“Los fans de The Mars Volta no conocen toda mi música, y eso está bien”
Entrevistas / Omar Rodriguez-Lopez

“Los fans de The Mars Volta no conocen toda mi música, y eso está bien”

Adriano Mazzeo — 16-10-2020
Fotógrafo — Archivo Clouds Hill

Admiramos a Omar Rodríguez-López, fundamentalmente conocido por ser el siempre inquieto guitarrista de At The Drive-In y The Mars Volta entre muchas otras aventuras. Y eso ocurre porque es un artista que vive por y para disfrutar de la música, creándola, interpretándola, grabándola. Ahora le acabamos de entrevistar con motivo del triple vinilo “The Clouds Hill Tapes”, grabado en los estudios alemanes Clouds Hill y que puedes conseguir directamente en la página del sello.

Desde los explosivos postulados post-hardcore de At The Drive-In, llegando a aquel sorprendente y excitante escalón a un nuevo nivel que fue The Mars Volta, pasando por su carrera solista y sus bandas paralelas, colaboraciones de lo más variadas e inmersiones en infinidad de géneros, Omar Rodríguez-López justifica con cada paso que le consideremos uno de los compositores más interesantes de su generación.

Después de que At The Drive-In se tomasen una pausa en 2018, este puertorriqueño de cuarenta y cinco años tuvo la oportunidad de revisitar parte de su extenso catálogo y diseñar un proyecto en el que daría nuevas formas a una veintena de sus canciones, desde una perspectiva muy distinta, nacida de la búsqueda de distintos formatos de expresión.

Más allá de los detalles de dichas sesiones –que derivaron en el recientemente lanzado triple vinilo “The Clouds Hill Tapes”–, la latinidad, la personalidad musical y su “eterna” inspiración son algunos de los temas que destacan en esta charla tan desenfadada como profunda con un Rodríguez-López encantador, de gran humor y fino sentido común.

Es llamativa la capacidad camaleónica de la banda que armaste para este proyecto. ¿Cómo fue la experiencia a nivel humano en la grabación de las Cloud Hill Tapes?
Bueno, yo creo que esa es la parte más importante de cualquier proyecto, la parte humana, la gente que te está rodeando, quienes lo están llevando a cabo. Mi mano derecha, el pianista argentino Leo Genovese con quien he trabajado muchísimo, es un genio musical, pero fundamentalmente es un genio como persona. Como le digo yo: el Buda. Porque nunca hay problemas, siempre encontramos solución… Nos anima, ¡siempre está con la disposición más positiva que puede existir! Cuando yo le puse “el Buda” él lo rechazó (risas). “No me digas eso, por favor, eso sería ofender a Buda”, decía. El punto es ese: encontrar a la gente que no sólo que te entienda, porque también quieres tener gente que tenga otras ideas y otras opiniones, pero, sabes, gente buena, que tenga esa capacidad. La actitud y la disposición son lo más importante, porque estás viviendo con ellos. En lo de Clouds Hill, todos vivimos en ese apartamento por una semana, así que si estás así, mejor que sean personas con las que te puedes llevar bien. Es eso mismo, básicamente poder darles una dirección, que ellos entiendan y a partir de eso poder encontrar el sonido. El proyecto es único porque en realidad no son canciones nuevas, ¿entiendes? Son canciones de otros discos, que ya estaban interpretadas. La capacidad de sentarnos ahí y observar todo y platicar y decir “mira yo creo que esta se puede hacer un poco más electrónica, y esta otra probemos con piano y voz”, puede ser un proceso súper divertido, pero sólo funciona, como tú estás diciendo, a nivel humano, con esa sensación positiva y sin conflicto.

