El talento del norteamericano brilla en “Oh My God” (Dead Oceans/Popstock!), su quinto y excelso trabajo, donde se desnuda desde la misma portada. No es novedad ver a un artista joven buscar inspiración en gigantes como Dylan, Lou Reed o Leonard Cohen. Bastante más raro es que se postule con naturalidad como digno sucesor de esas figuras icónicas. Un relajado y afable Kevin Morby nos atiende en las oficinas del sello, para contarnos las claves de un doble en el que destila las esencias de la gran tradición de su país.


¿De dónde sacaste esta idea de hacer un disco conceptual sobre Dios y la espiritualidad?
Me di cuenta de que estaba usando mucho la frase “Oh Dios mío” (“Oh My God”) y empecé a pensar en ella, en cuál era su significado real, porque la metía en muchas canciones. Una vez tuve claro que el disco se iba a llamar así, me limité a seguir con el tema y divertirme. Creo que es casi una manera fácil, -bueno, no tan fácil-, de contar una historia. Metí esa frase, “Oh My God” en una canción titulada “Beautiful Strangers”, y vi que la gente respondía. La razón por la que la metí en aquella canción fue porque en aquel momento, cada vez que veía las noticias o abría un periódico, me veía a mí mismo diciéndolo, por lo sorprendente, divertidas, chocantes o trágicas que eran. No es diferente de lo que pasa hoy. Decidí profundizar en ese tema y usar esta plataforma de espiritualidad para contar una historia.

¿Te definirías como una persona religiosa o espiritual?
Soy espiritual, no religioso. No formo parte de ninguna organización religiosa.

¿Dirías que es tu disco más ambicioso?
Creo que sí, aunque también es verdad que cada disco que haces te parece el más ambicioso que has hecho. Y como éste es el más reciente, pues así lo creo.

¿Lo crees así por la cantidad de músicos que han participado y las colaboraciones que hay?
Sí, hay un montón de músicos involucrados, eso es muy cierto. Creo que es el disco más concienzudo que he hecho. Sí que pensé que fuera muy completo y no dejar ningún cabo suelto, que todo sumara.

Viendo el resultado y lo que me dices, me pregunto si cuando lo hacías te diste cuenta de que tenías algo especial entre manos.
Sí, parecía especial, algo grande. Quizá era un poco más arriesgado, pero también sabía que estaba metido con algo único, es lo que me parecía.

¿Te da la impresión de que “Oh My God” te pone en otro nivel? Hasta donde sé, la prensa siempre te ha tratado muy bien, pero ¿crees que con este LP se puede hablar de cierta consagración o de alcanzar un nuevo nivel?
Me gustaría pensar que es así. Ya veremos. Yo, como artista, tengo la impresión de que he hecho algo que no había hecho antes. En ese sentido, puede que sí.

¿Y cómo fue la grabación, con todos esos arreglos, incluyendo un coro? Creo que lo grabaste en diferentes estudios, ¿fue complicado?
Sí, lo grabamos en distintos estudios. No fue difícil. La única dificultad fue encontrar tiempo, porque estaba girando mucho. Si giras tanto, cuando no lo haces, normalmente te dedicas a descansar, para no trabajar demasiado, porque girar te quita muchísima energía. Se trataba de encontrar tiempo. Dedicar los pequeños huecos que tenía a grabar fue lo más complicado. Sin embargo, una vez estábamos en el estudio, no hubo ninguna dificultad.

En cuanto al sonido y los arreglos, es un disco muy, muy clásico, y además, la mayoría de las canciones son bastante tranquilas. ¿Querías hacer un disco desnudo o más personal?
Sí, es algo que vino dado con el tema mismo. Hay algo que relaciona la espiritualidad con estar desnudo. Por lo tanto, quería que las canciones estuvieran como desnudas, y no tan “decoradas” como lo habían estado en el pasado. Quería que estuvieran más expuestas. Que todo girara más alrededor de la voz y la historia que estoy contando que de lo que sucede con los instrumentos alrededor.

“Como artista, me parece que he hecho algo que no había hecho antes”

Supongo que ésa es también la razón que hay detrás de la foto de la portada.
Sí, eso también. Compongo a menudo en la cama, así que me hice esa foto en la cama, que es donde me gusta escribir.

