El trío británico nunca ha sido una banda para todos los públicos. Sus personales ejercicios de estilo, además de su excéntrica imagen, les han estigmatizado como grupo poco proclive a la empatía. Pese a ello, con cada disco han ido abriendo un nuevo frente de fans, hasta contar con una masa crítica que les garantiza un cierto nivel de éxito y expectativas en cada uno de sus nuevos lanzamientos. “Sleeping With Ghosts”(Virgin) será el cuarto en larga duración.

“Ocurrió durante nuestra primera visita a España. Estábamos cenando en el hotel, en el centro de Madrid, cuando nuestro bajista Stefan nos avisó que había una aglomeración de gente en la puerta de entrada. Evidentemente, no se podía tratar de fans nuestros, así que nos asomamos a ver de qué se trataba. Resultó ser una manifestación a favor del registro de las parejas homosexuales. Nos pareció una causa que merecía ser defendida, y nos apetecía pasar un buen rato, así que nos unimos a ella y gritamos como el que más. Stefan siempre ha sido muy activista en este sentido”. Brian Molko, cantante, imagen y líder de Placebo, no responde a la imagen que esperaba. Cabello a ras de sien, camiseta y pantalón de cuero negro, todo ello ajustado a un cuerpo nervioso y limitado, más vulgar que envidiable. Ni rastro de afeites o adornos, apenas vestigios de maquillaje, si acaso unos ribetes de sombra alrededor de unos ojos saltones y provocadores, que no provocativos. Poco que ver con el look andrógino y ambiguo con el que se dio a conocer hace siete años. A su lado, Stefan Olsdal, bajista de dos metros y rubio teñido, escudriña las fotos y diseños que deben formar parte del libreto de “Sleeping With Ghosts”.

“Los nuevos discos de Queens Of The Stone Age o Flaming Lips han demostrado ser lo mejor del año”

