“Musicalmente siempre hemos sido bastante maduros”
Entrevistas / Extraperlo

“Musicalmente siempre hemos sido bastante maduros”

Enrique Peñas — 25-05-2016
Fotógrafo — Chus Antón

Escapar de la rutina, decir las cosas claras, no dar demasiadas explicaciones… “Chill Aquí” se convierte de pronto en un retrato generacional, mientras la música subraya los momentos más funk y recorre a su manera buena parte de la tradición de nuestra canción melódica. Extraperlo ya no es aquel grupo desenfadado que sorprendió con los cócteles y bañadores de “Desayuno Continental”, cambiando aquella escena por una de la madurez a los treinta y pico. Aunque también puede ser que en realidad Alba Blasi, Aleix Clavera, Cacho Salvador, Pau Riutort y Borja Rosal -con quien hablamos en esta entrevista- no se hayan movido tanto, pero sí nosotros.

La primera sensación al escuchar “Chill Aquí” es que es un disco menos complejo que “Delirio Específico”. ¿Era esa vuestra idea al pensar en este tercer disco?
La verdad es al principio que no teníamos ninguna idea. Siempre te planteas que vas a hacer otro disco, pero nunca estás completamente seguro. Obviamente piensas en algo nuevo, pero en el proceso creativo pueden surgir dudas, y creo que este ha sido el primer álbum en el que al estar buscando las canciones llegamos a pensar si íbamos a poder hacerlo. Sí queríamos buscar una parte más orgánica del grupo, que era algo que no hacíamos desde hace tiempo. Por eso era un trabajo que resultó más difícil… Si nos poníamos en el local de ensayo, como cuando teníamos 18 ó 20 años, parecíamos un grupo ridículo, malo… Así que el reto era buscar esa parte orgánica dentro de un proyecto de ordenador.

¿Afecta eso a la forma de componer o al final solo es una cuestión interna?
Sí, totalmente, porque era la primera vez que componíamos creando loops instrumentales y cantando encima. Creo que solo había pasado antes en “Ardiente figura”. Se trata de crear una melodía libre encima de una base. Y también es una obsesión por no repetirnos en los procesos creativos para intentar no hacer una copia de algo que ya hemos hecho.

“Este disco es más honesto en cuanto a letras, más frontal, como intentando decir algo de manera más clara, sin jugar con tantas figuras retóricas”.

Las repeticiones tienen un peso muy importante en estas canciones, con estribillos que a veces son muy cortos, pero también muy machacones…
Sí, nos molaba esa idea, la verdad. Tenemos una tendencia a veces un poco esquiva con el público, porque nos gusta hacer muchas partes, que en las canciones no te aburras, y nuestro recurso siempre era ese, estar sorprendiendo todo el rato, y al final eso también nos daba la sensación de que te distanciaba de la propia canción. Es como si fueran demasiados estímulos. Ahora queríamos que no fuese aburrido, pero también generar estímulos más sensitivos, que todo fuese más lineal. Y de ahí también el título, que estuvieses a gusto dentro del disco.

Reivindicar el relax, ¿no?
Sobre todo es que al final te das cuenta, cuando estás en un proyecto de ordenador, de que está bien un poco de calma. Por ejemplo, el protools falla y te deja la canción a mitad de velocidad. Es una putada, pero a veces te das cuenta de que esa música es impepinable. Hemos tendido a bajar de tempo los temas, a buscar que cada momento fuese disfrutable y huir del agobio que a veces provoca el exceso de BPM’s.

¿Dirías que es un disco no sé si de madurez, pero sí más introspectivo, y a la vez más directo?
Es más honesto en cuanto a letras, más frontal, como intentando decir algo de manera más clara, sin jugar con tantas figuras retóricas. Un poco hostia en la cara. Nosotros siempre hemos tenido referentes de grupos que representaban cierta madurez con su música, incluso en “Desayuno Continental”, y entonces teníamos 23 años. No creo que sea algo vinculado a la edad, que a veces se conecta, sino que musicalmente siempre hemos sido bastante maduros y bastante reflexivos con lo que queríamos hacer, desde muy jóvenes. En ese sentido no creo que sea un disco de madurez, sino uno más de Extraperlo. ahora podríamos hacer un álbum o un EP distinto, que te distanciase de esa idea.

