“Me gusta trabajar moviéndome entre la realidad y la fantasía”
Entrevistas / Gruff Rhys

“Me gusta trabajar moviéndome entre la realidad y la fantasía”

Oriol Rodríguez — 12-12-2014
Fotógrafo — Archivo

Cuatro años después de su primera incursión en el mundo del séptimo arte con “Separado!”, el líder de Super Furry Animals, Gruff Rhys, una de las figuras más singularmente creativas que ha ofrecido el pop británico, retorna al celuloide con “American Interior”. El segundo largometraje del galés reconstruye la epopeya por Estados Unidos de su antepasado John Evans , aventura que también ha transformado en disco, libro e incluso app. Un entrañable ejercicio cinematográfico impregnado de ese surrealismo sideral que siempre le ha caracterizado, con el que Rhys conquistó el premio al mejor documental de la ultima edición del festival In-Edit.

¿Quién fue John Evans?

La suya es una historia muy dramática e inverosímil: un humilde campesino galés que en 1792 decidió ir a América en busca de una tribu perdida que descendía de un mitológico príncipe llamado Madog. Una tribu que supuestamente habitaba en las grandes llanuras de América y, los más increíble, ¡hablaba galés! Siendo yo descendiente de su tío, el hermano de su madre, su historia era algo que me explicaban constantemente en casa cuando era un niño. Por aquel entonces no era capaz de dilucidar si aquella historia era totalmente cierta o, con el paso de los años, había adquirido tintes más propios de las leyendas.

La del principe Madog sí que es una leyenda medieval que recuperó Iolo Morganwg, otro personaje curioso.

Morganwg vivió entre finales del sigo XVIII e inicios del XIX, la era de las revoluciones en Francia y Estados Unidos. Fue un poeta radical adicto al opio. Defendía que los galeses, cuya cultura e idioma habían sido reprimidos por los ingleses, debían emigrar a Estados Unidos, unirse a la tribu perdida de los Madog e iniciar un nuevo País de Gales mucho más igualitario.

Y queriendo saber qué había de cierto y qué de mito en todo aquello, un día decidiste seguir los pasos de John Evans y, por consiguiente, los de Madog.
Cuanto más giraba por Estados Unidos más pensaba que sería una buena idea. Hasta que en 2011 persuadí a Eric, mi promotor en Estados Unidos, para que me ayudara a organizar el viaje. En 2012 ya estaba metido de pleno en la aventura.

Epopeya que iniciaste en Sevilla.
Sí. En 1793 John Evans estaba en la pequeña ciudad de New Madrid. Fue ahí donde cruzó al lado oeste del río Mississippi. Como por aquel entonces aquellos eran territorios de dominio español, John Evans se convirtió en súbdito español y pasó a llamarse Don Juan Evans. Cuando murió en Nueva Orleans en 1799, toda su documentación y escritos fueron salvaguardados por los españoles y posteriormente enviados al Archivo de Indias de Sevilla, donde todavía permanecen.

Ciertamente, todo muy inverosímil.
Me encanta la idea de que “American Interior” pueda ser percibida como una ficción. Me gusta trabajar moviéndome entre la realidad y la fantasía. De hecho, John Evans estaba siguiendo el viaje de un príncipe ficticio, lo que hizo de su propia historia algo tan extraño que parece irreal.

Evans, Madog… dos mitos, algo muy propio del rock.
Madog era un mito, pero lo de Evans fue muy real. Al mismo tiempo, es cierto que la vida de Evans tiene mucho de músico de rock convertido en mito: murió a los 29 en Nueva Orleans tras estar girando sin parar durante siete años. La creación de mitos es uno de los cimientos de la cultura popular.

“American Interior” no es tu primera película, cuatro años atrás viajaste a la Patagonia para conocer a tu tío René Griffiths. Otro historia que roza lo irreal que capturaste en el documental “Separado!”
Como en la gran mayoría de familias, buena parte de mis parientes llevan una vida muy normal, tranquila y modesta. Pero siempre acaba surgiendo alguien que destaca por sus locuras. En ambos casos, mi objetivo era verificar estas historias y ver lo que era real y lo que era ficción. Estos viajes han sido aventuras extremas para mí. Creo que sólo el tiempo dirá cómo procesar y aprender de estas experiencias.

“Separado!”, “American Interior”… ¿Vas a completar la trilogía?
Tengo algunas ideas en mente. Siempre concebí esta aventura como una trilogía de cuentos familiares. Pero dicen que las mejores ideas son aquellas que no explicas a nadie hasta que las materializas.

Más allá del documental, la aventura de “American Interior” se completa con disco, un libro y una aplicación.

La película es la forma más fácil de digerir toda la historia en 90 minutos. El álbum cuenta la historia de una manera sutil y emocional. El libro era una forma de poder relatar todo al detalle. La aplicación cuenta el viaje de una manera más geográfica, siguiendo un mapa y tratando de encontrar mensajes escondidos.

En lo estrictamente musical, ¿escribiste las canciones durante el viaje o una vez ya habías medio asimilado toda la aventura?
Es una mezcla de todo. Alrededor de un tercio del disco lo compuse antes de la gira, otro tercio mientras viajaba y el último tercio cuando volví a casa. Empecé la producción durante la gira, grabando 9 temas en el estudio de Mike Mogis (músico y productor conocido por haber trabajado con la mayoría de las bandas del sello Saddle Creek, -ndr.) en Omaha, y lo terminé en Bristol con la ayuda del productor Ali Chant. Las canciones que grabé al regresar a casa tal vez tienen un aire, quizá por ser plenamente consciente de lo dura que había sido la vida de John Evans.

Aunque, por la historia que lo modela, puede resultar una obviedad, el disco tiene un sonido muy americano.
Kliph Scurlock de The Flaming Lips grabó las baterías, y su estilo y sonido me remite a los parajes por los que viajé. La verdad es que estaba preocupado por hacer un álbum demasiado americano, lo cual sería ridículo si tenemos en cuenta que soy europeo. Fue por eso que, para contrarrestar y equilibrar el lado americano del disco, me aseguré de añadir algunas texturas más sintéticas, más europeas. Eso y que, Maggie Bjorklund, la mejor guitarrista de pedal steel de Europa, colaboró en dos temas.

¿Alguna vez te has sentido como John Evans, una especie de Don Quijote en busca de algo que no sabes si existe?
Tal vez en el hecho de que siempre estoy en busca de El Dorado de la canción. No me rindo en el empeño de intentar escribir la canción definitiva.

Si quieres ver el documental ““American Interior”” de Gruff Rhys:  lo puedes hacer en este mismo link del Festival In-Edit

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