Tras el laureado “Cronolánea” (Universal, 08), lejos de encajonar sus canciones en una fórmula hermética de éxito, los granadinos se remangan y asumen el riesgo de introducir en su partitura novedades en letra y música. “Cuando el destino nos alcance” es una inversión de futuro para una banda consciente de su mayoría de edad.

Desde que empezaron a filtrarse los primeros temas del cuarto disco de Lori Meyers, incluso antes de haberse escuchado una sola nota del mismo, la militancia indie se había enfrascado ya en profundos debates sobre la idoneidad de los cambios introducidos por los granadinos en sus canciones. Se ha hablado por ejemplo, de un disco con mucha presencia electrónica, más bailable y menos supeditado al troquel estrofa-estribillo. Si a esto añadimos unos textos menos recurrentes y más personales, con todo lo que ello conlleva, y la elección de un productor Sebastián Krys acaparador de premios Grammy (Shakira,  Rabanes, Volovan…), no cabe duda que el nuevo disco es un salto mortal sin red. Por eso lo primero que toca preguntarles es quién les manda meterse en este jardín después de firmar su obra maestra y de estar cómodamente instalados en el Olimpo del indie nacional. “Teníamos dos opciones: hacer un disco correcto y hermético a imagen y semejanza de lo que nos ha funcionado hasta el momento y así asegurarnos un éxito relativo, o intentar avanzar artísticamente como proyecto musical y dar un paso más, llámalo riesgo, pero firmar canciones que en el futuro por lo menos nos den la satisfacción de haber abierto un horizonte propio y personal en nuestras canciones”. Claramente en “Cuando el destino nos alcance”, el mismo título del disco contiene un mensaje velado en este sentido, han optado por la segunda opción. “Cronolánea” fue su primer trabajo en una ”major” y pese al éxito era un disco en el que el cuarteto, ahora sexteto, nadó y guardó la ropa. “Se nos quedaron muchas cosas en el tintero porque anduvimos expectantes al ser la primera vez que trabajamos para una multi. Ahora tocaba dar una vuelta de tuerca a las canciones, probar cacharros nuevos y sobre todo disfrutar descubriendo nuevas posibilidades en nuestra música”. Para afrontar ese viaje iniciático al futuro han contado con un productor experimentado y lógicamente más conocido por sus trabajos en el mainstream latino que por sus otras producciones más independientes –echen un ojo por ejemplo Jacob Jeefries Band-. “Él mismo (Sebastián Krys) nos dijo que su nombre en los créditos podía afectar a la opinión que pudiera hacerse la gente sobre el disco, aunque creo que no es más que desconocimiento y prejuicios, algo que afortunadamente nosotros mismos nos vamos quitando de la cabeza a medida que trabajamos con gente cada vez más profesional”. Y así es, el disco esta cuajado de guiños al revival, de sintetizadores ochenteros, de texturas nuevas, de recursos de esos que aparecen como prohibidos en el libro de estilo indie, por ejemplo esos violines a lo “Vacaciones en el mar” de “Explícame”, un gusto que se han dado en todo el disco. “Con algún que otro arreglo nos ha dado la risa tonta mientras lo grabábamos porque nos molaba y a la vez sabíamos que iba a levantar suspicacias”. Este jugueteo con los samplers, algunos lo han llevado hasta el extremo de hablar de un disco escorado al electro pop sobre todo conforme vio la luz “Mi realidad” su primer single. “He leído por ahí que hemos hecho como Dover, y nada más lejos. ‘Mi realidad’ por ejemplo es una canción con batería y ritmos rock aunque tiene texturas electrónicas que se mezclan con la música de forma muy sutil. La verdad es que no se puede decir que hayamos hecho a un disco electrónico ni mucho menos”. Aún así el que esperaba el disco de Lori Meyers más movidito no va desencaminado, siempre depende de cómo se mire claro. “Es más bailable sí, pero es que yo (Noni) bailo Phil Spector y Band Of Horses”. Otra cosa es que la mayoría de las canciones