También, en una visión de conjunto, creo que es el álbum vuestro en el que las canciones tienen más matices. “La celosa”, por ejemplo, no tiene nada que ver con “Ciudad Oasis”, ni ésta con “Mecánica moderna”. Y sin embargo, todo suena muy coherente…
Hemos intentado buscar elementos que unificaran las canciones, como los arpegiadores o los sonidos de batería. Parece que no, pero las canciones cada una es de su padre y de su madre, tienen referentes distintos o ideas iniciales muy diferentes. “Desayuno Continental” igual era un poco más batiburrillo, pero en “Delirio Espícifico y “Chill Aquí” la producción sí unifica temas que en muchos casos tienen orígenes muy dispares.

La producción esta vez es cosa de Aleix Clavera. ¿Barajasteis otra posibilidad?
No, no había ningún productor con el que quisiéramos trabajar en ese momento. O, si lo hubiéramos tenido, seguramente no estaba a nuestro alcance. No hubo discusión sobre quién iba a producir el disco. En realidad no se habló, pero él es el productor, ha estado comandando todo este proceso.

¿El hecho de que se haya controlado desde dentro del grupo, hace que sea un trabajo más personal?
Bueno, no necesariamente. A ver, la respuesta lógica sería que sí. Pero pienso que cuando metes un productor en un disco lo haces de forma consciente. Cuando Pablo produjo “Delirio Específico” lo sentíamos muy nuestro. Lo que sí es cierto es que esta manera de trabajar te obliga a madurar como grupo, en cuanto a tomar una serie de decisiones. Aleix lo dirigía, pero es todo más coral, y de alguna forma es más fácil que encuentres tu camino y tu sonido cuando estás directamente implicado. Con Pablo aprendimos mucho, porque aunque él estaba produciendo nosotros estábamos presentes en todo el proceso, y eso al final nos ha dado la oportunidad de poder grabar este disco como hemos querido. Hemos subido otra escalera. Parece una chorrada, pero piensas en si vas a ser capaz de grabar todo eso bien. Crees que sí, pero te queda la duda, y lo hemos conseguido. Además, a la hora de hacer canciones nuevas nos da mucha libertad saber que lo podemos hacer. Hemos estado sacando un disco cada tres años, y eso te acaba dejando atrás, porque ahora la música funciona de otra manera. Va todo más rápido, y también sentimos la necesidad de estar pensando ya en grabar nuevos temas, elaborar un discurso, enseñar otra cara del grupo.

“La verdad es que no hemos ido a escuchar chill-wave como referente. Igual sí estaba en el imaginario nuestro, pero no hemos querido reproducir los trucos”.

Es que entre “Chill Aquí” y “Desayuno Continental” han pasado casi siete años, pero parece que fuera más tiempo, y en cambio me resulta más fácil encontrar conexiones con ese álbum que con “Delirio Específico”
Puede ser, porque los dos discos muestran una cara muy orgánica del grupo, en uno con caja de ritmos y en otro tocado. Se parece más al proceso de estar haciendo música solos, sin la figura de un productor. Pero ahora tampoco te diría que no vamos a trabajar nunca más con un productor, o con el propio Pablo, que hizo un trabajo increíble, también a nivel de concepto. Creo que está bien que cada disco sea distinto, tenga identidad y que el grupo esté vivo de esa manera, sin que dejemos de sonar a Extraperlo.

De hecho, esa es la idea con la que Pablo trabaja en El Guincho.
Sí, es algo que hemos hablado con él muchas veces, porque parece que en una banda es más difícil explicar los cambios. No sé, un grupo siempre se ve como un trayecto más en continuidad, y en cambio un solista sí puede dar más bandazos. A nosotros nos gusta mantener ciertas cosas, pero estar investigando también y poder traspasar los géneros.

En cuanto al sonido de este álbum, ¿lo principal era realzar la voz y subrayar los momentos más funk?
Lo de la voz en primer plano es porque queríamos que estuviese producido de una manera moderna, en el sentido de utilizar trucos de producción de ahora, e igual huir un poco del tipo de reverbs que habíamos potenciado otras veces. Por eso hay más voces dobladas y efectos que diesen una sonoridad intensa. También queríamos que las letras se entendiesen bien y estuviesen más presentes. Y después, la parte funky es que era la más natural ahora en el grupo. Cuando tocamos en el local o nos ponemos a improvisar siempre salen cosas de este tipo; se trataba de explotar esa vertiente en la que nos sentimos muy cómodos.

¿Esa intención de que las letras se entendiesen bien tiene que ver con el hecho de que sean historias más directas?
Sí, sobre todo se trataba de darles más valor. Es el primer disco que hemos hecho en el que las letras ya tenían vida antes de cantarlas; tienen una importancia más capital, y por tanto la producción debía ser consecuente con esa idea.

