Francisco Contreras Molina, más conocido como Niño de Elche, viajó un mes a Bogotá a encontrarse con Eblis Álvarez, una de las figuras más notables de la música contemporánea en este país, y que para resumir su impronta (la cual merece reseña aparte) es miembro de un movimiento al que llaman “tropicalismo caníbal bogotano”. El resultado del trabajo realizado en los estudios Isaac Newton de Álvarez, ha sido el álbum “Colombiana” (Sony, 19).

Niño de Elche conversó con nosotros sobre el concepto de “cante de ida y vuelta” que desarrolla en esta producción, y del trabajo a cuatro manos entre dos músicos de diferentes orígenes, y con el que pretenden desmarcarse de etiquetas como world music, fusión, o hermandad entre culturas. Este mes presenta el disco en Madrid (8 junio, Suena Conde Duque) y Sevilla (15 junio, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo), además de viajar a Francia y Portugal.

¿Por qué te fijaste en un productor colombiano como Eblis Álvarez para dar este paso en tu carrera?
Yo tenía muchos prejuicios en relación a la música latina porque hay muchísima que no nos llega acá a Europa, a pesar de Internet y todo eso. Lo que nos viene es por el filtro norteamericano o de la world music, todo muy descafeinado, muy occidentalizado. Entonces veía que aquello no me interesaba mucho y, aparte, ese colador que se hace desde Estados Unidos, y el de la world music, utiliza cuatro cosas, coge un poco de música cubana, el reggaeton, y tiene muy poca otra influencia de géneros como el tango o de la bossa nova, por poner un ejemplo. Cuando emprendí este proyecto y conocí a los Meridian Brothers, entendí que ellos trabajaban desde otro punto de vista, y me empecé a interesar. Me dije: “Tienen que tener un montón de influencias que yo no controlo para hacer esta música tan interesante, y tan fuera de tendencia, de lo que nos dicen que es lo latino”. Les conocí en Periferias, un festival en Huesca, y después ya nos vimos con Eblis por un amigo en común que tenemos.

“Yo quería trabajar con esas imperfecciones de los ritmos de raíz de Colombia, que son ritmos rotos, bailables, pero muy imperfectos, sucios”.

¿Entonces lo conoces al verlo en una actuación de Meridian Brothers?
Sí, hace como seis años, y a partir de eso empiezo a escucharlo. Conozco también a Los Pirañas, a algunas bandas como El Frente Cumbiero, y a todo el contexto. Me quedo como “joder esta gente no tiene nada que ver con los conocidos de la música actual de Colombia”, son cosas mucho más radicales, más ásperas, mucho más cercanas a la actitud flamenca, al punk. Mientras eso, tenía la idea del cante de ida y vuelta en reposo, y dije: “Eblis es el perfecto para lo que yo intuyo de lo que podría hacer de los cantes de ida y vuelta”. Por fechas encajó, y creo que he acertado porque Eblis es uno de los músicos más interesantes que puede estar en esa escena. Uno de mis atrevimientos a la hora de llamarle fue porque vi una entrevista suya en la que hablaba de John Cage, de la música electro acústica que él había estudiado seis años en Dinamarca. Y hablaba de bandas del Norte de Europa. Me pareció raro que siendo colombiano hablara de todo eso. Tenemos mucho parecido en el proceso artístico. Él se había alejado de la música folclórica de Colombia, y volvió de nuevo. Y lo mío con el flamenco ha sido amor y odio. Al final él bebe mucho de la música de raíz colombiana, de los años treinta y cuarenta, y yo bebo mucho del flamenco de los veinte y los treinta, de principio de siglo XX, un flamenco muy áspero, poco definido, más experimental. Y bueno, ya coincidían muchas cosas.

Dices que le conoces hace seis años. ¿Por qué apenas ahora logras condensar eso en una producción discográfica? ¿Por qué tardó tanto en materializarse la unión musical?
Yo tengo una idea siempre, una idea conceptual, y hasta que no se da el momento en que encuentre al productor idóneo, pues no la emprendo. Es un proceso siempre, se tienen que dar las necesidades y los contextos para que yo emprenda el trabajo, es decir, yo no digo “quiero hablar del agua” y me pongo a buscar productores del agua, que me puedan plantear una plataforma para hablar del agua. El proceso es que tengo la idea del agua, esta ahí fraguándose en mi devenir, en mis inquietudes, se van cruzando ideas, gentes, posibilidades, y hay un momento en que todo coincide y dices: “Ahora es el momento”. Así me pasó con “Colombiana”, y me ha pasado con todos mis trabajos.

