“Necesito ablandarme un poco y no ser tan chula”
Entrevistas / La Zowi

“Necesito ablandarme un poco y no ser tan chula”

Yeray S. Iborra — 27-02-2020

Tenemos memoria de pescado. De pescado enganchado a Instagram. Por ello, La Zowi ha hecho de su segunda mixtape, “Élite” (La Vendición, 20) un recorrido por su ascenso en el trap game. Un camino lleno de reggaeton de bajos gordos y electrónica oscura y asfixiante que puede virar hacia otras latitudes en breve.

La Wikipedia trap todavía va en pijama. Es fácil olvidar de dónde surgen algunos de los artistas más radiados en los últimos años en la escena. Tanto es así que La Zowi ha hecho de su segunda mixtape medicina contra la amnesia. “Élite” reivindica su camino en el mundo de la música, pasado a lenguaje trap (de fulana a boss), pero reflejo al fin y al cabo de un ascenso meteórico en el trap game. Una carrera de poco menos de un lustro llena de reggaeton de bajos gordos, electrónica oscura y asfixiante y postulados feministas muy propios.

Pese a que el disco sigue bebiendo de sus habituales, en las colaboradores (Zora Jones o Mark Luva) y en los beats (trap crudo y percutido, reggaeton desdibujado), puede que su mensaje y sonido se abran en no mucho tiempo para reflejar mejor su nueva realidad. “Nunca he hecho canciones sentimentales o así y voy a tener que tirar de eso para no dejar de ser real. No digo que no vaya a hacer más trap, pero una no puede desvincularse en parte del barrio y seguir haciendo lo mismo. Si no, quítate de la música”.

Lo conseguiste. Como dice la mixtape, ya estás “full time”.
La anterior mixtape ha dado bastante de sí. Si miro para atrás, todo ha evolucionado mucho…

¿Suma o resta, esto de dedicarse profesionalmente a la música?
He notado que hace cuatro años sacaba un tema y tiraba seis meses con él. La escena no estaba tan creada. Me he caracterizado por hacer poco material pero contundente. Sacaba un tema y hacía ruido porque sí, pero ahora tengo que currar más. Como artista, siempre lo he hecho todo por intuición, sin currármelo mucho mucho, todo natural y sin estrategia. Pero un día te das cuenta que no sirve sólo hacer lo que a una le apetezca cuando le apetezca. Aunque quede claro que yo sigo totalmente independiente, sacando mi música con mi sello y la agencia de booking también es de La Vendición Records. No he firmado con una multi. Si yo digo ‘no me apetece hacer nada’, puedo. No le he pedido ningún crédito a nadie. Eso me da tranquilidad. Estoy subiendo, pero esto sigue en familia. No estoy en ningún fregao. Ser independiente hace que puedas seguir teniendo la sensación de estar en casa.

¿El precio a pagar para la independencia es más autoexplotación?
No tener un equipo tan involucrado, porque nadie se juega el dinero, hace que sientas que, como cuando estudias por tu cuenta, si te saltas un deadline… Todo depende de ti. De repente eres tú la que se pone los límites y ahí se te puede ir de las manos. Cada vez tengo más exposición y eso no te inmuniza de la autoexplotación. Pero sí que lo que cura es que yo gano para mí, yo hago lo mío. Y eso es guay en el mundo en que vivimos. Al final no queremos hipotecas ni deberle nada a nadie. La exposición sigue siendo jodida a veces y nadie te asegura una estrategia. Vas probando según tu criterio.

