“Buscamos que la canción se aguante con muy poco”
Entrevistas / Ferran Palau

“Buscamos que la canción se aguante con muy poco”

Don Disturbios — 21-01-2021
Fotógrafo — Marc Cuscó

“Parc” (Hidden Track, 21) es el nuevo trabajo en solitario de Ferran Palau. Un disco en el que todo se acorta o sintetiza. Versos, rítmica, instrumentación, pistas… Todo queda reducido a la esencia, lo puro. La susurrante voz del músico catalán te acuna sobre un pequeño y delicado colchón de guitarras sintetizadas, beats y líneas de bajos entre silencios y suspiros. Un paso más en su vertiginoso viaje hacia la inmensidad de la nada.

En los círculos más indies y exquisitos de Catalunya, Ferran Palau no necesita presentación. No solo por haber sido el guitarrista y co-compositor de los siempre reivindicables Anímic, sino también por su sólida carrera en solitario. Sin embargo, fuera del territorio catalán es muy probable que Ferran Palau sí precise de una explicación. Bueno, él no, su música. Ese fascinante viaje artístico que emprendió en 2012 con Nick Drake alumbrando el caamino de su primer disco “L’aigua del Rierol” (Amniòtic, 12) y que ha derivado a lo largo de estos años en Tyler The Creator y la música urbana como destellante faro de su obra. Un proceso de mutación que se ha acelerado en sus tres últimos discos “Blanc” (Halley Records, 18), “Kevin” (Hidden Track, 19) y este sublime “Parc” (21) que ahora nos ocupa y que verá la luz el próximo 19 de febrero.

A los más jóvenes de nuestros lectores el nombre de Nick Drake (1948-1974) puede decirles poco o más bien nada. Por eso cabe recordar que es el autor de tres imprescindibles discos de delicado folk-pop de autor, en los que volcaba una sensibilidad peculiar que resultaba a la vez un don y una carga. Tal era el peso que acarreaba el británico que, al final, la depresión perenne ganó la partida, y el músico acabó ingiriendo una gran cantidad de pastillas en lo que se supone un suicidio. Lo hizo justo cuando había regresado de nuevo a casa de sus padres, sin un duro en el bolsillo, y sin un reconocimiento como autor de culto que vendría años después de la mano de muchos y variados artistas. Entre ellos Ferran Palau. Si uno observa la portada del primer disco del catalán, lo verá posando justo al lado de la tumba de Nick Drake. Es una fotografía tenebrosa que además tiene una composición muy parecida a la portada del primer disco de Black Sabbath. Y no por casualidad. Otra de las pasiones de Palau, que a menudo ha marcado su universo artístico, es el mundo del terror, las tinieblas y lo oscuro. De hecho, cuando Ferran era niño su vocación era la de ser algún día maquillador de cine gore. Disciplina para la que practicaba en su cuarto, simulando en su propio cuerpo miembros amputados y heridas de todo tipo. Solo hay que escuchar temas de su segundo disco “Santa Ferida” (Halley Records, 15) como “La daga”, “Bèsties” o “Mal auguri” para ver como ese universo tenebroso se cuela en sus composiciones creando esa dualidad tan extraña en la que combina el suave, aniñado y dulce susurro de su voz con lo inquietante y tétrico.

Para los más viejos de nuestros lectores el nombre de Tyler The Creator puede decirles poco o más bien nada, pero lo cierto es que el rapero californiano es un auténtico mandamás a la hora de dejarte con la boca abierta en cada una de sus producciones. Con él nunca sabes a qué atenerte y se lanza a tumba abierta en sus composiciones desde todos los vértices inimaginables. Lo ha hecho en cada uno de sus discos en solitario, al igual que lo hizo antes como jefazo de Odd Future –colectivo en el que en 2010 ingresaría también Frank Ocean–, convirtiéndose en otra de esas piezas que ha marcado la forma de orientar el sonido de Ferran Palau. Es precisamente esa combinación imposible entre el malogrado espíritu folk de Nick Drake con la contundente a la par que austera producción de genios de lo ‘urbano’ como Tyler The Creator, lo que ha dado como resultado la química de “Parc”. Para ello ha sido necesario embarcarse en un viaje que empezó lento y sinuoso y ha acabado con el vértigo de sus tres últimos discos. Cada vez más rápido, cada vez más sintético, cada vez mas quirúrgico y punzante. Y lo mejor de todo, sin perder esa esencia primigenia que hace que la voz de Palau sea única. Una rara avis del panorama pop hispano que cuesta ubicar. Ni se puede calificar como genuino pop urbano, pero todavía menos como el indie-folk que marcó sus inicios. Ferran Palau se mueve en el limbo de ambos estilos. Porque es ahí, en ese estado difuso, tenebroso y siniestro a la par que dulce y delicado, donde mejor se encuentra. El amo y señor de la tinieblas de algodón de azúcar.

