Hay ganas de Foals, así que las expectativas se verán colmadas. Los de Oxford este año vuelven no con un disco, sino con dos. “Everything Not Saved Will Be Lost” (Warner, 19) le sirve a la banda para escupir toda su bilis contra estos oscuros tiempos que corren.

Foals serán actualidad por partida doble este año. Los de Oxford vuelven tres años y medio después de “What Went Down” con un álbum dividido en dos partes que comparte título y temática. Tal como Yannis Philippakis, el líder de la banda, me cuenta por teléfono, ambas entregas de “Everything Not Saved Will Be” Lost tienen “un color diferente, aunque son compatibles entre sí y también se pueden disfrutar individualmente”. ¿Qué les ha llevado a derrochar tal productividad? “Te mentiría si te dijese que era algo que tuviésemos claro desde el principio. Estuvimos trabajando en muchísima música pero en realidad, hasta que no nos dimos cuenta de que teníamos veinte temas acabados lo suficientemente buenos como para compartirlos con el mundo, no empezamos el debate acerca de si lanzar uno o dos álbumes. Secuenciar los temas, decidir qué canciones debían aparecer en la primera o en la segunda parte, fue uno de los mayores quebraderos de cabeza a los que nos enfrentamos. En cuanto a las letras los dos tienen muchas similitudes. Sin embargo, las guitarras tendrán un mayor peso en la parte dos que podréis escuchar en otoño”, cuenta sobre sendos trabajos en los que, por primera vez, él mismo se ha encargado de la producción. “Edwin Congreave (el teclista del ahora cuarteto) me persuadió para que lo hiciera yo esta vez. Suena a tópico, pero la verdad es que ha sido un reto. Para nada me arrepiento de haberlo hecho”.

En esta ocasión han prescindido del fervor por la primera toma con el que alimentaron en su disco anterior para dejarse querer por una producción mucho más compleja. “Nos apetecía jugar con todos los sonidos posibles y presentar algo más rico, algo que, al escucharlo con unos buenos auriculares, te permita descubrir todo tipo de detalles que a lo mejor al principio te podían haber pasado desapercibidos”.

La marcha amistosa el pasado año de su bajista, Walter Gervers, no les ha supuesto ningún drama. En vez de sustituirlo por otro miembro, Philippakis y Congreave se han ocupado de llenar su vacío en el estudio. “En ningún momento nos planteamos fichar a otro músico para la grabación del disco porque somos como una familia y nos hubiese parecido algo muy raro. Hemos estado juntos durante muchos años. Tanto Edwin como yo sabemos tocar el bajo, por lo que decidimos encargarnos de ello. Sí que en la gira tendremos a un bajista que nos acompañará, pero no se le podrá considerar un Foals más”, contesta al respecto.

“En cierta manera estoy decepcionado con el mundo porque nos lo estamos cargando y en cincuenta años, casi seguro, nuestros hijos vivirán en un planeta que no tendrá nada que ver con el de ahora”.

La primera parte de “Everything Not Saved Will Be Lost” cuenta con momentos como el infalible single de adelanto ‘Exits’, otros más experimentales como ‘Café D’Athens’ que puede recordar vagamente a los Radiohead de ‘Kid A’ o un cierre al piano como ‘I’m Done With The World (& It’s Done With Me)’ que deja con ganas de más. Le comento a Yannis que mi favorita es ‘White Onions’ por su bravura y porque es algo así como un híbrido entre el math rock de sus inicios aderezado con guirnaldas psicodélicas. ¿Por cuál se decanta él? “Siempre es complicado escoger porque le tengo mucho cariño a todas las canciones. Coincido contigo en ‘White Onions’, porque en directo va a sonar brutal. Aunque si tengo que decirte una te diría ‘Syrups’ porque es una de las más raras que jamás hemos grabado”, afirma.

Medio mundo está patas arriba y Foals no han querido obviarlo en su vuelta. “El cambio climático, el maltrato a nuestros océanos o el consumo salvaje de plástico que no nos lleva a ningún lado son algunos de los temas que tratamos en estas nuevas canciones. Es difícil quedarse sólo con una cosa porque la situación política deja muchísimo que desear. También me cabrea esta absurda adicción que tenemos a las nuevas tecnologías. En cierta manera estoy decepcionado con el mundo porque nos lo estamos cargando y en cincuenta años, casi seguro, nuestros hijos vivirán en un planeta que no tendrá nada que ver con el de ahora. Como artistas tenemos que poner sobre la mesa estas cuestiones, crear un debate porque si ponemos de nuestra parte, aunque sea en algo tan sencillo como renunciar al plástico, podemos cambiar las cosas. Sé que en el Reino Unido no es algo molón hablar de esto, pero debo ser honesto conmigo mismo en la música que hago”, confiesa. Y del Brexit, ¿tiene algo que objetar? “Tengo miedo a ser optimista porque seguro que me llevaría otro chasco. Si se planteara una nueva votación estoy seguro de que el resultado sería muy diferente. Muchísima gente se ha dado cuenta, aunque ya sea tarde, de las consecuencias de lo que votaron. Habrá que ver qué pasa”, apostilla. Por lo pronto, y de cara a la gira en la que se van a embarcar en los próximos meses, “ahora mismo estoy cuidando mi voz lo máximo posible sin fumar ni beber porque sé que lo haré en exceso durante este año”.

La electrónica se abre paso
La primera vez que tuve la oportunidad en 2014 de charlar con Philippakis, horas antes de su debut en el Primavera Sound, le pregunté por un remix que había firmado del “Everything We Touch” de Say Lou Lou. La remezcla era puramente electrónica y me comentó que por entonces escuchaba mucho a Underworld, Leftfield y a Primal Scream. Pero no ha sido hasta ahora, años después, que Foals se han atrevido a firmar algo así. ‘In Degrees’ va a ser la canción que más va a sorprender, para bien o para mal, a sus seguidores. O, al menos, así se lo transmito. “¿Tú crees? Pienso que tampoco va a ser para tanto. Aunque no lo parezca siempre he estado influenciado por la música de baile. Hacía tiempo que queríamos hacer algo así y este era el momento”. El veredicto de los fans no tardará en llegar.