Ferran Palau acaba de publicar “Blanc” (Halley records, 2018) con la inestimable y ya habitual ayuda de Jordi Matas (Seward). Tercer disco en solitario que lo sitúa en lo más alto de ese indie folk-pop delicado a la par que soñado. Sonoridades de tonos pastel que actúan como un auténtico bálsamo.

“Si pudiera llegar a vivir tranquilamente de mi música sin tener que trabajar en otras cosas, sería fantástico”.

Soy consciente de que a muchos de nuestros lectores el nombre de Ferran Palau les dirá más bien poco. Quizás si amplío el espectro de los datos y añado que es ese músico de aspecto tímido y menudo que sustenta con su guitarra la música de Animic, puede que alguno de vosotros empiece a conectar neuronas y lo recuerde parapetado tras la rocosa e imponente figura de la cantante del combo catalán. Pues bien amigos míos, esto se acabó. Ha llegado la hora de hacer justicia y reconocer ese talento que se filtra en su mirada. “Blanc” es su tercer disco en solitario y, además de ser su trabajo más completo y homogéneo, es una obra de folk-pop íntimo sensorial y sensitivo que no admite fisuras. Un disco que, casi sin querer, cierra una espléndida trilogía que recoge como un crisol, todo lo aprendido durante el largo camino creativo de un autor con mayúsculas. Además lo han bautizado de forma atinada como pop metafísico y la coña parece que va a tener continuidad y hasta ¡manifiesto!. (Ferran Palau) “Es una etiqueta que nos hemos puesto Joan Pons de El Petit de Cal Eril y yo para definir la música que hacemos. Lo de metafísico es una declaración de intenciones que tiene que ver con la no interpretación del arte. Yo creo que, ante cualquier expresión artística, no hay un solo mensaje y al mismo tiempo hay mil. Esa sería la forma adecuada de acercarse a nuestra música… De hecho las canciones no tienen un sentido concreto. Son cosas que no se pueden trasladar a la vida practica real. No tienen niguna función concreta y la gente es libre de interpretar una frase como quiera, hacerla suya y que forme parte de su vida”.

Claro que más allá de las etiquetas y las declaraciones de intenciones, incluso más allá de la indudable valía de este tercer disco, deberíamos quedarnos con la verdadera noticia para evitar que nos pase inadvertida. Y lo cierto es que, aprovechando que Joan Pons toca la batería junto a Ferran y ambos comparte banda, los dos músicos han decidido presentarse juntos en una serie de conciertos que se me antojan como un programa doble imprescindible que no debería pasar inadvertido para todos aquellos que apreciamos las cosas con sello de autor hechas con cariño y sobre todo con grandes dosis de veracidad. Una velada íntima en la que el embriagador susurro de Ferran Palau alcanzará todos los rincones de las almás más sensibles y predispuestas a ese bálsamo que ha bautizado como “Blanc” ”. “En la idea del sonido del disco teníamos en mente varias imágenes y todas con esa tonalidad de los colores pastel de la portada, Queríamos que los teclados le dieran ese aspecto de niebla en el que todo se ve borroso y las líneas no se perfilan de forma clara, Al igual que las letras son abstractas y oníricas, el sonido también tenia que tener ese aspecto ensoñador”. Una sonoridad que alcanza cotas sublimes en temas como “Flor Espinada” con ese aire tan David Lynch, o esa preciosidad titulada “Serà un abisme” que precede a otra delicatessen como “Tornar a començar” con esa sonoridad tan Radiohead. Temas susurrados con maestría que despliegan multitud de caricias al oyente, y que vuelven a colocar a Ferran Palau entre los mejores músicos de su generación en Catalunya. Un estatus que no se corresponde con el reconocimiento de un público demasiado minoritario todavía. “Por supuesto que siempre existe una ambición artística y, si además pudiera llegar a vivir tranquilamente de mi música sin tener que trabajar en otras cosas, sería fantástico, pero de momento esta vía está descartada. Ahora mi ambición es encontrar un equilibrio saludable entre mi familia y la musica para poder trabajar lo mínimo posible”. Y es que si algún día alguno de vosotros decide visitar las cuevas de Collbató, puede llevarse la grata sorpresa de que sea nuestro protagonista el encargado de guiarles entre estalactitas. Una actividad en la que debe alzar mucho más la voz que en sus canciones, aunque estas se eleven por si solas sin necesidad de ser gritadas.