“Siguiendo con la idea del minimalismo radical, quería conseguir explicar algo, no sé exactamente qué, con las mínimas palabras”.

Se podría decir que con “Parc” has llevado ese método del “menos es más” que iniciaste con “Kevin”, tu disco anterior, a su punto más álgido. Hay menos pistas, más espacio, usas tu voz casi como otro instrumento y los bajos son más gordos que nunca. Además has anulado casi por completo tu guitarra acústica.
La acústica sigue estando en algunos temas. Pocos, pero sigue estando. Y las canciones las he compuesto todas con la guitarra en el salón de mi casa. Y es que para mí siempre tiene que estar la guitarra acústica, porque es como el nexo de unión con mi yo más puro. Así siento que no me estoy alejando tanto del que es mi punto de partida.

Pero ¿estarías de acuerdo con que en “Parc” has llevado ese minimalismo hasta el extremo?
Es casi un reto y también es mi estilo y el de mi productor Jordi Matas (Seward). Es esa filosofía de con el mínimo dar el máximo. Y llevamos varios discos trabajando y purificando esa idea. Diría que la diferencia entre este disco y el anterior “Kevin” no solo está en el hecho de que hay pocas pistas e instrumentos y buscamos que la canción se aguante con muy poco, sino que a nivel de sonido también hemos trabajado con esa idea. Por ejemplo, a nivel de estéreo el disco es más pequeño y, aunque es una herramienta muy guay y está bien utilizarla, hemos decidimos no usar el impacto de que te vengan cosas por los lados. Al mismo tiempo es un disco con menos agudos y con menos graves, pero con más “punch”. No es tan blandito como “Kevin” y los bajos son más incisivos. Aunque en realidad el bajo de este disco tienen menos graves, pero da la sensación de que está muy presente porque tiene un grave medio que punza más. Así que esa teoría del menos es más también la hemos llevado al sonido.

Sucede lo mismo con los versos de las canciones. Son muy cortos y se repiten mucho en un mismo tema con la idea de encajar con esa instrumentación tan básica.
Siguiendo con la idea del minimalismo radical, quería conseguir explicar algo, no sé exactamente qué, con las mínimas palabras. Y además quería que fueran palabras muy simples. En mis primeros discos hay un lenguaje como mucho más rebuscado y, si te fijas, cada vez simplifico más y voy a las palabras más básicas. Tanto que hasta un niño de tres años podría entender el vocabulario que uso. Hay mucha repetición y son como pequeños titulares encajados unos con otros. Y sobre todo está la idea que tú comentas de la rítmica de la palabra que para mí es importantísimo, porque yo no soy un cantante muy melódico, no tengo una gran voz y soy bastante plano, entonces mi herramienta es la palabra y el ritmo. La musicalidad y el ritmo de la palabra. Así que juego mucho con eso.

¿Piensas que, con este disco, cierras una etapa dentro de ese minimalismo que iniciaste con “Blanc” y luego con “Kevin” hasta llegar a este disco, o no te lo has planteado y aquí no finaliza nada y vas a seguir investigando por este mismo camino?
Pues mira, creo que llevo muchos años haciendo canciones y sí que me doy cuenta que en mi carrera han habido como diferentes etapas y estéticas en mis canciones, tanto con Anímic como luego con mi proyecto en solitario. Las cosas van cambiando, el mundo se transforma, y creo que los músicos tenemos necesidades distintas en distintos momentos. Y la gente que escucha música también va variando sus necesidades y ahora mismo creo que estamos en un momento en el que la percepción del tiempo es de que todo pasa muy rápido y de que suceden muchas cosas. Por eso pienso que la música también se ha adaptado a esa realidad o al menos yo me he adaptado al hecho de hacer cosas muy simples, muy cortas, y sin dejar que pase mucho tiempo sin sacar nueva música. Me doy cuenta de eso ahora porque, si me fijo en mi primer disco, es un disco en el que igual empleé cuatro años para hacer las canciones. Para mi segundo disco, tarde tres años y las letras me llevaron muchísimo tiempo. Pero era como que entonces el mundo funcionaba a otro ritmo y yo funcionaba a ese mismo ritmo. Ahora, sin embargo, todo va mucho más acelerado y yo también voy muy acelerado a la hora de hacer música. Si eso cambia en el futuro, que seguramente lo hará porque las tendencias van cambiando y supongo que aprenderemos a utilizar el tiempo y las redes sociales e Internet de otra manera, si regresamos a una onda más tranquila, posiblemente en ese momento me daré cuenta de que mis canciones tienen que ser más largas, más trabajadas y que debo sacar menos.

