“Deberíamos clasificar la música por la pretensión con la que ha sido creada”
Entrevistas / Marina Herlop

“Deberíamos clasificar la música por la pretensión con la que ha sido creada”

Raúl Julián — 10-11-2018
Fotógrafo — Archivo

Con su mezcla de profundidad y sensibilidad, Marina Herlop parece destinada a liderar la corriente que aúna el clasicismo del piano con la vanguardia más actual. Babasha (Aloud, 18) es el argumento con el que la catalana afronta el desafío, un disco elegante y melancólico pero también inquietante y vibrante, en lo que supone un turbador desborde de emociones.

¿Qué diferencias principales hay entre tu primer disco “Nanook” (Instrumental, 16)  y “Babasha” (Aloud, 18)? ¿Qué dirías que hay en “Babasha” que no estuviese presente en tu anterior obra?
Diría que “Nanook” fue algo así como un disco de penalti y “Babasha” ha sido un hijo buscado. “Nanook” es una recopilación de mis primeras canciones, compuestas y grabadas sin la pretensión de hacer un disco propiamente dicho y con todo lo que eso conlleva, mientras que en “Babasha” esta pretensión ha existido desde el día cero y ha regido cada fase del proceso. A nivel musical creo que las canciones de este segundo álbum están mejor construidas, o por lo menos es lo que he intentado. Diría que ha habido menos azar en el proceso, o que el azar ha pasado por más filtro -eso no es necesariamente una garantía de calidad pero mi personalidad del 2017 me ha llevado a hacerlo así-. De todas maneras, las últimas canciones que de “Nanook” se parecen a las primeras de “Babasha”: el cambio de álbum no es una línea discontinua en mi manera de componer o entender la música, es algo que va mutando poco a poco.

Ya con tu debut “Nanook” llamaste la atención de parte de la prensa y el público. ¿Tienes la sensación de que este disco deber ser un paso definitivo a nivel de consolidación o popularidad?
No tengo ninguna sensación acerca de ello. Es algo que cada vez me pregunto menos. No creo que sea algo que dependa únicamente de mí: mi esfuerzo es un factor más al lado de otros de igual peso, como son los gustos del oyente de nuestro momento, el inmenso trabajo de promoción y contratación que están haciendo Aloud Music y Mireia Madroñero y, en última instancia, la suerte o el sino. Yo estoy tranquila porque la parte que me concernía a mí la he hecho lo mejor que he podido. Ahora no sé lo que va a pasar, pero esta incerteza no me molesta y empiezo a entender que en realidad pasará lo que tenga que pasar.   

Creo que, a nivel artístico, “Babasha” afronta una complejidad intrínseca muy ambiciosa. Tanto que deriva en un minimalismo muy específico: uno plagado de aristas sonoras. ¿Lo percibes igual? ¿Ha sido mucho más complicado elaborar este disco que el anterior?
Sí, mucho más. En este segundo disco he sido mucho más exigente a todos los niveles, a menudo me ha dado rabia porque el perfeccionismo realmente me impedía avanzar, pero no podía hacerlo de otra manera... No sé hasta qué punto se percibirá desde fuera, pero la diferencia de horas que he dedicado a uno y otro es abismal: nunca había destinado tanta energía a algo propio. Además mi método de composición es muy rudimentario, por lo que voy muy lenta. Quizás también terminé con esa sensación de agotamiento porque con “Babasha” he condensado casi todo el tiempo de composición y grabación en un espacio de tiempo de medio año, mientras que en “Nanook” este proceso fue mucho más dilatado y pasó sin que me diera cuenta.

Las ocho canciones de “Babasha” tienden a ser extensas, desarrolladas con necesaria calma y donde la premisa del ‘menos es más’ se me antoja indispensable para alcanzar el objetivo… ¿Qué aspecto o cualidades pretendías que tuviesen estas nuevas creaciones?
“Nanook” sale más bien poco de la región tonal de do sostenido menor, y con “Babasha” tenía ganas de salir de la Comarca, encontrar armonías más luminosas, empezar a jugar un poco con el tempo y la tímbrica, y sobretodo que la estructura de las canciones tuviera alguna razón de ser. Es difícil que algo te suene muy distinto cuando existen limitaciones instrumentísticas y técnicas, y tampoco creo que sea necesario innovar a toda costa en cada disco si uno no tiene ganas, pero en este caso me apetecía dar una vuelta de tuerca y es lo que he intentado.

