Activismo, historias íntimas y un prolongado viaje por la música popular entendida como elemento cultural para tender puentes y establecer vínculos de solidaridad confluyen en “Violética”, el álbum más coral de Nacho Vegas y el primero doble desde “Cajas de música difíciles de parar” (2003). Un disco que hunde sus raíces en la ternura y el amparo, para desbordarse a lo largo de sus 18 canciones en forma de irrenunciable compromiso.

El disco se abre con “El corazón helado”, poniendo música a uno de los poemas de los hermanos Aurelio y Manuel Caxigal, dos de los maquis más conocidos de los primeros años de la posguerra. ¿Se trataba de subrayar desde el principio una cierta idea de resistencia y combate?
Sí, la verdad es que siempre que secuencio un disco lo hago teniendo claro qué canción abre el álbum, cuál que lo cierra y alguna que está en el medio y que lo articula. El poema de los hermanos Caxigal tiene algo intimista, a la vez que relata cómo era la vida en el monte. Al principio podría ser un poema de Walden, pero luego acaba con una mención a la lucha antifranquista y a la resistencia. Combinaba esos dos aspectos y creo que era un buen tema para empezar. También tengo que confesar que antes, en el BIME del año pasado, fui específicamente a ver el concierto de Einstürzende Neubauten y recuerdo que empezaron con “The Garden”, que ya en el disco “Ende Neu” la introducen con un bajo muy brutal, pero en directo es aún más impresionante, muy distorsionado, así que cogí esa idea. Cuando empezamos los ensayos le dije a Luis [Rodríguez] que tenía que grabar dos bajos, tomando como referencia esa canción. El guiño está aquí, es la manera de abrir el disco en la parte formal.

“Sigo creyendo que el activismo es importante en política, mucho más que la política institucional”.

En el reciente “Cuaderno del paisaje” de Ramón Lluis Bande aparece precisamente una fotografía de los Caxigales perfectamente trajeados en el campo, como si estuvieran mandando un mensaje de dignidad frente al conformismo… ¿Es una imagen inspiradora, una manera de posicionarse?
Sí, de hecho el día 15 presentamos el álbum con un vídeo que hizo Ramón Lluis, con más fotos como esa: en el monte, con la familia, etc. La canción no es que fuera un encargo, pero presenté el libro en la Semana Negra de Gijón y al leerlo me di cuenta de que algunos de esos poemas realmente eran canciones, así que quise hacer una para la presentación. Luego ya lo fui repensando un poco mejor y la reelaboramos.

De hecho, en los apuntes de los hermanos Caxigal aparece con el título de “Canción”…
Es verdad, sí. Me pregunto si ellos la cantaban o no, porque si la llamas “canción” supongo que estaría destinada a ese fin, además de que tiene una métrica muy marcada.

¿Te daba cierto reparo que el disco pudiese tener esa sensación de “recopilatorio” de tu cancionero, como comenta Abraham Boba, que careciese de la homogeneidad que sí se percibía desde el principio en “Resituación” o, de otra manera, en “La zona sucia”?
Hubo más gente que me lo comentó, una amiga me decía lo mismo el otro día. En realidad siempre me apeteció hacer un disco conceptual, como los que hacían los Kinks en los 70, aunque no sé si es un buen referente, o como el álbum de Fabricio de André que cuenta la historia de un empleado. Pero al final no lo conseguí, porque las canciones surgen de forma muy desordenada y tienes que tener un plan para escribir algo verdaderamente unitario. Así que al final la unidad es algo que te va dando el hecho de que pertenecen a un mismo tiempo, nada más. En este caso, como hacía mucho que no grababa, y no sacaba un doble desde el “Cajas de música”, creo que el álbum necesitaba ser heterogéneo para existir. Si hubiese sido más homogéneo, probablemente hubiera sido excesivo hacerlo doble. Lo que me venía a decir Abraham es que era un recopilatorio de mi cancionero, pero a día de hoy. Cuando grabé “Resituación” y empecé a hacer entrevistas, hace cuatro años, no lo veía como lo hago ahora, cuesta tomar distancia. Te das cuenta con el paso de los años de cómo cambia la manera de entender las canciones, incluso las interpretaciones pueden ser diferentes.