Has hecho infinidad de colaboraciones y dirigido muchos proyectos en los que has dirigido a importantes músicos de sesión. ¿Alguna vez te ha limitado el no saber teoría musical?
Sí y no. Y ahí regresamos al tema de la persona. Yo he luchado mucho, bueno no luchado, eso suena estúpido pero he experimentando con mucha gente para encontrar músicos que tengan ese equilibrio, sabes. O sea, está genial que sean músicos genios en la teoría, como Leo, pero lo bueno es que para trabajar no necesiten eso, que no haga falta hablar de que en este tiempo, Sol, Re y yo qué sé qué carajo (risas)… Que yo le pueda decir “mira hermano, esta parte va de un barco que se está hundiendo y entonces la punta está en fuego pero hay dos personas que sí se van a salvar” ¿entiendes? De esa forma yo voy a poder explicar las emociones, porque al final de cuentas, para mí en lo personal, lo único que importa es si algo te conmueve o no. Porque la teoría puede ser cabroncísima y mira que los tiempos cambian, y mira que inteligente y bla, bla, bla. Pero, oye papi, si no sientes nada, si escuchas la música y de pronto te la olvidas y no conmovió algo en ti, pues ¿cual es el punto, no? En realidad tú sabes, tengo, como compositor, la “suerte” de que de repente cae alguna técnica, que los cambios de tiempo, los tiempos raros y bla bla bla, pero ¡nada de eso es a propósito! Yo no estoy pensando “ah, sería súper raro que lo hagamos en siete o en cinco” ¿sabes? Yo no pienso así. Es sencillamente que te sientas es escribir algo y te sale. Y lo grabas así y mira: esta es la canción. Después los músicos se sientan y “ah, mira qué interesante que hay un beat extra aquí”, “ah sí, mira qué chévere”, “en realidad esto es en cinco por eso tienes problemas aquí o allá”, ¿entiendes? Si uno no sabe la teoría eso no lo entiende, pero lo que sí entiende es que, por ese beat extra, la canción te conmueve más que si no lo tuviera. Por alguna razón, cuando lo estabas componiendo o lo que sea, sentías que faltaba algo allí, y de repente alguien te lo aclara. Y dices “pues chévere”. Es así porque así me gusta.

¿Fue fácil para ti, sobre todo en las partes II y III de esta trilogía, quitarle protagonismo a las guitarras?
Es fácil, y regreso a lo mismo: lo importante es si te conmueve la composición o no. De repente en este arreglo no era tan importante y como los proyectos cambian, la forma de expresar la música puede cambiar ¿sabes? Ese es un proceso súper divertido. Y ahí regresamos una vez más a lo mismo, cuando uno se sienta y quiere hacer algo complicado o no, raro o no, catchy o no catchy. Es eso de que… ¡cacho hermano! Si tu sientas y haces lo mismo todos los días por veinticinco años, créeme que un día dirás “quizá es hora de no usar esto” o “es hora de intentar esto otro”. Te vas a hartar de ciertas cosas o de algunos rasgos de tu música, de otros nunca te cansarás. Por ejemplo, ¡a mí me gusta la música dramática! Como buen latino me va esa cosa dramática y tengo más composiciones así en esa onda dramática, del corazón, la venganza (nota: lo expresa con voz de culebrón), más allá de otras composiciones que tengo que son súper alegres, y vamos a celebrar y lo que sea. De repente uno se va aburriendo o inspirando en otra cosa y le van encontrando otros tonos a las distintas creaciones. “Esto es más una cosa de piano, o de sintetizador o de voz”… Siempre estás buscando articular y proyectar con la composición, pienso yo.

También es un ejercicio de cambiar la forma de expresarse uno como persona, creo.
¡Claro! ¡Y tampoco es una aventura egoísta, es que el proyecto mismo te lo dice! Uno empieza desde un punto porque está inspirado y luego el proyecto, seguro que esto lo haz escuchado muchas veces, que otra gente lo dice, empieza a tener vida propia y comienza a rechazar ideas y adoptar otras.

Es lo interesante de los procedimientos, que al final te ayudan a entender hacia dónde ir.
¡Totalmente! Ya cuando le das lugar a la idea, es ella la que te da señales hacia dónde quiere ir.

