Kakkmaddafakka regresan con su quinto trabajo, “Diplomacy” (Bergen Mafia Records, 19), abrazados a sonoridades que miran a los ochenta tanto en los momentos festivos como en las baladas al piano. Hablamos de música, egos y corrección política con Pål Vindenes, líder de la banda de Bergen junto a su hermano Alex.

El disco suena bastante diferente a su predecesor, “Hus”, ¿cómo lo habéis afrontado?
Teníamos muy claro que queríamos hacer algo diferente y como ya nos habíamos autoproducido los dos anteriores discos, decidimos entrar en el estudio con Matias Tellez. Fue él quien le dotó al disco de un sonido propio, con un montón de sintes, con ese giro electrónico. Al final ya hemos grabado cinco discos y necesitábamos hacer algo distinto, que nos pusiera en una situación incómoda y que nos obligara a no repetirnos.

“Cuando empezamos con la banda había un montón de bandas shoegaze, de esas que no sonríen en el escenario y nosotros decidimos rebelarnos contra ello”.

Habéis hablado con anterioridad de tener un tipo de canción más lenta en el disco y por otra parte, ofrecer directos que sean una fiesta en mayúscula. ¿Cómo conjugáis esa dicotomía en ‘Diplomacy’?
Ha sido más fácil hacerlo que en otros trabajos, porque en el disco hay ese sonido más fiestero, como en “Get go” o “Frequency”. Y esa fue la idea con la que entramos en el estudio, queríamos hacer un disco para que los fans se lo pasaran bien y también disfrutaran en directo. Y lo hemos conseguido: con este disco puedes pegarte una buena fiesta.
Cuando empezamos con la banda había un montón de bandas shoegaze, de esas que no sonríen en el escenario y nosotros decidimos rebelarnos contra ello. Sí, nos criticaron, nos tomaron a la ligera, me parece bien, pero creo que es super triste si no sabes disfrutar de un buen concierto en el que te están liando una fiesta.

De Erlend Øye sempre decís que habéis aprendido a mimar con todo detalle las letras, que son el 90% de vuestras canciones. Pero entre tanta vibe fiestera, ¿cuál es la temática de las letras?
Este disco está inspirado en el verano pasado, que fue un verano alucinante. El tiempo era brutal, como si en lugar de Noruega estuviéramos en México, lo cual es de locos. Sabes que siempre se habla de ese verano perfecto en la playa que pasaste con tus amigos… nosotros lo vivimos el año pasado, ¡y fue en Bergen!. Nos pasamos el día al sol, escribiendo canciones, sin parar de un lado a otro. Era como un verano de ensueño.

En el single ‘Galapagos’, de vuestro anterior trabajo, también hay esa idea del verano.
Sí, cierto, pero en ‘Galapagos’ hablábamos del sueño de vivir ese verano perfecto y ahora lo hemos podido experimentar.

En los últimos años también habéis tenido tiempo para publicar proyectos en solitario como tu trabajo Pish o Wild Nature, el debut de tu hermano Axel. ¿Cómo se gestionan los egos? ¿Cómo afecta al grupo estos proyectos paralelos?
Es muchísimo más fácil cuando la gente hace sus propias movidas, es más beneficioso para el grupo. Porque cuando haces algo que te apetece, tienes esa vía de escape y luego todos nos encontramos de nuevo en un punto en común que es Kakkmaddafakka.

“Vivir en Noruega ya no supone ningún tipo de esfuerzo, porque puedes hacer tantísimas cosas, que mucha gente opta por no hacer nada”. 

El grupo siempre será prioridad de todos, pero oye, si tienes tiempo, ¡por favor móntate algo en solitario! Cuando das rienda suelta a esa creatividad por tu cuenta, cuando sacas lo que llevas en la cabeza y das tregua a tu ego, dejas de intentar siempre meter tus ideas a la fuerza en el grupo. Mira Metallica, es uno de los grupos más importantes del mundo y van y echaron a su bajista porque quería tener otro grupo además de Metallica. Eso no mola nada.
La clave está en escucharse los unos a los otros, en tener esa posibilidad de via de escape, de poder sacar lo que llevas dentro y hacerlo a tu manera, y luego volver al grupo sin presión.

Estos lanzamientos que mencionábamos -además de los discos de Kakk- salieron publicados en Bergen Mafia Records, vuestro sello, ¿cómo ha afectado en vuestra carrera el controlar las cosas en ese aspecto?
La verdad es que le ha quitado un montón de presión al tema de sacar discos; ahora no tenemos que hacer nada que no nos apetezca. Es verdad que tenemos que trabajar un poco más que las bandas que tienen agencias detrás y tal, pero al mismo tiempo nos compensa, porque estamos en un lugar en el que disfrutamos de estar.

A menudo comentáis que en Noruega seguís sin tener éxito, lo seguís achacando a ser una banda no políticamente correcta?
Seguimos siendo políticamente incorrectos. La cosa empezó por el nombre ya hace años y ahora igual está más bien visto, pero hace diez años era otra historia. Es que se nos está yendo de las manos el tema de la corrección política, con todas esas normas y convenciones… todo acaba por afectar a nuestra salud mental. ¿Tú has visto los índices de suicidio que tenemos entre los hombres jóvenes? Es espeluznante. Vivir en Noruega ya no supone ningún tipo de esfuerzo, porque puedes hacer tantísimas cosas, que mucha gente opta por no hacer nada.

¿Y cuáles son los planes para los próximos meses?
Ahora nos vienen semanas de conciertos y en mayo nos volvemos a meter en el estudio para grabar canciones que escribimos el verano pasado.