En “Desborde” aparece una referencia a “Runrún” (de “Resituación”, 2014), con ese “nos quieren en soledad, nos tendrán en común”. ¿Qué queda de aquello a día de hoy? ¿te gusta esa vía de establecer conectores entre las canciones, que no se perciban como elementos aislados?
En realidad esa frase la incorpore a la letra de “Desborde” a última hora, pero es verdad que en su momento la tomé de un comunicado del Patio Maravillas. Con todo lo ocurrido últimamente en los movimientos sociales y esta montaña rusa de ilusión y desencanto, me apetecía ver qué sentido tenía ahora. Desde luego han pasado cosas, pero sigo creyendo que el activismo es importante en política, mucho más que la política institucional. Igual que es necesario también un activismo cultural, de manera que la cultura no sea solo algo estático, sino que se mueva y acompañe los procesos sociales. Creo que eso sigue vivo y en cierto sentido para mí “Runrún” y “Desborde” son dos canciones que se conectan, del mismo modo que la situación sociopolítica en 2014 y 2018, aunque es diferente, hay algo de base que persiste y en lo que tenemos que insistir.

Quizá por cercanía, esa idea de una marea que nos desborda, aunque no tenga nada que ver, me lleva a las movilizaciones del 8M. No sé si has buscado intencionadamente que sea tu disco más coral y el que muestra una mayor presencia de la mujer, y no sólo por las colaboraciones de Maria Rodés, Christina Rosenvinge o Cristina Martínez (El Columpio Asesino), sino por un espíritu más global…
El título del disco, el hecho de que el coro tenga una presencia importante, las colaboraciones y las voces, e incluso algunos puntos de vista en las canciones, hacen que aun siendo el disco de un hombre, y no pretendo ir de feminista, sí quería que tuviese una parte femenina. Lo que dices es cierto, aunque cuando ocurrió la movilización del 8M el álbum ya estaba en fase de mezclas. Muchos esperábamos algo grande, pero cuando ocurrió nos sorprendió, sobre todo a los hombres, y nos dimos cuenta de que si hay un eje movilizador hoy en día es el feminismo. En un momento en que la izquierda había perdido capacidad de movilización, de repente viene el feminismo, además con conciencia de clase, y recupera la calle. Hoy en día es el único movimiento con capacidad de desborde. Por eso digo que el 15M y las movilizaciones siempre son ciclos que acaban muriendo y dan lugar a otra cosa. Me da un poco rabia que la canción se pudiera asociar a otras historias, porque “desborde” es el sistema que se utiliza en las primarias de Podemos, con una corrección para favorecer a las mayorías a través de una fórmula matemática que introdujo Echenique. No quería que se asociara con esas mierdas, pero sí con todo eso que está vivo en la calle. El 8 de marzo lo viví en Gijón y fue brutal.

Haces en este álbum una versión del “Maldigo del alto cielo” de Violeta Parra, que aparece en un disco del que nos ha llegado sobre todo “Gracias a la vida”, muchas veces tan manoseada que en determinadas voces ha perdido su parte de amargura. Esta canción en cambio es un lamento desde el principio…
Es lo que pasa cuando determinadas composiciones se vuelven demasiado icónicas. Creo que fue el año pasado cuando se utilizó para una campaña publicitaria de seguros de vida. “Maldigo del alto cielo” es un poco el reverso de esa canción, y probablemente es la más desgarrada de las que escribió. Lo curioso es que empezó a componer muy tarde, ya que inició su labor como folklorista con treinta y tantos años. Por eso nos llega tan poco de ella, porque realmente tampoco tiene tantas canciones propias… Tenía esa voz tan extraña, que no era guapa o bonita normativamente hablando, sino un poco aguda; pero eso hacía que sus interpretaciones fueran únicas, con una forma de tocar la guitarra también un poco extraña. En cambio, casi todas las versiones que nos han llegado parece que le quitan esa parte desgarrada que tenía su interpretación.