¿Sientes que en estas sesiones liberaste un poco más tu amor por el pop?
¡Ah! ¡No lo había pensado de esa manera! Puede ser, sí, quizá se entienda más porque hay menos guitarras, tú sabes. Ahora que lo pienso puede ser que la ausencia de guitarras, como dijiste, o de guitarras fuertes más bien, o dominantes, es algo lindo porque la tensión se puede centrar en la composición, y no solo en base a un sonido rudo o fuerte o no sé como la gente describe mi sonido (risas). No lo había pensado, pero me gusta poder pensarlo ahora.

“La mayoría de la gente, los fans de The Mars Volta, no conocen toda mi música, y eso está bien, no se supone que deben conocerla toda, pero sí tienen esa perspectiva limitada siempre van a pensar “sí, ahí está este loco con los pedales (risas)”

Si bien la sonoridad de las Clouds Hill Tapes difiere de algunas de tus músicas más extendidas –o del concepto que se puede tener tuyo a partir de At The Drive-In y The Mars Volta– en todo momento se puede intuir tu personalidad en el tratado de los climas, las melodías, etcétera. ¿Es esa capacidad algo que trabajas conscientemente o es más como un don natural?
Bueno, ante todo gracias. Es un gran cumplido decir que se siente mi personalidad en eso. Y creo que la respuesta es que es una mezcla de ambas cosas básicamente. Es decir que es imposible que yo no sea yo, por un lado. Y por otro lado, la experiencia de trabajar y experimentar pues me ayuda a llevar a cabo lo que quiero expresar. Aquí hay un punto clave en algo que acabas de decir: la mayoría de la gente, los fans de The Mars Volta, no conocen toda mi música, y eso está bien, no se supone que deben conocerla toda, pero sí tienen esa perspectiva limitada siempre van a pensar “sí, ahí está este loco con los pedales” (risas). Es como que los seres humanos tenemos esa tendencia, ese rasgo de simplificar todo y es un instinto de supervivencia, que viene de algo muy antiguo: eso es eso y por tal cosa tengo que evitarlo, o tengo que comerlo, no sé. Tenemos ese rasgo de simplificar todo, pero en realidad todos somos seres complicados que un día estamos tristes, al otro día podemos conquistar el mundo, un día nos enamoramos, un día perdemos el amor, lo que sea. Así que de repente yo tengo todos esos colores dentro y eso se expresa en mi trabajo como solista. Pero si para la mayoría de gente soy ese loco de The Mars Volta, pues está bien. Es un concepto abstracto, porque es como cuando dices “¡Hey, me robaron la cartera!” ¿Quién? ¿Quién te robó la cartera? No sabes, sólo sabes que es “la gente” que te robó la cartera.

De acuerdo a un texto que publicó Johann Scheerer, el productor del disco, este proyecto pasó de ser un disco de ocho canciones a un triple de veinte. ¿Qué factores hicieron que esto sucediera?
Es que esto ni siquiera iba a ser un disco. Era ir a tocar a Clouds Hill a tocar en el festival. En el 2018 decidí que iba a tomarme un break tras estar girando durante veinticuatro años. Entonces me invitaron, me dijeron que sería bueno terminar en el festival, ya que yo había estado en el primer festival de Clouds Hill. Así que sólo iba a hacer un set list. Llegamos unos días antes porque yo estaba de gira con At The Drive-In. Estaba en Brasil. De allí volé a Hamburgo, luego llegaron los músicos. Comenzamos a ensayar sin saber qué hacer. Yo pensaba en algo de piano y voz, estaba maquinando un montón de ideas. Entonces elegimos muchas canciones y pensamos en quedarnos unos días más luego de que limpiaran todo el desmadre del festival. Estuvimos una semana para grabar. Habíamos preparado un repertorio de media hora –tocábamos poco porque eran un montón de bandas– y esas eran las ocho canciones que se convirtieron en veinte.