Escuchando el disco se siente mucho la mano de Eblis…
Elegí a Eblis porque él tiene un bagaje que yo por mucho que investigue no voy a tener, a relación de las músicas colombianas. Es un trabajo que me ahorro. El mío consiste en hacer la investigación, en conocer los materiales, las referencias, pero mi trabajo era más descifrar eso y aunarlo a todos los temas con las demos que yo llevaba. Después con Eblis arreglábamos todos los temas, hablábamos de la concepción del tema, pero él primero me mandaba referencias, yo hacía todas las letras, las demos, las estructuras, y ya después arreglábamos. Nos hemos entendido muy bien porque entendemos el arte y la música desde sitios parecidos, estábamos más cerca de lo que pensábamos. Es un disco que se ha podido grabar en un mes, aunque hemos estado trabajando tres o cuatro meses antes, por lo menos. Con Pedro J. Romero estuvimos trabajando los conceptos y las referencias que mandó Eblis.

¿Cómo te sientes explorando un universo musical que es tan diferente al tuyo?
No soy tanto de hablar de universos sino de formas de trabajo, y la forma de trabajo de Eblis y mía son muy parecidas, a la hora de afrontar, cómo plantear, cómo estructurar, entonces bueno, yo por eso trabajo con músicos de tan diferentes índoles, porque las estéticas para mí no son una diferencia abismal. Para mí que uno venga del rock o de la música clásica, no tiene diferencia, para mí lo que los une no es la estética, sino como esos músicos trabajan. A la hora de plantear una canción, una pieza, el acto de cantar, de tocar, el acto performativo, ahí es donde están las conexiones. No están en el hecho de si el de rock está más cercano del jazz, porque hay una guitarra eléctrica, la conexión es realmente cómo tu trabajas o afrontas la práctica artística. Y como la afronta Eblis, y como la afronto yo, es muy parecido, conceptualmente, materialmente, y políticamente.

¿En ese sentido aquí no cabrían esas etiquetas de fusión o world music, no?
Con Eblis no somos nada partidarios de la etiqueta de world music. A mí me parece vomitiva, vergonzante, vergonzosa. Me parece una etiqueta mercantil que vino bien para conocer nombres de cosas, pero todo se occidentalizó y lo llevaron a un territorio muy light, donde no hemos aprendido mucho de esas músicas del mundo. Eran productos occidentales, de empresas occidentales, que buscaban el exotismo del negro, el exotismo del latino, el exotismo del pobre, el exotismo del marginal, para ellos al final acabar haciendo lo de siempre, pero con un toque exótico, eso es la world music, y al final la etiqueta me parece perversa “músicas del mundo” cuando toda la música es del mundo.
En Latinoamérica hay mucha gente que se ha tragado la etiqueta de la world music, pensando que desde esa plataforma se puede reivindicar la raíz, y está claro que no. Entonces con nuestro trabajo, nosotros como críticos ante eso, no teníamos la intención de hacer un trabajo de fusión, ni un trabajo de hermanamiento, ni de estas mierdas, porque eso ya está. Yo cantando flamenco clásico, ya haciendo eso, incorporo todos los adjetivos que me pueda colocar, flamenco latino, flamenco experimental, flamenco moderno, todo eso está si hago flamenco clásico, porque el flamenco en sí, ya tiene una mezcolanza, una heterodoxia brutal que hace que esos condimentos que estén ahí, y el resultado es el flamenco clásico. Nuestra forma de trabajar fue entonces de superposición, de terapia de choque, las cosas que veíamos que podían funcionar unas de las otras las juntábamos, y las que no, no las juntábamos, pero no intentábamos universalizar conceptos. Hablando de la etiqueta discográfica y sobre todo conceptual de lo que es la world music. Esa concepción de que todo es algo muy abierto, y todos los países de unen, y todos somos hermanos, no es así. Todos somos hermanos, porque todos tenemos nuestras diferencias y tensiones, y esa violencia que también nos diferencia en culturas, en formas de imaginarios sociales y políticos, también son muy interesantes.

