Holly Herndon publica “Proto” (4AD/Popstock!, 19), un ejercicio soberbio en el que convergen tecnología y humanidad con el que la productora vuelve una vez más a situarse a la cabeza en la experimentación sonora.

No es casualidad que desde que debutara siete años atrás con “Mouvement” (12) Holly Herndon haya sido señalada por muchos como uno de los nombres impepinables de la electrónica de vanguardia. No obstante, Proto, el nuevo trabajo de la productora oriunda de Tennessee, dista harto de tratarse de un álbum de música electrónica al uso, donde ritmos quebrandos, sonidos provenientes de síntesis granulares y un extraordinario manejo del diseño sonoro comparten protagonismo con líneas corales invitando al oyente a tomar asiento en una suerte de rito ancestral futurista, valga la paradoja. “Proto es el álbum en el que más se intuyen los estilos que me han influenciado desde muy joven, desde el dance hasta el pop, pero siempre desde la intención de crear algo único”, dice a Mondo Sonoro desde su actual residencia en Berlín. “Una de las cosas que más ganas tenía en este disco era aprovechar al máximo el recurso de la voz. Trabajar con un conjunto de voces humanas ha sido el mayor reto de esta grabación. Cuando trabajas con personas, el resultado siempre es diferente de lo que esperas. Nacen nuevas texturas, nuevos matices… lo que hace que el resultado sea aún más bello”, agrega. “Para las partes vocales, investigué sobre temas como el rol de la voz en la historia de la inteligencia humana o los diferentes usos que les han dado distintas culturas”. Pero más allá de la teoría, en “Proto” se palpa también cierto estado místico y el mismo halo contemplativo que asoma en las piezas corales de maestros como Arvo Pärt, David Lang o Kenji Kawai. “Hay algo de sagrado en este disco, en la manera en que procuramos crear entre todas nuestras voces una especie de éxtasis grupal. Mis primeras actuaciones en público fueron cantando en un coro en la iglesia. Recuerdo la emoción que sentía cada vez que cantaba. La iglesia siempre ha sido para mí ese lugar en el que la gente puede expresarse libremente en público, sin el escepticismo que se respira en otros lugares”.

Sin embargo, es en el empleo de la inteligencia artificial en los diferentes cortes lo que pone de manifiesto la condición científica, a la vez que conceptual, del tercer álbum de Herndon. Para ello, la artista llegó a crear junto a su cómplice Mat Dryhurst un software de inteligencia artificial (al que llama “su bebé”) al que “enseñaron” a cantar mediante largas sesiones de estudio junto al conjunto de voces. “Durante la grabación, Spawn ha sido una más de nosotros. Tenía inteligencia y respondía a nuestras demandas de diferentes formas. La entrenamos para que fuera capaz de producir sonidos desde cero y aportar ideas como hacíamos el resto. Ha sido una colaboradora más”. En Goodmother, corte en el que colabora JLin, cuenta que dejaron que Spawn “se expresara libremente. Puede que el resultado suene terrorífico, pero algo de fealdad tampoco está mal de vez en cuando”, añade entre risas.

Al fin y al cabo, humanizar la tecnología ha sido uno de sus objetivos (recordemos que es Doctora en Computer Music por la Universidad de Stanford). “Cuando estoy en el estudio me suelo preguntar de qué manera puedo incoporar mi cuerpo en el proceso de la creación de música electrónica, logrando así un punto de conexión entre el mundo digital y el ser humano”. En sus últimos conciertos, sin ir más lejos, Herndon se hace acompañar de cinco vocalistas. “Hoy en día hay demasiada parafernalia alrededor de la música electrónica –AV shows, luces reactivas a la música…–, tanto que parece que ya no es necesario tener a una persona en el escenario. Y, aunque me parece estupendo, creo que es interesante que también los humanos nos divirtamos. Así que este disco es, de algún modo, una celebración de ese punto de unión entre nosotros y las máquinas”, zanja.

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De 11/09 hasta 15/09/19Santiago de CompostelaFestival: WOS FESTIVAL