Steve Hewitt, batería, es el que más atención presta al seguimiento, canción tras canción, del nuevo disco. Estamos en los Air Studios, un pequeño pero acogedor local de grabación situado en el norte de la capital británica. Dos horas antes aterrizábamos en Heathrow, el mejor situado de los aeropuertos londinenses. El viaje desde la terminal hasta el lugar de reunión se torna en un reencuentro, desde el prisma de un paseo en taxi, con la siempre gélidamente acogedora Londres. Tras la llegada a los estudios, una vieja iglesia anglicana simbólicamente reconstruida para nuevos fines, y que conserva toda la espiritualidad de su antiguo propietario, esperamos en una pequeña sala de madera, transformada en improvisado bar merced a unas cuantas mesas dispuestas a lo largo y una barra tras la que se amontonan botellas de Perrier y todo tipo de zumos de cualquier fruta imaginable. El local está abarrotado de prensa llegada de todo Europa o de músicos en busca de descanso e inspiración. Se agradece el calor humano y el ambiente fraternal, que contrasta con la niebla cerrada y la oscuridad glacial y solitaria que ya cubre esta verde zona residencial de la capital. El imponderable retraso de estas ocasiones nos deja una hora y media para reflexionar sobre el estado actual de la banda británica y el camino recorrido hasta su actual estatus. Placebo surgió en un momento en el que el trip hop y el brit pop hacían estragos y copaban las esperanzas de los medios británicos a la hora de recuperar el peso en la vanguardia musical que generacionalmente se disputan con los norteamericanos. Su mezcla de glam setentero, post punk de los ochenta y rock alternativo de los noventa no parecía especialmente indicada para el momento que les vio nacer, pero su instintiva visión del rock y la distintiva manera de ejecutarlo les valieron el favor de crítica y público, ya desde la publicación de su primer disco, “Placebo” (Caroline, 96). Allí ya se encontraban perlas sonoras del calibre de “Nancy Boy”, “Bruise Pristine” o “Teenage Angst”. En aquellos días, el aspecto de Molko le asimilaba más a una niña recatada y tímida de colegio privado que a un rockero con ganas de comerse el mundo. No era de extrañar, por tanto, que fuera David Bowie el primer mecenas del trío, además de uno de sus fans más incondicionales. Pero no fue Bowie, sino un enorme segundo disco el que ratificó el éxito de la banda. Además de apisonar la teoría de la presión tras un éxito primerizo, se situaba, por derecho propio, como una de las mejores obras surgidas en el panorama británico de los noventa. “Without You I´m Nothing” (Virgin, 98) les sirvió también para darse a conocer al complicado público norteamericano, con el single “Pure Morning” radiándose día tras día en la MTV yanqui. Otros himnos de la banda y su generación, como “You Don´t Care About Us” o “Every You Every Me” se propagaron con rapidez a lo largo y ancho del continente europeo. Dos años después, ya como banda consagrada, editaron “Black Market Music” (Virgin, 00). Sin llegar a la majestuosidad del sonido de “WYIN”, el trío supo sacar rendimiento de un sonido cada vez más personal, y temas como “Commercial For Levi” (“se trata de una canción dedicada a uno de nuestros ingenieros de sonido, nada que ver con la compañía de tejanos”), “Taste In Men”, “Special K” o “Days Before You Came” apuntalaron su ya de por sí privilegiado estatus como creadores. Ahora, tres años más tarde, aquí nos reunimos, dispuestos a escuchar su cuarta entrega de emociones descarnadas y clínicos retratos de su sociedad contemporánea, dos de los temas más recurridos en sus letras. Pasadas las ocho de la tarde, entramos por fin en el Studio One del local, en lo que bien había podido ser el lugar de culto dentro de la antigua iglesia ahora reconvertida. A lo largo de la escucha de “Sleeping With Ghosts” se me aparece la imagen de una banda comprometida cada vez más con su música y menos con su imagen o la provocación que ésta pueda causar. Las canciones supuran, antes que improvisación, profesionalidad y trabajo bien hecho. El interés de temas como “This Picture”, “Bitter End” (primer single), “Special Needs” o “Second Sight” se nutre de la capacidad melódica del trío. Por encima, un muro sónico parece tejer una tela de araña infranqueable de cara al oyente ocasional, que se transforma en confortable universo paralelo si se les da el suficiente tiempo y confianza. Parece claro que cada vez tiene menos sentido hablar de las guitarras de Sonic Youth, la voz de Billy Corgan o las influencias de PJ Harvey. Todo ello, pese a no desaparecer, queda licuado en un bien elaborado sonido propio más abierto a generar influencias que a evidenciar las propias. Es la primera conclusión que me permito comentar a la banda tras los últimos compases de “Centrefolds”, el preciosista e intimista corte final del disco. “En esta ocasión, hemos querido dedicar mucho tiempo a la elaboración de las canciones. Puede parecer un disco algo saturado o sobrecargado a primera vista, pero queremos que en posteriores escuchas llegue a penetrar en el oyente y que cada una de las canciones le haga aflorar diferentes sentimientos”. Posiblemente sea un disco más oscuro que su anterior referencia, aunque también explora la vena más emocional del trío. Algo que lo acerca antes a “WYIN” que a “BMM”, un álbum más corrosivo y político. “En este disco hemos vuelto a escribir acerca de diferentes estados emocionales y existenciales muy íntimos, sin miedo a reflejarlos y hacerlos públicos a través de las canciones. ´Black Market Music´ pretendía generar polémica, ser más áspero”. Pero si hay una canción que rompe la baraja del concepto global de “Sleeping With Ghosts” es “Something Rotten”. Situada en el meridiano del disco, su impenetrable clima psicodélico poco o nada tiene que ver con el resto de cortes. “Se trata de un tema con el que nos quisimos dejar llevar. Nos permitimos ser libres e improvisar abiertamente. Es muy oscuro, de las canciones más alocadas y desquiciadas que hemos compuesto, así que no incluirla en el álbum no podía ser una opción”. También sorprende el curioso contrapunto entre la durísima intro guitarrera, “Bulletproof Cupid” y el introspectivo y minimalista outro “Centrefolds”. “No podían ir en ningún otro sitio. Pretendemos que ´Bulletproof Cupid´ sea un despertar, un puñetazo en la cara que te haga reaccionar y te prepare para todo lo que se te viene encima. ´Centrefolds´, por el contrario, es el resultado del cúmulo de emociones, el relax después de la tormenta; sólo tiene sentido como
final del álbum”
. Lo que parece evidente es que la imagen de la
banda ya no es uno de sus mayores atractivos. Ya entrados en los
treinta, tampoco parecía que conservar ese gancho fuera la mejor opción.
“Lo controvertido de nuestro maquillaje o cómo vestíamos podía ser
divertido al principio, pero seguir pensando en eso ahora ya no tiene
ningún sentido. Más por la propia evolución de Placebo y su sonido que
por haber cumplido los treinta. Como ha quedado demostrado, es el rock
como actitud el que marca la juventud, y no el mero paso del tiempo. A
veces, cuando quedamos con gente con la que estuvimos estudiando, de
nuestra misma edad, parecen decrépitos, están horribles; todo lo
contrario que nosotros
(risas).
Durante este 2003, “Sleeping
With Ghosts”
deberá defender su puesto en una escena, la británica,
históricamente más anquilosada en su pasado y esperanzada en su futuro
que preocupada por su presente. Aunque si se trata de realizar balance
general del pasado 2002, no parece que sus resultados musicales hayan
defraudado a Molko. “Han surgido nuevas e interesantes propuestas.
The Streets, por ejemplo. Logran que me guste esa curiosa mezcla de
garaje y electrónica. Los nuevos discos de Flaming Lips o Queens Of The
Stone Age han demostrado ser impresionantes, de lo mejor del año. Little
Hell también son asombrosos. Sin olvidar una curiosa banda, Ladytron,
que recupera el sonido Kraftwerk. Excelentes”
.
En primavera
volveremos a tener a la banda girando por España. Aseguran que es de los
países que mejor les ha acogido, ya desde sus inicios. De hecho, existe
una curiosa anécdota acerca de su primer paso por nuestro país…