Justo antes de que fueras a Hamburgo te vi en vivo en Buenos Aires con At The Drive-In. Sentí que no estabas del todo conectado con el show. ¿Recuerdas algo de aquella noche? ¿Tuvo que ver con ese cansancio acumulado de girar tanto?
Puede ser cualquier cosa, no me acuerdo exactamente. Seguramente estaría agotado luego de tres años sin parar. En lo personal supongo que habrá sido un show en el que no estaba conectando, como quien dice. Estaba saliendo mal o teníamos problemas técnicos… No sé, hermano. Va a sonar grosero de mi parte pero no puedo fingir si algo no está saliendo bien, ¿sabes? Si el sonido está complicado y no escucho… Es difícil juzgar en el momento lo que estás haciendo ¿me entiendes? Si sabes que no estás llegando a un punto alto que podríamos llegar, bueno, diferente gente puede lidiar con eso en diferentes formas, pero a mí me pasa que digo “fuck!”. Y me empiezo a desconectar. Soy transparente, y entiendo que se puede ver como una cosa que… Porque entiendo que soy súper afortunado y aprecio las oportunidades que tengo y que estoy viajando por todo el mundo, como esa vez, por fin tocando en Argentina con At The Drive-In que nunca había podido tocar en Latinoamérica. Pero bueno, tú sabes, el momento fue el momento y si algo se perdió, pues no puedo fingirlo.

Aquel día el sonido no fue bueno, pero en cualquier caso el concierto fue muy enérgico y disfrutable.
Y eso es lo único que importa al final de cuentas. En nuestra banda y en cualquiera en el universo se suman los elementos, esa tercera cosa que se va creando a través de los integrantes, así que aunque yo tenga una experiencia en particular no tiene que ver con lo que les pase a los otros músicos, y tampoco puede no tener nada que ver con la experiencia de la audiencia. Yo aprendí hace tiempo, hace tiempo, en los noventa, con At The Drive-In, había gente que nos conocía bien, que eran nuestros amigos que venían a los shows y hablábamos con ellos, y nos veían una noche que tocábamos bien hijueputa, así bien cabrón, y salíamos de la tarima así como “¡wow, matamos ese show, eso fue bien cabrón!” Y nuestros amigos nos decían “meh… han estado mejor” (risas). Y entonces otras noches que, sabes, era horrible, nos encabronábamos porque nada salía bien, no escuchábamos nada, y estábamos todos decepcionados sin ganas de hablar, llegábamos al backstage y nuestros amigos “¡Wow! ¡Nunca he visto un show más hijueputa en mi vida!” (risas). Por eso digo, es algo que no puedes controlar. Se puede ver como grosero que yo esté encabronado o sufriendo por algo, lo que fuera. Pero siempre es bueno sentir lo que estás sintiendo porque otro lo va a interpretar de otras maneras, y ¿por qué fingirlo? Si tienes la capacidad, y yo conozco a músicos que la tienen, que tienen las capacidades de convertir un show horrible en un show bueno, gente que no finge, que puede agarrar un mal momento y lo terminan apreciando. Pues yo tengo ese problema: si se va la onda, o no hay onda, pues no hay onda. No puedo forzarla.