“Babasha” es un trabajo elegante y melancólico pero también inquietante y vibrante, en un contraste bastante inquietante. ¿Estás de acuerdo con esas cualidades o percibes el disco de otra manera?
Para mí es casi imposible percibir cualidades emocionales en “Babasha”, y en general toda la música cada vez la asocio menos a emociones cotidianas. Piensa que llevo desde el verano pasado escuchando cada fragmento miles de veces, juzgando cada canción a nivel formal, armónico o interpretativo de una manera casi clínica. A mí me gustan las canciones, las encuentro interesantes a nivel musical, pero no sabría decir qué es lo que transmiten, yo sólo siento una especie de aprobación estética. Me vienen recuerdos de cuando las compuse y las grabé, y eso me emociona, pero la música en sí no lo sé… no estoy segura.

Otra cualidad de tus composiciones es que muestran una falsa apariencia de fragilidad, pero en realidad son piezas muy fuertes que suponen todo un torrente de emociones ¿Crees que a veces lo delicado puede terminar siendo lo más fuerte o impactante de todo?
No tiene por qué, no veo que una cualidad tenga que ser causa o efecto de la otra. Quizás percibes esta fragilidad por los timbres del piano y de mi voz, que no son muy agresivos, pero yo siempre intento ser desafiante con las armonías, no ponérmelo muy fácil a mí misma como oyente.   

Precisamente tu voz tiene una gran capacidad evocadora, y creo que cantas usando fonemas (o dicho de otro modo: un idioma inventado). ¿Cómo es esa forma de trabajar y cómo colocas tu voz dentro de las canciones? En definitiva… ¿Cómo manejas esa herramienta en la composición y posterior ejecución?
Bueno, en realidad no es ningún idioma porque las palabras no significan nada, son sólo sonidos. Por ahora no he visto la necesidad de explicar algo a través del lenguaje, así que me sirvo de fonemas que me vienen a la mente o que encuentro por ahí. Lo que comparten todas estas palabras es que me resultan eufónicas, es decir, agradables al oído por su sonoridad. En este disco normalmente he construido primero las armonías con el piano, después he puesto la melodía y al final he buscado palabras que a mi juicio casaran con lo que expresaba el pasaje a nivel musical. Creo que la sonoridad de las palabras expresa algo por ella misma, independientemente de lo que signifiquen, y encuentro que es un terreno de exploración interesante, aunque no descarto poner letra a alguna canción en el futuro.

Quizá más en el fondo que en las formas, pero el caso es que nombres de artistas peculiares como los de Björk, Antony Hegarty, Thom Yorke o Joanna Newsom me han venido a la cabeza a la hora de intentar enmarcar tu propia personalidad creativa… ¿Cuáles son tus referentes y tus inspiradores?
Mira… ¡Justo estoy escuchando a Joanna Newsom mientras respondo esto! Mis referentes no son sino un amalgama de toda la música que me ha venido impactado desde que nací. Supongo que la música que me ha emocionado por su propia belleza es aquella a la que inconscientemente acudo al componer, pero es algo que no sé provocar, pasa de manera natural, es como si no lo hiciera yo -si me pidieras que compusiera algo que sonara a Joanna Newsom seguramente no sabría hacerlo-. En los últimos años he estado estudiando bastantes obras de compositores clásicos, al final son cientos de horas expuesta a un mismo repertorio, por lo que imagino que les debo muchos giros armónicos y melodías. Pero darte nombres sería equívoco por mi parte, porque en realidad te estaría diciendo mis artistas o compositores favoritos o a los que me gustaría que me equiparasen, cuando hay toda una serie de música (por ejemplo la que ponía mi padre en el coche, o la que escuchaba en el mp3 cuando era adolescente) de la que hoy me siento lejos pero que probablemente ha dejado una mella más importante dentro mío. Seguro que a la hora de componer tampoco estoy obviando toda esta música que a priori he desterrado de mi hacer musical.