Has trabajado de nuevo con el también músico Sam Cohen como técnico. Da la impresión de que te resulta muy fácil. ¿Por qué trabajar con él te resulta tan especial?
Sam tiene mucho talento. Soy ante todo un compositor de canciones y un artista, y se me dan muy mal las cosas técnicas del estudio. Así que alguien como Sam, que tiene el vocabulario y el conocimiento técnico, pero que además es muy creativo, es la persona perfecta con la que trabajar, porque aporta tanto creatividad como el conocimiento que necesitas para hacer un álbum.

Habéis conseguido un sonido realmente atemporal. Me parece que tus referentes musicales son gente del pasado, más que contemporáneos.
Sí, los contemporáneos que me gustan son un poco viejos, caso de Nick Cave, del que soy fan, o Patti Smith, ya sabes, cosas así. Hay colegas de generación que hacen música que me encanta, pero no son una influencia directa. Estoy pensando en gente como mi amigo Rodrigo Amarante. Hacen cosas que me gustan, pero no necesariamente me influyen.

¿Crees que ya no vamos a ver a gente del calibre de Dylan o Lou Reed? Es evidente que nuestro mundo es muy diferente.
No lo sé. Quién sabe cómo la gente va a reaccionar a nuestra música cuando seamos más viejos. Quizá haya gente que piense que somos “leyendas”…Obviamente, no al nivel de Leonard Cohen, porque las cosas son muy distintas ahora, pero nadie sabe qué va a hacer el tiempo con estos discos y todo lo que se está haciendo ahora.

¿Te ves como Dylan, haciendo una gira con 77 años?
Me encantaría seguir trabajando en la música. Es complicadísimo de visualizar, pero me encantaría.

Dada la cantidad de discos que has sacado en tan corto periodo de tiempo, supongo que estás constantemente componiendo nuevas canciones. ¿También cuando estás de gira?
Sí, sí. Sin duda.

¿Te ves como un artista prolífico?
Imagino que sí. Si “prolífico” se refiere a alguien que está constantemente trabajando, entonces supongo que lo soy.

Hablabas de la idea de espiritualidad que inspiró el disco, pero ¿has tratado temas nuevos que no habías explorado nunca en discos anteriores?
Sí, creo que hay muchas influencias políticas a lo largo del disco. También viví la ruptura de una relación larga, pero la idea era relacionarlo todo con esta noción de espiritualidad, evitar que fuera demasiado específico, que hubiera cosas muy concretas sobre mi ruptura o la política. No quería que el disco estuviera ligado a eso. La energía de esas cosas está ahí, pero no hay letras que hablen de ello.

Es interesante, porque estamos viendo un montón de discos de artistas norteamericanos abiertamente políticos, por lo que habéis vivido y vivís en Estados Unidos.
Tenía versos que eran políticamente muy explícitos y los acabé quitando. Creo que está bien que haya gente que haga ese tipo de canciones y discos. Beautiful Strangers, que es la canción con la que empezó la idea de este disco, es muy política, yo he escrito canciones políticas, pero llega un punto en que si estás constantemente hablando de alguien como Donald Trump, le acabas dando más poder del que tiene. Es como una palabra sucia que ensucia las cosas bonitas: me niego a usarla.

En una entrevista reciente Micah P. Hinson me decía que la atención de la mayoría de la gente está “básicamente destruida”, con tanto móvil. ¿Te molesta esto en el sentido de que no se aprecien los matices de un disco como éste, doble y lleno de detalles?
Supongo que esto es así, pero al mismo tiempo, trato de no pelearme con la tecnología demasiado, porque creo que es una batalla perdida. Las cosas van a ir como van a ir y no te queda más remedio que aceptarlo. Quedarán algunas personas que valoren la idea de un álbum completo y, ¿quién sabe? Quizá más gente lo aprecie porque haya oído una canción en Spotify o en alguna playlist. No tengo ni idea. Que la atención se haya acortado tanto me deprime, pero al mismo tiempo intento no ser demasiado gruñón al respecto, porque la guerra está perdida de todos modos.

En tu caso, ¿valoras la idea de un disco como un todo?
Sí. Totalmente. Me encanta escuchar un disco del principio al final.

¿Y te gustan, o has buscado inspiración, en los discos dobles míticos con muchas canciones? -estoy pensando en el blanco de los Beatles y cosas así.
Sí, me gustan los discos míticos y cualquier álbum en el que alguien me cuente una historia con pasión. Para mí se trata de lo mismo que cuando lees un libro o ves una película: se elige un tema, se le pone un foco, y te muestra algo nuevo. Para mí, esencialmente se trata de eso.