No sé si en “Ser árbol” hay también una cierta inspiración por el Museo Violeta Parra en Santiago de Chile, donde hay árboles en los que se escuchan canciones al abrazarlos…
El otro día alguien me lo recordaba y cuando estuve allí me pareció muy bonito. Puede ser que lo tuviera en la cabeza, porque la canción la empece a escribir después, no lo sé. En realidad la idea es otra, la del árbol como algo que está más cerca del cielo de lo que podemos estar las personas, y que también se une con la tierra mucho más que las personas. Además del concepto de que un árbol siempre está rodeado de otros, en un bosque, y esa historia se puede interpretar de una forma intimista, como una historia de amor, pero también algo que apela a lo colectivo. Es lo que tenía en mente, pero es posible que los árboles de Violeta Parra también estuvieran un poco en el germen de la canción.

“Cualquier partido que consienta que un CIE siga abierto es un partido racista”.

En “Crimenes cantados” te refieres a los casos de Samba Martine y Mohamed Bouderbala, ambos fallecidos en Centros de Internamientos de Extranjeros. La muerte de este último tuvo lugar en Archidona hace solo unos meses, el 29 de diciembre de 2017. ¿Es una canción que incorporas a última hora?
Fue la última que escribí de las que finalmente están, pero en realidad no tenía claro que fuera a ir en el álbum. Estoy muy en contacto con la gente de la Plataforma por el Cierre de los CIEs, sobre todo de Valencia, y cuando estaba preparando “Violética” me contaron que querían hacer una campaña este año que incluyera música y otro tipo de lenguajes artísticos para visibilizar su trabajo. Hablando con Xavi Torregrosa, acababa de pasar esto de Archidona y se juntaron una serie de factores que hicieron que escribiera la canción pensando en la campaña de la plataforma, pero que además tuviera sentido dentro del disco.

El de los CIEs es un tema que se escapa generalmente de la agenda oficial…
Es un poco lo que trataba de expresar en la canción. Son una especie de agujeros negros dentro del Estado. Sabemos que se vulneran los derechos de la gente que está presa sin haber cometido ningún delito más allá de ser migrantes, y da mucha rabia porque el relato oficial es que son necesarios, incluso los publicitan. En la canción hago mención a esto porque el propio ministro del Interior anunció un nuevo centro con un vídeo en el que parecía que te ibas de vacaciones ahí a jugar al baloncesto y pasarlo estupendamente. Es una de las cosas perversas que tiene el sistema: tratar de normalizar algo tan terrible como es un racismo institucional de libro. Cualquier partido que consienta que un CIE siga abierto es un partido racista. Ahora se escandalizan por el supremacismo del presidente de Cataluña, que me la suda, pero el racismo es permitir que sigan abiertos los CIEs. Deberían pensar en ello antes de hablar de los demás.

El anterior disco doble que habías publicado es el “Cajas de música difíciles de parar” (2003). ¿Ves alguna similitud más allá del formato? ¿De alguna forma ha estado ahí como referencia?
Sí recordé como fue, también para no repetirlo… Las circunstancias eran muy diferentes y por suerte ahora hacemos las cosas con un poco más de cabeza. Aquello fue muy caótico, en un estado digamos de inconsciencia. Nos metimos a grabar 26 canciones en muy poco tiempo. Por ejemplo, colabora Jota y cuando vino llegaron 20 personas más y aquello se convirtió durante unos días en una especie de bacanal. No sé cómo acabé cantando… Me fijé en ese disco porque era doble y para mí tenía sentido que lo fuera, pero siempre lo vi cómo un álbum al que le sobran muchas cosas. Ha sido un referente en cuanto a estructura, pero también para no repetir aquellos errores. Era otro momento, fíjate que cinco años antes Andrés Calamaro había sacado “Honestidad brutal” y estaba en esa especie de fase de explosión e incontinencia creativa, pero entonces él vino con “El salmón”. Eso era ya insuperable, no había nada que hacer (risas).

“Nunca se me había ocurrido comparar a Nirvana con Houllebecq, pero en realidad creo que responden a lo mismo, a la necesidad de una época”.