tienen su origen en el teclado como instrumento de composición, así que el germen de muchos temas son patrones en lugar de estructuras hechas con una guitarra acústica. “Esta manera de componer es más complicada pero te ofrece nuevos recursos, nuevos diálogos entre los instrumentos, capas, silencios… y por lo tanto, que las nuevas canciones no recuerden a otras, que es lo que pasa si sigues siempre el mismo método compositivo”. Y ya que estamos en el terreno del lápiz y el papel vamos a ahondar en otro de los giros destacables que este disco puede suponer en la carrera de Lori Meyers: el peliagudo asunto de las letras. Para empezar los firmantes ya son tres, a Noni y Alejandro (nuestros interlocutores en esta entrevista) se les une, con éxito por cierto, Alfredo, que con “Ventura” debuta con la pluma. La otra novedad afecta directamente al guión, ya no se trata de horóscopos aplicables a cualquier mortal sino que se atreven a avalar con sus canciones, posicionamientos personales sobre temas abruptos para el pop, propios de músicas más contestatarias, como poder de la televisión (“Religión”) o el consumismo (“Enhorabuena, eres el que tiene más”) y que requieren mayor destreza en el arte de juntar palabras. “Creo que ya tenemos una edad y somos un grupo que hemos seguido un camino y ahora nuestras canciones nos pedían abordar otros temas y humildemente sabemos que en algunas canciones lo hemos conseguido y en otras a lo mejor la hemos cagado, pero de eso se trata, de aprender de nuestros propios errores y avanzar”.

Esta apuesta a corazón abierto es valiente, sobre todo para un grupo que siempre ha perseguido la musicalidad de sus canciones sin buscar mayor calado en los textos. “No aspiramos a que todo el mundo se identifique con nuestras letras porque son más un acercamiento a la persona que las ha escrito. Soy yo y nadie más, igual te es interesante lo que pienso o igual no”. El veredicto es desigual según las canciones, más agudos se muestran con la ironía, si efectivamente la hay en temas como “Nuevos tiempos” y más obtusos en los citados cortes sobre temas mundanos. En este repaso sobre lo más novedoso de “Cuando el destino nos alcance” hay que hacer mención al aspecto orgánico de la banda.  Es justo hacer referencia a las incorporaciones que Lori Meyers ha tenido en los dos últimos años y que le han permitido afrontar un disco complejo en cuanto a su ejecución, tanto en el estudio como en el directo. “En la última gira de ‘Cronolánea’ éramos ya seis en el escenario y desde entonces nos dimos cuenta las posibilidades que tenía el grupo de cara al nuevo disco”. Si queremos resumir todo lo dicho, nos hubiera bastado, aunque suene tópico, con analizar el nombre del disco, “Cuando el destino nos alcance”, traducción del título de la película de Richard Fleischer “Soilent Green” (1973), cinta de ciencia ficción basada en la novela de Harry Harrison “Hagan sitio, hagan sitio” y basada en una sociedad utópica desde un punto de vista apocalíptico y es que algo verían Noni, Alejandro, Alfredo y compañía en su futuro para emprender estos cambios. El disco de Lori Meyers se asemeja a esa estética de las películas futuristas del siglo pasado que aunaban clasicismo elegante, los granadinos siguen deslumbrando con estribillos brillantes y bien construidos, y esa especie de orfebrería cibernética de look retro de la que también hacen gala con el sonido cincuentas de “Corazón elocuente” o “Rumba en Atmósfera Cero” (otro western del espacio). La película de Green causó un gran impacto en la cultura popular, Lori Meyers se han mostrado más cautos a la hora de remover los cimientos de su música. “Este disco supone un cambio pero natural, no podemos hacer ‘Cronolanea’ y acto seguido sonar a Animal Collective, hay que ir paso a paso,  aunque si es cierto que hemos dejado la puerta abierta”. Y como el mismo Sebastián Krys les dijo “los discos no se terminan, se abandonan”, así que ¡hagan sitio!