Durante un tiempo me fue algo complicado seguirte los pasos, por ejemplo cuando salieron los discos por Ipecac. Por lo prolífico que eres daría la impresión de que eres un tipo que vive inspirado siempre. ¿Es así?
Yo creo que sí. Creo que todos estamos inspirados todo el tiempo, creo que hay un peligro en decir que alguien es prolífico o no, o inspirado o no, porque creo que son cosas muy comunes. Porque de alguna manera, a través de los medios, las redes o no sé exactamente de qué perspectiva, se puede dar la apariencia de alguien que no para, tú sabes. De alguien que siempre está trabajando y ¡no es así, hermano! Tú sabes, yo convivo con mi familia, me gusta ir a acampar en la montaña, ¡hago un montón de cosas! Por eso estoy inspirado. Difícilmente podría pensar que si estoy encerrado en un fucking estudio todo el tiempo, estaría tan inspirado como estoy ¿entiendes? La realidad de las cosas es que estoy haciendo algo bien común, viviendo mi vida cotidiana. Estaba sentado ahí con abuela viendo las fucking noticias de México con las inundaciones, tú sabes, ¡todo eso inspira! Cómo no te va a dar rencor o cómo no te vas a sentir bien cuando ves algo lindo o cuando te vas a acampar o lo que sea. Todo está sucediendo todo el tiempo, y todos nosotros tenemos sentimientos sobre lo que pasa. La única diferencia es que yo voy y lo apunto en un cuaderno. “Hoy me sentí súper frustrado porque la situación en México…” y voy y me quejo en el cuaderno (risas). No es que soy prolífico, es que me comunico con mí mismo sobre lo que siento.

¿La letra del coro de la canción del disco II “Diamond Teeth” (“these sad psalms should give you hope/esos tristes salmos deberían darte esperanza”) explica tu visión de cómo puede funcionar la melancolía y las pérdidas personales como inspiración para escribir música?
Yo creo que sí. Creo que se puede encontrar positividad en todo. Obviamente, entiende que tenemos una diferencia cultural, porque intenta explicarle esto a mis amigos y paisanos acá de los Estados Unidos, que sólo hablan inglés, por cierto, el ser bilingüe es también ser bicultural. Así que hay ciertas cosas que se aceptan en nuestra cultura que no se aceptan en la cultura blanca, gringa o lo que sea. Una de esas cosas es que a los gringos no les gusta hablar sobre la muerte, les incomoda, y obviamente en Latinoamérica hablamos mucho de la muerte, la foto, el altar, la jodienda, la ofrenda. Aquí en nuestra casa todas esas cosas se hablan, hacemos chistes de eso y de repente te dicen “Ay ¿cómo puedes hacer un chiste de eso, de la muerte de tu madre?”. Porque, cabrón, quiero celebrarla. Ella me dio mi sentido del humor. Ella lidió con sus traumas y usó los chistes y los cuentos. Y cuando hablo de los “salmos” de la letra de la canción, pues esos son cuentos bien violentos, bien tristes, pero de repente se supone que una persona le saque un significado, no es que necesariamente eso sucedió de esa manera, es solo que debajo de todo eso hay algo que nos hace reflexionar para ayudarnos a lidiar con la gran tristeza de que todo se va acabar. Básicamente (risas).

“La cultura gringa ellos a la campana le dicen el ‘cowbell’, en la cultura popular de ellos, ¡el cowbell es un chiste, hermano! ¡Will Farrell se burla de eso en el Saturday Night Live! En nuestra cultura que entre la campana es como decir que entró el coro, como en Nirvana cuando entra la parte con el platillo súper fuerte, ¡coño!”

Hace poco leí sobre tus discos favoritos y me gustó mucho una frase que sostenías sobre qué significa la música pop para los latinos. Que la salsa con sus ritmos y arreglos elaborados es el pop de los latinos. ¿Crees que esa influencia desde niño te dio un lugar elevado desde el que empezar a “pensar” en tu propia música?
Coño, hermano, no sé si elevado, pero sí diferente desde el cual poder apreciar otros elementos. Quizá si no estás habituado puedes pensar de modo snob en que es música que sólo es percusión y no dice demasiado. Pero si es la música de tu infancia y de toda tu vida, la de tu casa, una música que cambia en tempo y que tiene arreglos de vientos súper intrincados que juegan dentro de sí mismos… Una cosa importante es que nuestra música tiene muchos pasajes instrumentales. Momentos de descarga; del bongó o el momento del piano o del cantante. Elementos que son parte de la música pero no resaltan por sí mismos… A lo que voy es que en la cultura gringa ellos a la campana le dicen el “cowbell”, en la cultura popular de ellos, ¡el cowbell es un chiste, hermano! ¡Will Farrell se burla de eso en el Saturday Night Live! En nuestra cultura que entre la campana es como decir que entró el coro, como en Nirvana cuando entra la parte con el platillo súper fuerte, ¡coño! ¡Cuando entra la campana, esa es la parte brava de la canción! Ahí hay sólo un ejemplo de un elemento nada más, algo súper sencillo que normalmente está en el fondo que cuando se sube es como “ahí sí vamos a arrancar a bailar” y si no estás bailando, es porque tú no tienes pulso, hermano, no tienes alma, ¿entiendes? (risas). Es como, “Chechu, vamos a levantar esta fiesta” y los gringos se burlan de eso. Estamos luchando contra ese prejuicio, siendo latinos y creando música en los Estados Unidos.