Es que entonces incluso se llegó a plantear una posible colaboración con Calamaro, de la que después nunca más se supo…
Lo hablamos en algunas ocasiones, pero luego nos distanciamos un poco en algunas cosillas… Es verdad que quería que este disco fuese largo, pero tampoco excesivamente. De hecho intenté que en vinilo fuera doble, pero por cuestiones de calidad cada cara tenía que durar como mucho 20 minutos, así que al final es triple. Es un disco largo, pero pensado para que no resulte excesivo. Me da rabia eso que dice la gente de que es que ahora no tenemos tiempo para escuchar un disco completo. Es verdad que han cambiado los hábitos de escucha, y lo entiendo, pero no creo que se deba solo a que la gente tenga menos tiempo. Como excusa me parece un poco floja.

Al final quizá es síntoma de una cierta falta de compromiso, también a ese nivel…
Exactamente, es algo que esconde una postura bastante reaccionaria. Me lo decía Christina Rosenvinge cuando estaba en la fase de mezclas de “Un hombre rubio”. En esa época hablábamos mucho sobre el orden de las canciones y sí me hizo ese comentario de que la gente ya no escucha el disco entero. Me pareció que al final es una excusa perfecta para decir “no soy yo, son los demás”…

Es curioso porque en la época del “Cajas de música” el folk también aparecía en determinados momentos, aunque fuera de otra manera, pero en general hablábamos más de rock y de canción de autor en términos anglosajones, de Bob Dylan, Nick Drake, etc. ¿Has ido abriendo el foco para llegar a lo popular en un sentido más amplio?
Desde luego hay mucha música y la vida es muy corta, así que siempre habrá cosas por escuchar. Esa influencia más anglo que estaba en “Cajas de música” sigue estando presente, todos esos grupos que escuchaba cuando era más guaje, como Spacemen 3, los primeros The Jesus And Mary Chain y el rock más cósmico. Pero al final son influencias bastante normales. Comparo por ejemplo la obra de Dylan con la de Violeta Parra o José Alfredo Jiménez y no es tan diferente. Sí que es un poco falso todo esto del rock’n’roll como algo asociado al hedonismo o a una cierta actitud punk. En Estados Unidos los cantantes de country eran bastante más punkies, mientras que el rock simplemente era más glamouroso. Para mí el rock es una parte de la música popular, del mismo modo que lo es el folk, y luego confluyen de una manera natural. Es lo que intento en los discos gracias a los músicos que me acompañan, y en ese sentido sí es verdad que una diferencia importante respecto a “Cajas de música” es que entonces era una banda inexperta. También está Abraham [Boba], que es un autor al que admiro mucho y con el que suelo hablar de esta parte del oficio de escribir canciones. Él al principio no se veía en el disco, porque no confía demasiado en sí mismo como músico. Para mí es un gran autor y precisamente por eso también un gran músico que sabe leer las canciones, de manera que nunca se exhibe en ellas, sino que sabe lo que necesita cada una de ellas. Normalmente, cuando tocas con muchos pianistas te dan ganas de cortarles cuatro dedos, en cambio eso con Abraham no pasa.

En “Cajas de música” citabas un verso de Michel Houllebecq, e incluso en “Etcétera” cantabas también aquello de que se instalaba el terror. ¿Te sigue interesando como autor?
Sí, de hecho he seguido leyendo lo que ha publicado. Las poesías me parecen interesantes, aunque creo que las novelas han ido perdiendo fuerza. “Sumisión” me parece más floja que “La posibilidad de una isla”, pero me quedo con lo que me impactó de sus dos primeras novelas, y más ahora que se cumplen 50 años del mayo del 68. Creo que en realidad es una persona tremendamente reaccionaria, pero de izquierdas, denunciando todo aquello en lo que se convirtió mayo del 68. Era necesario que saliera alguien en los 90 que alzara la voz de esa manera y que lo hiciera como se hacía en aquella época, desde la amargura, igual que Nirvana cantaba al nihilismo. Era una forma de protestar que parece poco propositiva y con una visión que puede resultar excesivamente pesimista, pero supongo que no había un horizonte de cambio cercano y tenía que ser así. Nunca se me había ocurrido comparar a Nirvana con Houllebecq, pero en realidad creo que responden a lo mismo, a la necesidad de una época. Los dos se convirtieron luego en grandes estrellas, aunque Kurt Cobain decidió suicidarse y Houllebecq prefirió seguir siendo una estrella y escribir todavía de forma brillante.