Tampoco vale aquí el concepto de ‘universalizar’ sonidos…
No intentábamos universalizar desde lo musical. Es decir, hacer ritmos de cuatro por cuatro, ritmo universal, y pretender que todo lo que encaje en el cuatro por cuatro puede ir unido, pues no. Yo quería trabajar con esas imperfecciones de los ritmos de raíz de Colombia, que son ritmos rotos, bailables, pero muy imperfectos, sucios, las grabaciones con soplo, esa cosa que la tiene el flamenco también, que no se puede grabar con claqueta, ese vaivén de sensación, que es una cosa más de pulso, los instrumentos que no están mega afinados como si fueran música clásica. Hemos utilizado instrumentos rústicos, bandola llanera, instrumentos que son dificilísimos de afinar como lo entendemos en occidente, o desde el academicismo. Entonces todos esos elementos los utilizábamos, y no intentábamos universalizarlos. El mundo del pop a nivel global lo que hace es un paraguas para que el mundo se entienda, lo que hace es globalizar. Es una dictadura dentro de un entendimiento. La electrónica globalizó una forma de bailar, el reguetón que se vende hoy hoy se universaliza, entonces yo no soy partidario de universalizar las cosas, para nada, y sobre a través de esos grandes paraguas que se hacen para homogeneizar todo.

Con todo esto que mencionas de los clichés y los estereotipos alrededor de la música latina ¿Cómo crees que va a ser recibido este álbum?
No lo sé. Siempre que saco un disco tengo un interrogante grandísimo, uno por un lado es “a quien le puede interesar esto” y otro es que dependiendo del imaginario que pueda tener cualquier persona, un disco puede encajar de una manera u otra. También dependiendo del contexto social del momento. Yo creo que es un disco bastante rítmico y creo que va a ser un poco más amable que otros discos experimentales que he hecho, en ese sentido, estéticamente hablando. Tenemos que esperar, a ver que onda, a ver la gente cómo lo toma, lo que si sé es que tenemos muy poco conocimiento de las referencias que he utilizado en este disco, eso puede ser un handicap o una liberación. A ver la crítica cómo se lo toma, pero va a ser muy divertido para la prensa de occidente que todo se lo toman como una cumbia, cuando sabemos que no hay solo una.

“He conocido muchas músicas que me han alucinado por el contenido afro que tenían, y uno de los descubrimientos que hemos hecho tanto Eblis como yo es el contenido español que pueda tener la música de raíz colombiana”.

Sobre eso que mencionas de las miradas, el año pasado hiciste una presentación en Operación Triunfo donde aparecías con C. Tangana tocando un bolero llamado ‘Un veneno’. La primera impresión de esa actuación es que no se sabía si era de broma, o no. ¿Cuál fue el propósito de hacer esa canción?
Lo de C. Tangana es un bolero más o menos con una estructura del bolero clásico. A mí me gusta, aunque no tanto como a él. A Anton le gusta mucho el bolero. Hicimos esa canción pero sin ninguna intención. El bolero nos servía como punto de unión, no pensamos si estábamos cerca del bolero. Lo importante ahí no era tanto el estilo musical sino lo que queríamos contar, el contexto de la situación, y cómo lo queríamos contar.

Entonces, volviendo a “Colombiana”, ¿no está entre tus planes hacer reivindicaciones?
Podemos abrir un poco ventana y mostrar un poco la luz, para que veáis, que al flamenco no hay que meterle muchísimas cosas para que esté muy cerca de la música latina. Ya está de por si cerca. El ejercicio que yo hago es simplemente una cosa bastante cercana a lo que es la música y su devenir, de una forma radical, de la raíz, ya lo ves claramente, no ves un trabajo tan experimental, ves un trabajo que está claro, que es evidente. Tienes que hacer pocas vueltas para llegar a donde he llegado con disco de ‘Colombiana’. Hay que hacer muy pocas vueltas, hay que sumergirse y superar prejuicios, y entonces tener claro que la música colombiana de raíz de los años veinte y treinta está muy cerca del flamenco y viceversa, pero no porque yo sea un iluminado sino porque yo conozco el flamenco y Eblis conoce la música colombiana, y nos pusimos a trabajar. Es que no hace falta que yo tenga que cambiar un ritmo para amoldarme a ti, o que tu tengas que cambiar una voz para amoldarme a ti. No hay tanto ejercicio de desplazamiento como el que yo suelo hacer cuando trabajo con otros músicos.