En el caso de tu disco, no se me ocurre mejor manera de terminarlo que con la canción que le pone fin, O Behold.
Se trata de una de las primeras canciones que compuse, pero sabía que iba a ser el final. Veo la primera canción como si te subieras en un avión y estuvieras a punto de despegar. El disco despega al final de esa primera canción, y te ves metido en un viaje en el resto. Y me gusta pensar que el avión aterriza con la última, cuando se acaba la historia.

“Llega un punto en que, si estás constantemente hablando de Donald Trump, le das más poder del que tiene”

Hablas mucho de contar una historia. ¿Qué historia es la de este disco, si tuvieras que resumirla?
En el disco pasan muchas cosas. Creo que la historia fluctúa un poco entre estar entre las nubes y encontrarte en un lugar seguro (el artista pasó mucho tiempo a bordo de aviones mientras lo componía), y también habla de lo que supone estar a salvo por encima de todo y sufrir “tormentas” que afectan al universo y a la Humanidad.

Empiezas una gran gira ahora hasta el verano y me llama la atención que apenas toques en grandes festivales, sino en salas. ¿Qué podemos esperar de estos conciertos en Barcelona y Madrid en julio?
Bueno, en parte de la gira europea voy a tener una gran banda, pero cuando llegue a España, creo que seré yo solo y un trompetista. Va a ser un dúo. Voy a hacer un festival en Barcelona en julio, Vida, pero he decidido dejar los festivales para el próximo año. En este año prefiero concentrarme más en tocar para gente que viene a verme a mí a una sala, es algo que hago siempre que saco un nuevo disco. El año que viene probablemente estaré en un montón de festivales.

¿Tiene esto que ver con lo que hablábamos de la atención del público?
Sí, y también con que en los festivales tienes que probar sonido muy rápido, hay muchas otras bandas y acaba siendo muy estresante. Me gusta tocar en festivales, pero cuando presento un disco me gusta hacerlo exactamente como quiero.

Hablando un poco de esto: ¿qué te parece el modo en que la gente escucha y se relaciona con la música hoy?
Creo que hay un lado bueno y uno malo. Pasa una cosa muy rara con la gente de mi generación que hacemos música, y es que, por un lado, todo esto me pone malo, pero al mismo tiempo pienso que sin Internet nadie me habría oído. Estoy harto de Instagram, pero simultáneamente soy consciente de que hay mucha gente que me conoce por Instagram. Es algo dual, supongo que siempre pasa con la tecnología. Probablemente, cuando salió el CD mucha gente se mosqueó. Al final, tienes que asumir la tecnología, a no ser que quieras convertirte en el viejo gruñón (risas), y aprender a usarla de la mejor manera para ti.

Por otro lado, ahora se venden más vinilos que hace unos años…
Sí, y es un buen ejemplo de que todos los soportes pueden tener su lugar. El streaming y todo esto me recuerda a los cigarrillos. Nadie sabía que eran malos en los años cincuenta. Se dieron cuenta décadas más tarde. Es un poco lo que pasa hoy con el iphone. Espero que aprendamos a usar bien todo esto antes de que nos mate.

La última: desde el punto de vista del negocio tal y como está planteado hoy, ¿es más complicado para un artista como tú ganarse la vida?
No, y ése es otro aspecto contradictorio e interesante de esta época. Mucha gente me ha dicho que es más arduo, pero en mi caso, desde que salí del instituto, mi único trabajo fuera de la música fue repartiendo comida y currando en un café en Nueva York. Cuando empecé a tocar, al principio no vivía de la música, pero ahora estoy en una posición bastante confortable. Lo que pasa es que los ingresos vienen de otras fuentes. En el pasado te llegaba más dinero de los royalties y cosas así. Ahora gran parte viene del directo y de canciones que metes en anuncios. Puede que no sea lo ideal, pero me puedo ganar la vida. Da la impresión de que el dinero se ha ido de un sitio a otro. Aún así, es verdad que hay “agujeros”. Creo que Spotify debería pagar más, pero al final se llegará a una solución. Si te remontas a los noventa, los acuerdos que las bandas indies firmaban con los sellos eran mucho peores que los de ahora. Siempre hay un lado bueno y malo, siempre parece que el mundo se va a terminar, independientemente de en qué época vivas. La cuestión es quedarse con lo bueno, reconocer lo malo y alejarse de ello.