"Me siento alejado del profesionalismo musical"
Entrevistas / Alberto Montero

"Me siento alejado del profesionalismo musical"

Jorge Ramos — 18-10-2013
Fotógrafo — Patricia Gázquez

"Puerto Príncipe" (B-Core, 13) supone la tercera referencia discográfica de Alberto Montero, uno de esos extraños casos de artista francotirador, que demanda escuchas sin prisa, alejado de los grandes titulares, pero merecedor de una mayor repercusión.

Alberto Montero habita los territorios del artista autoconsciente y minucioso que a su vez aspira a no entregar trabajos sobreintelectualizados. “Puerto Príncipe”, su nuevo álbum, tercero en su haber y primero para el sello barcelonés B-Core, respira, evoca, abre caminos a diversas influencias geotemporales y logra dibujar esa belleza misteriosa que sólo se encuentra en aquello que escapa al control total o la explicación plena. Partiendo del pop con base folk pero esquinando la estructura y el tratamiento de las canciones (“Mis bases son muy pop: The Beatles, Love, Beach Boys o Neil Young; pero a la hora del enfoque me gusta tamizarlo con algo más vanguardista como Robert Wyatt o influencias más de música clásica, como compositores franceses de finales del XIX"), “Puerto Príncipe” busca más aperturas, da un paso adelante respecto a su antecesor (“Claroscuro”, Greyhead Records, 11) y se posiciona como uno de los títulos más interesantes de la producción nacional de 2013. “No creo que 'Puerto Príncipe' sea ningún cambio radical respecto a 'Claroscuro', pero sí que se aleja en muchos momentos del concepto de disco folk. Puedes encontrar otro tipo de argumentos más pop, rock e incluso música más bailable”.

Valenciano de nacimiento pero plenamente asentado en Barcelona desde hace varios años, en cierta manera, Alberto Montero es autor de música muy 'geográfica', visitante de diversos lugares y hasta épocas, pero siempre con un definitivo, aunque inefable, componente mediterráneo. “El carácter mediterráneo supongo que es involuntario y viene de serie, ya que ni siquiera tengo claro de qué se trata exactamente. Quizás en una búsqueda de representación de la belleza, más que a una idea más expresionista o pesada del arte. A pesar de la melancolía que se encuentra en mi música creo que hay una base de celebración de la belleza que la hace más accesible”. El trabajo consciente pero la falta de control total sobre la obra sobrevuela el proceso de creación de “Puerto Príncipe”. “Cuando empiezo un nuevo proyecto pienso en mil conceptos o ideas, pero después van surgiendo canciones de forma esporádica y yo termino amoldándome a lo que va saliendo. Después, analizando el proceso, me voy dando cuenta de lo que ha ido pasando. Una especie de psicoanálisis musical. En este caso inconsciente o casi inconscientemente busqué un disco que fuera más fácil y divertido de defender en directo, 'Claroscuro' se me hacia cuesta arriba a veces”. Montero maneja numerosos referentes, pero uno de los más acusados es la influencia de la música popular latinoamericana, esa que no se desliga de lo social. “Mi mujer es chilena y yo me siento muy vinculado a Chile. Eso me ha permitido conocer mucha música de allí y conocer distintos enfoques. Por ejemplo, por lo que conozco, en Sudamérica la música popular está muy vinculada con lo social. Por eso, no es raro que músicos como Gepe o Javiera Mena pasen del intimismo folk al techno-pop o incluso reaggetón con soltura. Pensar que todo tiene su espacio es algo, por lo general, aceptado en la sociedad chilena o latinoamericana. En Chile nadie se imagina una celebración de Año Nuevo sin bailar cumbia, incluso el más fiel seguidor de Sonic Youth. Eso se ha perdido en España. La música independiente no tiene una repercusión social muy alta, todo se trata como compartimentos estanco y la cultura se utiliza como arma arrojadiza. Si la tienes puedes ser tratado de freak y si no la tienes, de garrulo, pero todo se penaliza en determinados contextos”. Quizá sea el momento de que el músico valenciano no se vea penalizado por la apisonadora de la actualidad y el consumo inmediato y pueda dejar atrás su estatus de músico de culto. “Siempre me he sentido bastante alejado del profesionalismo musical, pero mi narcisismo me empuja a desear mayor reconocimiento. B-Core me ofrece un espacio intermedio, donde se trabaja duro para llegar a ciertos espacios a los que es difícil llegar por ti solo, pero trabajando con calidad humana y armonizando los intereses de cada uno”.


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