“Ahora sí creo que Ciudadanos puede haber llegado para quedarse, es lo que más miedo me da, por eso es el enemigo primario”.

Hace poco comentaba que en realidad no había nada que celebrar en este 50 aniversario de mayo del 68. ¿No tienes la sensación de que nos estamos quedando solo con la parte más superficial de todo aquello, centrándonos en Francia y dejando de lado los movimientos que también se dieron en otros países?
Sí, hay mucho de cosmético en esa consigna de “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Pero sí me parece que hay que recordar mayo del 68, porque fue un momento en que parecía que se podía cambiar el mundo, aunque luego no se hiciera. Hay que saber por qué fue así. Es lo que tú dices, que ocurrió en bastantes más países. El otro día leía una crónica sobre lo que pasó en esa época en Alemania con Los Verdes, que entraron en el Parlamento como un elefante en una cacharrería; el que luego fue ministro del Interior rompió con la tónica del traje y la vestimenta formal, proponiendo un ecologismo anticicapitalista, para al final acabar planteando un capitalismo verde y ser uno de los partidos que apoyó la invasión de la OTAN en Yugoslavia, con bombardeos que causaron miles de víctimas inocentes y siendo corresponsables de muchas cosas que se supone que ellos venían a cambiar. Trazando una línea desde mayo del 68 al clima creado tras el 15M, cuando parecía que se abría un horizonte de cambio, ahora estamos de nuevo en ese impasse en el que no sabemos si todo eso no fue también un engaño. Es bueno volver atrás y verlo con perspectiva para descubrir por qué fracaso. Cuando es un objetivo, creo que la ‘real politik’, la política institucional, siempre acaba convirtiéndose en un agente más del sistema, más o menos reformista. Es en el activismo donde está la verdadera política transformadora y la que no debemos olvidar. Por eso un partido como la CUP, al margen de que pueda tener más o menos afinidad ideológica, aunque en este caso sí que la tengo, dentro de los que han entrado en las instituciones me merece mucho más respeto que otras formaciones, porque es un partido que viene de una tradición de activismo, de calle, de centros autogestionados… La institucional es solo una parte de su actividad. Existen y seguirán existiendo fuera de las instituciones y eso es algo que no se ve en cualquiera de estos partidos que se llaman del cambio, donde ves gente queriendo asaltar los cielos para al final asaltar las instituciones y convertirse en un agente reformista más. Si no fuera porque se mantiene la ilusión y quedan esperanzas en el municipalismo, creo que el desencanto sería mayor. Por eso es algo con lo que hay que tener un poco de cuidado. En Madrid, por ejemplo, siento cierta decepción con lo que ha ocurrido, porque Ahora Madrid es una formación política que surgió de una manera muy bonita y muy democrática, con la participación de muchísimos agentes sociales, pero una vez que Manuela Carmena llegó a la Alcaldía hizo lo que le dio la gana y ahora no quiere contar con esa gente que la llevó ahí. La democracia a la interna se olvida enseguida cuando tocas poder.

De todas formas, estamos en un momento en que los momentos se consumen de manera sorprendentemente rápida. Pienso por ejemplo en “Mi novio es bobo”, de “Canciones populistas” (2015), donde hablabas de UPYD, que ahora prácticamente no existe, y de Toni Cantó, que dejó el partido para pasarse a Ciudadanos…
Bueno, ahora sí creo que Ciudadanos puede haber llegado para quedarse, es lo que más miedo me da, por eso es el enemigo primario. Tienen la fuerza de la financiación del Ibex-35 y de haber ganado en Cataluña, además de verse reflejados por lo que ha pasado en Francia con Macron, asumiendo el mismo régimen neoliberal en el que llevamos 30 años, pero con una cara un poco nueva y un discurso en realidad mucho más duro, con tintes xenófobos bastante claros. Antes creía que el bipartidismo, con todo lo que ocurrió el 15M y el nacimiento de Podemos y las fuerzas del municipalismo, era el objetivo, y que con que una pata se cayera, como el PSOE, el resto iría en caída libre, pero de repente apareció Ciudadanos y nos jodió todo el invento. Ha canalizado todo el voto de la derecha y de mucha gente que no tiene un discurso político verdaderamente formado.