Por cierto, da la impresión de que, después de tantos años trabajando juntos, tienes una complicidad con Jordi Matas, tu productor, en el que hay un trasvase de ideas casi sin necesidad de hablarlas, como telepáticas.
Es tal cual lo dices. Haciendo música somos la misma persona. Nos juntamos y nos convertimos en un ente único en que él aporta su talento y yo el mío. Y eso dudo que lo llegue a perder nunca. Es mi productor y seguro que siempre va a estar a mi lado. Eso no significa que, en el futuro, no tenga la necesidad de incorporar nuevas cabezas pensantes al proyecto, o incluso grabar canciones con otro productor. Pero Jordi Matas soy yo y yo soy Jordi Matas. Somos la misma persona exactamente y eso se pude extender a más gente incluso.

Hay mucha gente que no sabrá que ambos sois primos.
Y algo tiene que ver, creo. Ahí hay química y no lo digo solo como metáfora.

¿Sois de esos primos que se han reencontrado de mayores, porque ambos teníais inquietudes artísticas o es una complicidad que ya venía de pequeños?
De pequeños sí había complicidad, pero no nos veíamos tanto como ahora. Siempre hemos tenido una relación muy guay, pero hasta que no empecé a hacer música… Me estoy refiriendo a que cuando tenía trece años él me enseñó a tocar la guitarra y los discos que yo tocaba con mis bandas de punk ya los grababa él.

¿Qué opinas del nivel de las producciones que tenemos en este país, sobre todo en lo que a la música urbana se refiere?
Espectacular. Creo que ahora hay un nivel espectacular. Digamos que todo lo que ha sucedido en esta última década han sido como treinta años en realidad. Es cierto que no ha habido una gran revolución, como la que significó la música electrónica, el techno o el hip hop en su momento. No la ha habido porque considero que la música urbana no deja de ser un refrito de cosas que ya existían con anterioridad, pero sí que veo que toda mi generación ha cogido ideas del pasado y las ha actualizado. Además, ahora se hace una cantidad de música enorme que nos llega, porque ahora nos llega todo, y claro, de esa cantidad bestial de música salen muchos talentos que, con un ordenador en su cuarto, te hacen sonar los discos que piensas que les ha costado veinte mil euros grabarlo y no. Discos que son comparables a producciones americanas muy caras como las de Justin Bieber. Porque tú escuchas un disco suyo con auriculares y te cagas encima de cómo suena, pero luego escuchas cosas que las ha grabado un colega tuyo en su cuarto y piensas: “¡Joder! Esto tampoco está tan lejos y no le ha costado un duro”. ¡Claro! Con tantas herramientas y facilidades para sacar tú música, lógicamente hace que el nivel vaya subiendo y subiendo. Los músicos nos provocamos los unos a los otros y este pique sano hace que la calidad vaya subiendo.

“Siempre digo que Anímic no nos hemos separado y estamos juntos aún. Tenemos miles de ejemplos de grupos que han tardado muchos años en sacar discos, así que posiblemente seamos unos de esos grupos”.

Es inevitable preguntarte por Anímic y si en el futuro vais a regresar.
Pues no tengo ni idea y espero que sí que algún día nos juntemos, pero ahora mismo no tiene mucha pinta la verdad. Yo sé que en algún momento Louise va a petar. Porque ella es una mujer cíclica y ahora está muy metida con Hidden Track, que es su proyecto y lleva tres años muy absorbida por su empresa. Normal, porque es una cosa muy gorda y hay que meterle mucho curro. Por eso toda su creatividad, toda su fuerza y energía, está metida en el sello. En el momento en el que todas estas jóvenes promesas que estamos sacando empiecen a caminar, y las cosas se empiecen a estabilizar un poco, necesitará cantar de nuevo porque sino se volverá loca. En ese momento ya veremos si va a ser un disco de Anímic o va a ser un disco de Louise, de otra banda o vete a saber tú lo que será. Pero siempre digo que Anímic no nos hemos separado y estamos juntos aún. Tenemos miles de ejemplos de grupos que han tardado muchos años en sacar discos, así que posiblemente seamos unos de esos grupos y el día que tengamos la necesidad de hacer algo juntos y pensemos que haciendo juntos vamos a conseguir algo que de otro modo no se podría conseguir, lo haremos.