Haces en la tape una reivindicación muy clara del camino. ¿Cómo ha sido ese camino? Más allá del trap game
Soy artista, pero tengo un punto que me gusta el dinero y pienso en él. Ser tan free a veces te puede quitar carisma. Y una vive de ser real. Si una quiere dinero y fama, acaba firmando. Si te gusta el dinero y no firmas, a veces caes. Pero estoy bien rodeada. Con unos miles de euros todo el mundo tiene debilidad. Yo he visto como a colegas míos les está funcionando mejor que a los que han firmado. Sin querer, La Zowi que soy ahora sobrepasó a una posible Zowi comercial. A día de hoy podría darle una vuelta a mi carrera, pero lo que gusta de mí es que soy real. Hace tres años podría haber funcionado, pero ahora ya no. Ya soy demasiado contundente. Y a día de hoy tengo bastante claro que aunque me guste el dinero, siempre he sido pobre y pensar en una casa o un coche es mucho más de lo que he esperado en mi infancia y adolescencia, no es una falta de ambición, sino de elección de vida: nunca quise llegar al punto de no poder salir de casa. Conocer a una persona que no tenga nada que ver con el trap y hacer otra vida, ya lo tengo jodido. Pero sigo con mi manera de funcionar. Mi modelo a seguir no es el de Rihanna, Rosalía o Bad Gyal, esa no es mi meta.

¿Qué expectativas tenías en la adolescencia?
Mi padre es artista, guitarrista de flamenco. Cuando vivíamos en París controlaba de la escena; como nosotros la escena del trap ahora, pues él del flamenco. Y he estado con todos los grandes. Mi madre es una amante de la literatura. Una familia no muy estructurada, aunque las hay más chungas. Pero por mucho que sea artista tengo una parte de mi cabeza cuadrada y materialista. Siempre dije que no haría nada como esto de la música, que sería abogada. Tenía esa parte estricta de ganar pasta con un curro normal. Me imaginaba como una ejecutiva. Hasta tarde, hasta que no vi números, y mis colegas no me dijeron que se podía, hasta “La playita”, no era capaz de calcular qué significaban cincuenta mil visitas en un día. No entendía. Hasta que no fui viendo que tenía algo… Puse esa parte de empresaria, pero acepté mi parte artística. Y vi que podía hacer dinero con mi arte y me pareció guay.

“Hay una parte de mí que tiene ganas de hacer cosas diferentes, abrirme a cosas que no sean el trap, el vacileo, porque me voy a quedar sin recursos”

Y esa paradoja típica del hip hop de querer dinero y acabar olvidando el discurso de clase… ¿Te puede pasar?
Aunque no lo he hecho muy queriendo, al ordenar los temas de la mixtape me di cuenta que ahí estaba la escala del trap. De “Fulana” a “Boss”. De pobre a rica. Y ahora mismo me está pasando que al final mis canciones lo que más importancia tiene es la chulería, hablar de dinero, de no haber participado del sistema. Lo del hip hop, de mostrar que tienes dinero de vender droga, es una manera de revolucionar. De decir: “No solo van a tener dinero los hijos de puta con corbata. Si se trata de ser cabrones, podemos ganar todos”. No sólo el modelo que nos inculcan que dan dinero. Pero me veo en la situación que estoy cada vez menos en el trap. Voy ganando dinero, me he hecho mi familia, mi vida. Y cada vez tengo más medios, como dices, he subido en la clase social, aunque me de asco hablar de clases sociales, pero lamentablemente las hay. Hay una parte de mí que tiene ganas de hacer cosas diferentes, abrirme a cosas que no sean el trap, el vacileo, porque me voy a quedar sin recursos. Sinceramente.

¿Tipo?
Nunca he hecho canciones sentimentales o así y voy a tener que tirar de eso para no dejar de ser real. No digo que no vaya a hacer más trap, claro que sí, pero una no puede desvincularse del barrio o la calle y gente que lo ha pasado mal y seguir haciendo la misma música. Si no, quítate de la música. Hay una paradoja que se soluciona demostrando que se puede hablar de otras cosas, no llevar quince años hablando de vacileo si uno lleva diez viviendo bien. O sino, también se puede seguir cerca del barrio, cuidando a la gente, compartiendo lo que uno gana, creando trabajo y abriendo puertas. Esa es una manera de seguir siendo underground. Para no vivir en la contradicción.