A un año de las municipales, y después de haber formado parte de la candidatura de Podemos en Movimiento en Vistalegre II, ¿te planteas un salto a la política de manera más directa?
No. No tengo miedo a asociar mi trabajo al compromiso político, hace tiempo que lo vengo haciendo, pero sí creo que puedo ser de más ayuda estando fuera, sobre todo porque cuando me he asomado dentro he visto mucha locura y mucha gente absorbida por el partido. Por mucho que los líderes de Podemos repitan que hay que recuperar la calle, ellos no han hecho absolutamente nada por hacerlo. Lo ha hecho el feminismo y también las manifestaciones de los jubilados. Es a la calle adonde más pertenece la cultura y es donde creo que mejor puedo ayudar, si es que puedo aportar algo.

En “Ideología” hablas de consumismo y de la “marca Dios”. ¿Hay ideología en la religión?
Bueno, creo que las religiones han existido siempre, siendo parte importante para la vida de muchas personas, con aspectos que han podido escapar de las garras del mercado. Es curioso observar cómo la religión, que es algo tan poderoso, está tan poco mercantilizada y ha escapado de la ideología hegemónica consumista. Pero es que hoy en día los nuevos dioses son el consumismo, la vuelta al individualismo y la creencia de que nuestra capacidad electiva es lo que nos define. Hacía más referencia a esos nuevos dioses que al dios de cualquier religión, que es algo que yo, aunque no soy creyente, respeto.

¿Entiendes que hay una censura de la infelicidad?
Sí, eso lo saben muy bien todas las grandes empresas, con discursos en los que hablan de imaginación, creatividad y conceptos que apelan a la gente para que esté activa y continuamente haciendo cosas y satisfecha consigo misma, como si la vida fuera un parque de atracciones en el que siempre tienes algo a lo que subirte y no pudieras estar tranquilamente en casa, ocupándote de tus problemas y a lo mejor también de los problemas de la gente que tienes al lado. Son tácticas de desmovilización. Por eso insisto mucho, y muchos compañeros de izquierda me acusan de ser excesivamente reaccionario con esto, en que hay que ser miope para no ver la cantidad de derrotas que nos han infligido y la cantidad de maneras en que nos han desmovilizado. Hay gente que sigue insistiendo en que hay que hablar de clase obrera, pero primero tendremos que ver cómo reconstruimos y reconfiguramos la lucha, reconociendo que hemos perdido. Se trata de desconectarnos y hacernos olvidar que nos necesitamos mutuamente, creando esos lazos colectivos que son los que al final empoderan a una sociedad y hacen que merezca la pena vivir.

“Que existan cadenas de ropa y de comida basura que tienen malas praxis es precisamente parte del sistema contra el que muchos intentamos luchar, pero claro, hay que hacerlo formando parte de él”.

En una entrevista que publicaba “El Mundo” hace unos días, C. Tangana decía al hablar del capitalismo que deberíamos dejar de engañarnos, que no valía estar viendo “Salvados” todo el día y luego comprar en Inditex y McDonalds…
Claro que es difícil sustraerse a todo eso cuando vives en un sistema capitalista, a no ser que te conviertas en eremita. Pero estoy un poco en contra de ese discurso culpabilizador. Si comprar en El Corte Inglés te hace cómplice del trabajo infantil, acabas en una espiral en la que eres cómplice de cualquier crimen que se cometa y no tienes derecho a protestar por él, por tanto no vamos a hacer nada y no vamos a cambiar las cosas. Cada uno tiene la capacidad personal de tomar decisiones, como no comprar en tal o cual sitio o no ir a una cafetería porque sabes que el dueño trata mal a los empleados, pero también está el compromiso que exige acciones colectivas y que realmente es el que tiene más capacidad de transformación. Que existan cadenas de ropa y de comida basura que tienen malas praxis es precisamente parte del sistema contra el que muchos intentamos luchar, pero claro, hay que hacerlo formando parte de él.