En ese intercambio musical, desde lo instrumental y lo creativo, ¿cuál fue para ti el descubrimiento más importante?
He conocido muchas músicas que me han alucinado por el contenido afro que tenían, y uno de los descubrimientos que hemos hecho tanto Eblis como yo es el contenido español que pueda tener la música de raíz colombiana. Sobre todo por el tema del colonialismo o el tema de la apropiación. Cuando escuchábamos el disco, Eblis decía: “Ahora como explico yo que nosotros tenemos que ver con el flamenco o la música de España”. Incluso él me decía antes: “Españoles no, somos afro”. Pero claro cuando te pones a trabajar te das cuenta que por mucha mierda que haya tenido tu historia en tu país, eso deja toxicidades en tu piel, en tu cultura. Y no puedes negarlo. Es como si yo dijera que mi cultura no es católica, nosotros renegamos mucho del catolicismo, pero en el momento en que yo me pongo a escuchar música, a mí me va a emocionar más una pieza católica que una pieza hindú, porque me va a conectar con otras cosas. Estas obviedades que las tenemos pero que muchas veces por ideologías necesitamos apartarlas, en el proceso de trabajo iban saliendo. Ver el flamenco cuánto tiene de negro, de afro. En el flamenco se sigue apartando eso, y este es un ejemplo de cómo el flamenco puede estar al lado de ritmos afrolatinos, afrocolombianos, de una forma relajada sin tener que hacer malabarismos para encajarlo, y para que aquello pegue. Todo ese aprendizaje es maravilloso porque toda la gente que venía decía “waaahhh” es verdad que lo uno está cerca de lo otro.

Pero también te has dado cuenta que no es una relación tan armoniosa…
Esas violencias existen y a mí me interesan, esas violencias son m fructíferas. Esta armonía new age no es tan fructífera como si lo son estas tensiones violentas, de la diferenciación cultural, de las gentes de los territorios. El flamenco ha sido más permeable de aquello que se piensa, que las músicas folclóricas son herméticas y es todo lo contrario. La música folclórica colombiana es muy poco hermética, podemos encontrar toda la mescolanza de la que estamos hablando, y del flamenco ya ni te cuento. Es lo más bastardo que uno se puede encontrar de expresiones artísticas. Es mucho más hermético el jazz o la música clásica. Entonces claro son cosas que no son tan obvias, lo normal es hacer un disco como “Colombiana”, tendría que ser o más habitual si realmente sabemos escuchar lo que nos rodea, y lo que nos conecta. Repito no es que seamos todos iguales, lo que nos conectan son otras cosas, para conocer y reconocerlo hay que manchar y sumergir en todo eso, y bueno, ir surfeando en ese mar de prejuicios, de juicios, de diferenciaciones, que al final te llevan por unos derroteros, o por otros.

Después de “Colombiana”, ¿tus proyectos musicales van a ir por la misma búsqueda?
Depende de lo que quiera contar. Yo siempre, depende de cada disco y depende de lo que quiera contar, lo trabajo con un productor u otro. Si lo que quiero contar, lo tengo que trabajar con alguien de allí pues lo haré, pero ahora mismo no entra en mis planes, los siguientes proyectos que tengo en mente, no tienen que ver con nadie que esté allí .. por ahora. Mi universo musical ya es también esa música latina, ya pertenece a mí también, está en mi fuente, pertenece a mi código natural.

Además del trabajo de Eblis Álvarez y su entorno, ¿qué otras cosas conociste?
Me fui una tarde con el Jefe Musical de la Radio Nacional de Colombia, Jaime Monsalve, y con Eblis, a comprar vinilos. Fue un día maravilloso. Claro, ver qué cosas compraban era como si yo me los hubiese llevado a tiendas de cantaores de flamenco de los años veinte, no entendía nada, pero ellos dos me hablaban maravillas y me contaban un montón de cosas, más allá de la gente que vendía los discos que también nos contaba mucho. Entonces estuvimos un día escuchando cosas, me traje como unos treinta vinilos que aún no he escuchado. Ahora, a mí el bullerengue fue algo que me rompió la cabeza, el guarapo de Barranquilla, la Niña Emilia, Andrés Landero, y también muchas bandas de chicha.

AGENDA
FechaCiudadRecintoHoraPrecio
sábado 08/06/19MadridAuditorio Conde Duque / Madrid21:00Desde 13€
sábado 15/06/19SevillaCentro andaluz de arte contemporáneo21:3018€
De 19/07 hasta 27/07/19Cartagena (Murcia)Festival: LA MAR DE MÚSICAS