Es curioso que ahora que el chill-wave parecía un género olvidado, que se había quedado atrás, este álbum remita a ese sonido, aunque sea tangencialmente…
La verdad es que no hemos ido a escuchar chill-wave como referente. Igual sí estaba en el imaginario nuestro, pero no hemos querido reproducir los trucos. Pero las referencias eran otras: la música italiana, ideas de soft rock, los bajos muy inspirados por Steely Dan, por ejemplo… De fondo puede que sí estuviera esa idea; es algo que está detrás, pero no quieres entrar más para no caer en los clichés.

Haciendo un poco balance, no solo de este disco, sino en general, muchas veces hablamos de que lo vuestro es música triste para bailar. Pero al final ni es tan triste, porque hay momentos de humor y mucha ironía, ni es muy de bailar, ¿no? Si acaso un poco despegar el pie, pero tampoco mucho más…
Es música que a nosotros nos mueve. Y nos mueve físicamente, quiero decir, pero sí es cierto que es un baile tímido. Aunque la gente a veces se mueva en los conciertos, es verdad que no la concebimos para bailar. Hay elementos que sí son de baile, pero otros no, sino que tienen que ver más con imaginarte algo bonito fuera de la realidad. Generar una ilusión de algo. Por ejemplo, una definición que nos gusta, y que también la hemos visto varias veces, es la del futuro de la música de chaqué. Una visión que en cierto sentido remite al imaginario de la música española.

Es que, sobre todo este álbum, entronca con la canción melódica de los últimos 40 años…
Sí, nos gusta hacer esos guiños, y mostrar de algún modo esos referentes que están ahí. Valorar también la historia de la música pop española y llevarla luego por otros terrenos que nos interesan, no quedarnos en algo que ya está hecho o en un refrito de no se sabe bien qué.

En ese sentido, me parece muy signficativo que “Chill Aquí” termine con “Klavier”. Va por el piano-bar de la calle Aragón, ¿no?
Sí, sí, claro. Ahí va mucho Sisa, por ejemplo, te puedes encontrar con él con facilidad. Empezamos a ir al “Klavier” porque era uno de los pocos bares en los que se podía estar hasta altas horas tomando copas cuando cierran los bares. Y de repente nos encontramos con un mundo de literatura pura. Gente que a los 60 años seguía siendo joven, con la misma mirada de alguien no te diría de 20, pero sí de 30 y largos… Nos apetecía cantar eso, también con un toque de humor y desde un punto de vista un poco cabrón. Se trataba de retratar un poco esa pulsión.

En Madrid tenemos el “Toni2”…
Sí, también he estado. Es la misma onda. Quizá la diferencia es que en el “Toni2”, según el día que sea, cambia el público, y en “Klavier” siempre es la misma gente, o por lo menos muy parecida. Cuando entras es como decir: ‘Somos de los vuestros’.

También de alguna forma esa canción cierra un círculo, porque el disco empezaba con “Algo Distinto”, que habla de Barcelona y de la necesidad de reinventarse.
Sí, habla de Barcelona, pero también de muchas otras ciudades. Cualquier persona que lleva 30 años en una ciudad, viviendo desde el día que nació, se habrá encontrado con esa necesidad de buscar algo distinto, porque si no la vida se reduce a una rutina que se vuelve insípida. Tienes que poner algo de tu parte también para encontrar algo más allá de lo que tienes a dos metros.

Y luego hay momentos de mala leche, como en “No me toques por la espalda”. ¿Os apetecía explicitar esa sensación?
Hombre, sí, yo creo que es bueno. Barcelona es una ciudad donde se valora mucho el ‘statu quo’, todo el mundo rehuye el enfrentamiento. Nosotros nos incluimos en esa forma de ser, y a veces es bueno decir las cosas claras. Esa canción habla de alguien que en realidad no te ha hecho nada, simplemente es una cuestión de malas vibraciones. Todo te parece lo peor y no sabes por qué, vas buscando los motivos… La idea fundacional es que te toca por la espalda de una manera incómoda… Sin poner nombres, pero está basada en hechos reales.

Antes hacías referencia a cómo ha cambiado la manera de consumir música, que hace que en un momento dado te puedas quedar atrás. ¿Es algo que habéis hablado a nivel interno y que puede afectar a la manera de trabajar en el grupo?
Sí, de hecho ya estamos empezando a trabajar en bases y en ideas primigenias de canción. Pero lo mismo de repente no sabemos encontrar ese camino y buscamos otro. La intención de todas formas sí es acortar plazos a la hora de sacar nuevo material, sobre todo con la clave de que tenemos la capacidad de autoproducirnos. Esto lo convierte en algo más sencillo y natural. Formamos parte de esa generación que se ha beneficiado de la democratización de la producción, y tenemos que aprovecharlo.

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