastante complejas. En cambio en esta ocasión desde el principio nos dimos cuenta de que hay temas más complicados, como ‘Restaurante’, que casi es más ambiental que musical, o la misma ‘Monólogo interior’, porque el hecho de meter un instrumental parece que es poner una cierta dificultad. Pero también está ahí el sentido del humor: ‘Posponías’, por ejemplo, es casi un chiste, además de que es muy rocanrol”.
Otro punto sobre el que hay que detenerse de forma obligatoria, aunque les pese, es que “Monólogo interior” devuelve a Teresa e Ibon a la época de los últimos Le Mans. “Nos salió así, y no es algo que nos hiciera mucha ilusión, aunque ahora es nuestro álbum favorito, de verdad. De hecho, la posibilidad de colaborar con Genís (Segarra, de Hidrogenesse) supuso bastante alivio, porque notábamos que nos estaba quedando muy Le Mans y eso nos daba bastante pereza; era como retroceder unos cuantos años. Teníamos la sensación de que nos estaba quedando tristón y lo cierto es que me sigue dando un poco de miedo que se perciba como un disco triste, porque no lo es tanto”. En cuanto a la aportación del también miembro de Astrud, prosigue Teresa Iturrioz, fue él quien se ofreció. “Nos mandó un mensaje diciendo que sabía que estábamos haciendo un disco nuevo y que le encantaría colaborar; nos enumeró sus sintetizadores y todo lo que tenía, así que genial, porque somos muy admiradores suyos. Genís es como la Dolly Parton española, alguien que tiene un aspecto tan extravagante que a la gente le cuesta ver el talento que hay detrás, pero es impresionante. Para muchos, Dolly Parton era sólo una tía extraña, con un pelo raro y unas tetas enormes, pero es que aparte de eso era extraordinaria en su faceta musical”.
Como contraposición a “Pío Pío”, aquí desaparecen los samplers (salvo en “Gracias a la vida”, la versión de Violeta Parra vía Joan Baez) y es el piano el que toma el protagonismo de forma casi exclusiva, dentro de un disco en el que el tiempo juega un papel fundamental, de la fugacidad de “Un breve instante” a la pereza autobiográfica de “Posponías”. “Soy bastante perezosa para ponerme a trabajar, es Ibon el que me tiene que obligar un poco. Me cuesta mucho sentarme a escribir una letra y en cambio me ocurre todo lo contrario a la hora de sacar segundas voces, que es algo que me encanta. Pero con las letras me pongo casi cuando no queda más remedio. Hago lo que puedo, y si me puede divertir, mejor. Me gustan las cosas sencillas, como el mismo título de ‘Aquí vivía yo’, que era una frase que sabía que tenía que utilizar; y no es mía, que conste, se la robe a Flannery O’Connor”.
Teatral como pocas veces antes (no hay más que escuchar “Oda a los negros”), apuntando valses y tangos, la música de Single, desconcertante y única, continúa siendo un punto y aparte en la escena nacional, más cerca de Ingrid Caven, actriz y cantante alemana a la que Fassbinder convirtió en su musa, que de cualquier otro tipo de referencias más contemporáneas. “A mí me gustaría que nuestro pop fuese actual, pero creo que es clásico, aunque realmente no lo sé, porque tampoco estoy muy al tanto de las tendencias. Dejémoslo en pop variado”.