Extrangera
Entrevistas / Christina Rosenvinge

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David Saavedra — 03-10-2002
Fotógrafo — Archivo

Christina Rosenvinge regresa de su semi-exilio neoyorquino con “Foreign Land” (Karonte, 02), un álbum de rock autoral, oscuro y arriesgado, en el que vuelven a colaborar, entre otros, Lee Ranaldo y Steve Shelley de Sonic Youth.

Disculpen el flashback, pero quizá sea conveniente. Tras su directo “Flores Raras” (98) y la finalización de su contrato con Warner, Christina Rosenvinge emigró a la Gran Manzana y allí, en compañía de Ranaldo, Shelley y los componentes de Two Dollar Guitar, Tim Foljahn y Janet Wygal, grabó “Frozen Pool” (Smells Like, 01), un disco casi clandestino que no llegó a ser editado en España. “Cuando me fui ya no tenía aquí compañía ni manager -explica-

“Siempre tuve cierta sensación de ser rara, extranjera en todas partes”

así que volví a empezar de cero. Pensé que la gente que estuviera un poco interesada podría haberlo comprado a través de Internet, pero luego he visto que casi nadie se ha enterado de que ese disco ha existido. Voy a intentar que se edite aquí”. Por encima de lo que podría parecer una anécdota, esa obra (“aunque más pop y con mayor influencia de la bossanova”) marcaba el punto de fuga de una nueva trayectoria ya apuntada en “Cerrado” (Warner, 97) y que la lleva hacia un folk-rock de búsquedas ambiciosas y resultados sorprendentes. “Foreign Land”, por el momento, culmina ese camino y descubre a una Christina desbordante en creatividad, intuición y elegancia turbadora. “Siempre tuve cierta sensación de ser rara, extranjera en todas partes. El título hace referencia a eso pero las letras no: son como una introspección dentro del deterioro de la vida familiar”, revela entre risas. Con influencias que, señala, oscilan entre la Velvet, Sonic Youth, Yo La Tengo, Francoise Hardy, Michel Legrand, un Kraftwerk, Nick Drake o Leonard Cohen, las ocho nuevas canciones parten de poso confesional, pero distorsionado a base de juegos con el oyente y un cierto tono de misterio, algo en lo que interviene el idioma: “Creo que he descubierto un nuevo filón, ya que el modo en que escribo en inglés es diferente, me permite hacerlo de una forma más indirecta, lírica y libre”. Temas como “Submission” (un sugestivo cruce entre Gainsbourg y la Velvet en el que Smokey Harmel -colaborador de Beck y Tom Waits- pone el contrapunto vocal) marcan la culminación de una ambientación invadida por claroscuros. “Esta búsqueda ha venido también por las características de mi voz, que es luminosa, cristalina, inocente… si yo hiciese música que acompañase a todo eso resultaría demasiado edulcorada, así que he intentado contrarrestar con el contenido de las letras y con la instrumentación”. Su actitud más experimental se puede vislumbrar en temas como “German Heart”, cuya idea “era ir cantando cada vez más alto hasta que la voz ya no me da y en la última estrofa ya no tengo hilo y parece que me voy a romper. Esto concordaba con la idea de una letra sobre desesperación y soledad”. Para esta canción, en concreto, se ha ideado una especie de libro-clip con fotos de Ray Loriga que acompaña a la edición del disco: “Es una historia basada en ´La Jetée´ (filme de culto de Chris Marker que es una sucesión de fotos fijas), totalmente onírica y sin sentido alguno. Puedes ver las fotos y leer el texto de la canción al tiempo que la escuchas”. Christina cuenta ahora con quedarse en Madrid una buena temporada y llevar “Foreign Land” a los escenarios.

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