Vuelvo al disco. En “El Negrón” aparece ese túnel que separa León de Asturias y que al cruzarlo parece que te mete en el invierno, aunque luego pueda brillar el sol. ¿Estás hablando solo de eso o es una metáfora de algo más?
Un poco las dos cosas. Incluso al final del Negrón también puede haber luz. Creo que todas las canciones, incluso las más pesimistas, que no es este caso, tienen que tener algo, aunque sea un verso, una palabra, una grieta por la que se cuele algo de luz, porque si no tendría una sensación demasiado claustrofóbica.

Igual que empiezas con el poema de los Caxigal, casi al final aparece otra figura muy importante en el movimiento antifascista en Asturias, la de Aída de la Fuente. Para mí casi es el verdadero cierre de “Violética”, mientras que “A ver la ballena” la encajo más como una coda, un epílogo. ¿Era una manera de cerrar el círculo?
Son canciones que están conectadas por temática, porque Aída fue un icono de la revolución del 34 y todo eso conecta con la resistencia en los montes al final de la guerra. Están conectadas incluso armónicamente, aunque “Aída” parte de la versión de Xana. Cogí esa historia, que es muy cantada en Asturias, por ejemplo por Nuberu y Víctor Manuel, y añadí la parte de su muerte, gritando ‘comunista y libertaria’, que enlaza con el principio del disco y esa mezcla de lo tradicional con su actualización. También me interesa escribir canciones de una manera en que la autoría está un poco diluida, porque en “El corazón helado” la música es mía, pero la letra es de los hermanos Caxigal, y en el caso de “Aída” es un proceso de adaptación. Es una de las cosas que me gustan de la música tradicional, porque ves cómo las canciones se van reescribiendo con el tiempo, pasando por muchas manos y muchos oídos… [unos segundos de silencio] No se me había ocurrido eso de que “Aída” cerrara el disco y que “A ver la ballena” fuese una coda. Una coda demasiado larga, ¿no?

Bueno, también es que “A ver la ballena” tiene un cierto punto de cuerpo extraño, incluso por el desajuste temporal que hay en la canción, situando en 1984 un suceso que en realidad tuvo lugar en Gijón el 12 de octubre de 1895. ¿Por qué ese salto en el tiempo?
Quería actualizarla un poco, llevarla a la época en la que yo era un crío, porque recuerdo que entonces también apareció un ballenato, aunque sin la importancia de aquella noticia que dio lugar a que durante buena parte del siglo XX lo de “a ver la ballena” fuese una expresión que se utilizaba mucho. Cuando estábamos grabando curiosamente apareció una ballena de las mismas dimensiones en la playa de Ribadesella. La gente ahora se hacía selfies.

Buscando alguna razón para ese salto pensaba también en que 1984 fue el año en que empezaron las grandes movilizaciones en el sector naval. ¿Te interesaba situar el relato precisamente en ese momento?
Sí, para mí es una época muy importante, porque Gijón era una ciudad muy diferente. Las luchas obreras habían salido a la calle y formaban parte de la vida diaria de cualquier ciudadano. Era un momento bastante duro, pero a la vez bonito, porque había una implicación vecinal muy importante. Yo viví luego la parte en que esa lucha se fue agotando porque acabaron minándolos, derrota tras derrota. Incluso es algo que está conectado a nivel cultural, porque en la Casa Sindical, donde los obreros se reunían antes de las movilizaciones, había muchos conciertos, grupos de hardcore, los indies que empezaban entonces… Aquello también acabó desapareciendo, aunque ahora están intentando recuperarla. Situar la canción en esa época también tiene que ver con el hecho de que son unos años sobre los que me gustaría escribir un poco más y recuperar algo que tengo perdido en la memoria. Se ha hablado de cómo era el Gijón de entonces, pero hay que construir un relato de lo que ocurrió, de cómo en cuestión de 10 ó 15 años el Natahoyo se convirtió en un barrio completamente diferente, totalmente desmovilizado y con una especie de vacío dentro.

AGENDA
FechaCiudadRecintoHoraPrecio
viernes 15/06/18MurciaAuditorio Victor Villegas21:30Desde 22€
miércoles 20/06/18BarcelonaRazzmatazz 121:0022€
jueves 21/06/18ValenciaPalau de la Música de Valencia21:00Desde 22€
viernes 22/06/18MadridLa Riviera21:0022€