Eso va a llevar muchos años para que se entienda, ¿no?
Sí, sí (risas).

¿Sientes que en toda tu carrera musical hay algún tipo de hilo conductor?
(Piensa, se ríe) No sé, porque siento que estoy en el comienzo de todo eso. Estoy muy intrigado por todo. A nosotros todo nos intriga cuando somos chamaquitos ¿verdad? Y por alguna razón u otra, cuando vamos creciendo se nos quita eso o se va diluyendo, se van las preguntas o solo empiezas a sentir que “yo ya sé quien soy”. Pues a mí no. A mí todo me intriga, siempre estoy cambiando, mis ideas están cambiando y me fascino con el hecho de que lo que pienso ahorita es totalmente opuesto al Omar de diecisiete, veinticuatro, treinta y cuatro, cuarenta y tres años. Todo se me hace un misterio y nada, hermano, estoy investigando. Creo que ese es el hilo. Investigar sin saber si realmente hay una respuesta. Puede ser que no, que nunca entienda nada y que esa sea lo lindo del Universo y sus leyes, por lo tanto, estoy investigando y tengo muchas muchas preguntas. Como dice el cliché: por más respuestas que encuentro solo género más preguntas. Por eso también siento que no hay tiempo, por eso a veces sólo quiero “echar la hueva” como dicen los mexicanos, ahí en el sofá, con la abuela y estar viendo la tontería esta de telenovela que ella ve (risas).

¿Cómo planificas tu futuro? ¿Eres de tener grandes planes?
Sí y no. Sí que me gusta planificar cosas y ya cuando se dan, cuando se entiende que algo va a suceder, me gusta planificarlo pero me gusta hacerlo sin restricciones, para poder cambiar o torcer el rumbo ¿Grandes planes? No sé porque nunca sé si algo va a ser grande o no. Me conmueve mucho cuando leo en una entrevista que alguien dice “y en ese momento supe que…”. ¡Eso me inspira mucho y estoy buscando ese momento, créeme! (risas). Quiero saberlo, quiero sentir en mis huesos esto de “¡Wow, esto va a cambiar todo!” Pero en realidad nunca lo he experimentado aún, así que no puedo decir que tengo grandes planes, sólo que estoy siguiendo esa investigación, esa curiosidad. Siento que estoy en el desierto, yo camino en el desierto todos los días, sobre todo cuando vuelvo de Puerto Rico como ahora. Camino en el desierto y cuando estoy caminando puedo ver algo nuevo y pienso: “Ay, dios, carajo, ¿qué es eso? Yo no he visto eso…”. Y no es hasta que yo llego que digo: “ah, pero si es una cabina”. Una cabina del siglo XVIII, mira que interesante, y me pongo a verla en detalle, etcétera. Es eso mismo. Estoy caminando en un desierto o en una jungla sin fin y hay muchos objetos y muchas cosas y ese día tengo que decidir hacia qué dirección voy a caminar. Y si esa cosa puede mantener mi atención, pues eventualmente voy a llegar ahí y casi nunca es lo que yo pensaba que era.

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