El ascenso que comentas en el trap game también ha mostrado en tu carrera un empoderamiento que es ejemplar para unos y poco canónico para otros.
No lo había visto de ese punto, pero la verdad que sí.

Es curioso que para unos cosifiques y para otros seas ejemplo feminista.
Es muy paradójico. Muchas veces me siento un icono del feminismo en España, muy sinceramente. Y a veces me cabreo: no todo es escribir artículos. También hay que llevar a cabo ese día a día. Yo hago lo que me sale del chichi y me sexualizo y cosifico cuando quiero. Muchas veces siento que represento mucho más… Imagina una mujer maltratada pero enganchada al barrio, al marido, a la familia. A lo que tiene. ¿Que le van a entrar más ganas de hacer algo viendo mis stories, que tengo un hijo y me voy a hacer mis bolos con mis niñas y hago mi dinero? ¿O viendo una feminista…? Yo qué sé. No voy a decir todas, ni mucho menos, que hay gente muy guay. Pero el concepto de feminismo impuesto… Queremos realidad. Que entren ganas de cambiar la vida. Y cuantas más raras sean las cosas…. Alguien de barrio ni te entiende. Esa madre igual tiene alma de ratchet y le gusta ir con escote. Si el modelo feminista no le representa no le van a entrar ganas de cambiar su vida.

¿Lo suyo es que todos los modelos puedan convivir?
Claro. La cuestión es que por lo menos no escuche decir de mí que soy machista. Hombre… Sal tú en bragas, en botas y canta, y representa, hazlo tu en vez de estar en casa criticando. Yo lo digo en una canción: “No me sigas porque no soy un modelo”. Puedo entender que mi modelo no se vea un ejemplo a seguir para nadie. Pero de ahí a decirme eso… El feminismo no es una frase. Son muchas ideas. Sinceramente si me dices eso, no me has pillado nada. Una amiga de una amiga de fiesta me dijo: “Joer, qué bien me caes, se te ve inteligente…”. Como era del trap, le parecía extraordinario. Se pensaba que era retrasada mental. [Ríe] Si hemos llegado hasta aquí no es porque seamos tontos.

Aunque en un futuro pienses en abrirte a nuevos sonidos, la tape suena muy a ti. Líneas oscuras, reggaeton, electrónica dura. ¿A qué le dices sí y a qué no en cuestión de producción?
Me he hecho un estudio de risas. Eso ha estado bien, para tirarme toda la noche grabando. No es como antes que hacía una canción en mi casa. Ahora he tenido una estructura de trabajo más seria, pero no hay ningún tema que me lo haya currado de tirarme tres días. De texto a estribillo, y a tema, y ya. No me tiro horas con quince beats, no tengo un oído muy fino, tengo un instinto que me hace hacer cosas raras que a otros no les entran y así me marco la diferencia. Tengo buenos contactos y con quien me llevo bien funciona, como con Zora Jones. Siempre hace todo por verme y yo igual, y eso funciona. El tema con un beat de Mark Luva, mi DJ… Él sí que es muy freaky, muy profesional. Ese inevitablemente me lo he currado un poco más. [Ríe]

También tienes mucha relación con Bea Pelea o Florentino, pero han entrado otros colaboradores en el disco. Algunas algo más alejadas de tu rollo. ¿Se abre el espectro?
Sí, supongo. La primera vez que le puse la tape a gente que no es de mi rollo, dijeron que tiene una cosa experimental. Igual que hay temas muy trap, muy yo, las hay que me pueden llevar a otras direcciones…

Entonces, ¿la música melódica para cuándo?
Quién sabe, poco a poco. [Ríe] La cosa es un poco lo que vaya saliendo. No puedes tirarte toda la vida hablando del pasado. Yo en la música siempre he sido muy tajante y necesito ablandarme un poco y no ser tan chula.

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