Lo que está claro es que Anímic no se entiende sino es con toda la formación original, ¿no?
Absolutamente. Si sacamos un disco como Anímic es porque estamos los cinco. Solo que faltara uno ya sería otra movida.

Me he fijado que cuando has hablado de Hidden Track se te ha escapado un plural y no sé hasta qué punto participas a la hora de hacer de A&R o de fichar a grupos para el sello. Si te dejan opinar y si metes baza o no.
Sí por supuesto. A ver, yo no estoy en el sello como está implicada Louise para nada. Yo soy un artista del sello, pero estamos todo el día hablando sobre Hidden. Y cuando ella está mirando un artista o lo que sea, por supuesto que me pasa cosas y nos ayudamos el uno al otro. Yo intento aportar lo que puedo. En temas de gestión soy un desastre y ahí sirvo de bien poco, pero estoy produciendo a artistas del sello. He producido a Carlota Flâneur, estoy trabajando en la producción del disco de Iris Deco que va a salir el año que viene. Así que básicamente lo que estoy haciendo es eso, producir artistas.

¿Y qué tal la experiencia?
Brutal, brutal. Y es que nunca había tenido la oportunidad de trabajar con peña con mucho talento ni tampoco de hacer de productor de un artista que incluso considero que tienen más talento que el mío a la hora de componer, de cantar y de todo. Entonces estoy aprendiendo un montón y buscando nuevas formas de hacer música. Porque lo que no puedo hacer, es hacer lo mismo que haría en un disco mío con otro artista. Tengo que absorber lo que creo que es ese artista y darle lo que creo que necesita que, posiblemente, no tenga mucho que ver con lo que yo hago. A veces no, a veces sí.. Está claro que yo tengo una línea editorial (risas), pero tengo que escuchar un montón de música que no escucharía para coger nuevas ideas y cosas así.

¿Crees que la principal labor de un productor es precisamente ayudar a encontrar al artista su propia voz, más allá de la visión que tenga el propio artista de dónde está su voz? Lo digo porque el artista puede estar convencido de haber encontrado su voz, pero desde fuera se puede ver de forma muy distinta, ¿no?
Es que precisamente eso es lo mágico de Hidden Track y lo que estamos haciendo con Louise. Porque cogemos gente que aún no ha debutado, pero que tienen un talento que lo flipas y lo hacemos todo. No solo te saco el disco y punto, sino que lo empezamos todo desde cero: la imagen, el grafismo del disco, los videoclips, la producción e incluso Louise está corrigiendo letras de artistas. Es un trescientos sesenta muy heavy que, en realidad, está basado en la idea de un sello como fue Motown. Ese vamos a hacer una empresa de hits, una empresa de sacar música. Entonces, claro, el participar en Hidden Track es muy creativo. No solo es un tema de gestión, también lo es de creación y ahí entramos en lo que tú dices y nos preguntamos: “¿Cómo es este artista?¿Qué imagen?¿Qué es lo que mola?”. Nos preguntamos cómo podemos llevarlo a algo que nos guste a todos. Y la producción es exactamente eso. Si tienes a una Anna Andreu o a una Carlota Flâneur, que son absolutamente distintas, te preguntas: “¿Somos capaces de crear un mundo para cada una?”. Ese es un reto que te cagas y a lo mejor no siempre saldrá bien, pero hacerlo ya es una pasada y a mí me está encantando.

“Si tenía que demostrar algo, creo que ya lo he demostrado. Ahora podría cagarla todo el rato, retirarme y ya está”.

Este ver los toros desde la barrera, ¿te ha hecho cambiar la idea que tenías de la industria y de cómo funciona todo?¿O, como ya llevas mucho tiempo en esto, sabías dónde te estabas metiendo.
La verdad es que sí conozco cosas porque llevo mucho años metido en esto, pero sigo aprendiendo y seguramente no sé todavía ni la mitad. Aprendo mucho sobre todo de Louise porque ella es un tía que hace cosas que yo no pensaba que serían posibles. Hace cosas que, cuando me las cuenta el primer día, pienso: “¡Vaya flipada!” (risas). Pero lo cierto es que las ha acabado consiguiendo y eso me parece increíble. De hecho cuando me contó la idea del sello me costaba entender de qué iba, porque ella me lo explicaba en plan: voy a hacer algo que aún no existe ¿sabes? Louise esta intentando buscar una nueva manera de hacer las cosas. Una manera que compense todo los errores que ella ha visto que existían en este negocio durante todos estos años. Lo ha hecho con muchos errores y con algunos aciertos y así, poco a poco, el proyecto va cogiendo forma. Pero considero que nuestro mundo musical es industria, pero aún es un poco como de juguete. Entonces creo que hay que aprender un montón de cómo se hacen las cosas fuera. Lo que te decía antes, el otro día Louise y yo vimos un documental sobre la Motown y estábamos casi tomando apuntes (risas). Y es que todo esto ya se hizo hace mucho tiempo, pero queremos ese mismo concepto de hogar para los artistas. Que se sientan realizados y muy queridos en el sello. Y en eso estamos.

¿Cómo valoras el poder del single? Porque eso también ha regresado a la actualidad de los tiempos de la Motown. Ahora parece imprescindible tener un tema que rompa y viralice, ¿no?
Ya. Es muy difícil eso. Encontrar el “hook”, el gancho. Ummm, bueno, es probarlo. Mira cuando empecé a grabar con Carlota Flâneur, la canción esta que ha petado más (“Generation Of The Young Flesh”) (ndr) era como muy atmosférica. Era como Russian Red o algo así. Y Louise me dijo que teníamos que conseguir que una de las cuatro canciones del Ep fuera pop. Tiene que haber algo, un gancho, un motivo que sea pegadizo, ¿sabes? Esa es la idea. Entonces, respetando cien por cien su música y su personalidad, el reto era cómo podíamos conseguir eso. Pues bueno, hay que hacerlo investigando y recuerdo que Carlota lloró incluso… No tenía claro lo que estábamos haciendo. Ahora ya no. Ahora le encanta. Pero, claro, el cambio fue muy radical. Pero fue muy enriquecedor porque era todo un reto. Tengo una jefa, que es Louise, que me dice: “Esto tiene que ser un hit”. Y por otro lado tengo un artista que tiene miedo de acercarse demasiado al pop y ese “como encuentro la fórmula para llegar ahí” es muy divertido.

¿Eso te lo aplicas también a tú música? Buscar ese gancho del que hablas.
Sí, no en todas las canciones, pero sí, sí que lo intento. Intento refinar la forma en la que me comunico con la gente. A mí me pasa que me pongo una canción y me pillo inmediatamente y, claro, también quiero que suceda eso con mis canciones. No con todas, pero al menos con un grupito de ellas en cada disco.

Entonce imagino que, para este disco, en la que más confías es en “Reflexe”, y por eso ha sido el primer single y la que protagoniza el vídeo, ¿no?
En realidad fue Louise quien quiso que fuera así. Yo la veía demasiado oscura para ser un single, pero ella consideró que era la mejor opción para lo que va a venir luego.

¿Cuál veías tú como single?
“Amor”.

Ya, pero lo que pasa es que, al tener ese filtro de voz tan gamberro, en “Amor” como que no se te identifica…
Pero eso también lo hace más emocionante. No saber lo que va a pasar cuando suelte esa canción. Además como no soy una mega-estrella puedo hacer un poco lo que quiera y no pasa nada. Así que sí quiero sacar “Amor” como single, lo hago. No hay tanta gente que viva de lo mío como para liarla parda

Eso es cojonudo porque te da una libertad tremenda. Total, ya tienes un público fiel que te sigue y que además tienes plenamente identificado , así que puedes hacer un poco lo que te de la gana.
También porque he sacado mucha música y si tenía que demostrar algo, creo que ya lo he demostrado. Ahora podría cagarla todo el rato, retirarme y ya está. Porque mis discos buenos ya los he hecho. Así que lo que pase a partir de ahora es como la prórroga para mí. Y si este disco funciona, pues de puta madre. Y si funciona el siguiente, también. Y sino pues me pondré a producir música para Hidden y ya está.

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