En la actualidad, las fronteras entre géneros y estilos se difuminan cada vez más, enriqueciendo así a la propia música. ¿Dirías que este es un trabajo de música clásica contemporánea?
No, precisamente por lo que has dicho. Creo que la clasificación de la música atendiendo a su género es algo que está empezando a caducar, teniendo en cuenta que la música a la que nos hemos expuesto ya no está atada a unas coordenadas espacio-temporales cerradas, de modo que la que generamos es una lógica suma de todo esta heterogeneidad estilística. Creo que, en lugar de por su género, deberíamos empezar a clasificar la música por la pretensión con la que ha sido creada (explicar una historia personal, ganar dinero, pasarlo bien, construir una pieza interesante a nivel estético…). Además, por lo que sé la música clásica contemporánea tiene un circuito bastante cerrado, está ligada a la academia y es hija directa de la tradición clásica del siglo XX. Si pienso en música clásica contemporánea me vienen a la cabeza piezas atonales basadas en la experimentación con el timbre y el ruido, y esto se aleja mucho de mi propuesta.

En cualquier caso… ¿Crees que podría pasar contigo algo parecido a lo que está sucediendo con Rosalía y el flamenco? Me refiero a aunar el clasicismo del piano (y por extensión un poco de toda la música clásica) con la vanguardia más actual y llegar así a un público mucho más variado…
Bueno, yo creo que estoy más en las catacumbas que Rosalía. Ella tiene unas dotes interpretativas increíbles que, sumadas a la suavización del flamenco puro, han conseguido llamar la atención de un público masivo. Sin embargo, el interés que yo pueda suscitar creo que radica más en la parte compositiva y no tanto en la interpretativa, y soy consciente de que esta música que hago no es fácil de digerir ni apela tanto a las emociones del día a día. Así que dudo que pueda llegar a tanta gente. Además mi promoción en las redes es bastante penosa… (Risas).

Como decíamos antes, debutaste con “Nanook”, un disco publicado en Instrumental, que es el sello de James Rhodes. ¿Cómo contactasteis y qué motivó esa circunstancia? ¿Cómo fue el trato con él?
Envié el álbum a su discográfica, les gustó e iniciamos el proceso de contratación. El contacto fue casi exclusivamente con su manager, a él solamente lo vi en dos ocasiones, en las que fue muy agradable. Bueno, creo que al principio ellos estaban más entusiasmados con mi proyecto, pero esto se fue deshinchando porque teníamos maneras dispares de entender lo que podía ser mi carrera artística y lo que la rodea, así que los lazos terminaron por cortarse.

Sin embargo “Babasha” está publicado por Aloud Music, un sello acostumbrado a sonidos muy consistentes y gruesos, así que sorprende un poco la alianza… ¿Por qué elegiste este sello para tu segundo álbum?
Porque desde Aloud están mostrando un interés genuino por mi proyecto y el trato con ellos me está generando muy buena sensación. Para mí eso es mucho más prioritario que la sonoridad que se haya asociado al sello hasta ahora, que por otra parte es una convención que podría cambiar, ¿no?  

Se ha hablado bastante de tu concierto en el Primavera Club ¿Cómo fue la experiencia de tocar en un festival de esas características?
Bueno, no fue muy distinto a otros conciertos que haya ido haciendo. Lo más peculiar para mí fue que toqué a las doce de la mañana, cuando siempre había tocado por la tarde o por la noche. Pero hasta la fecha la presión/ilusión que me ha suscitado cada concierto no ha ido tanto en función del sitio sino más bien de quién ha venido a verme. Si sé que van a venir muchos colegas y conocidos me pongo nerviosa y estoy toda la semana de antes como un gremlin, pensando solamente en eso.  

¿Cómo son los conciertos de Marina Herlop a día de hoy?
No sé cómo son los conciertos de Marina Herlop, nunca he visto uno (Risas). Desde dentro hay momentos de todo, la mayor parte del tiempo estoy tensa y tengo miedo pero bueno, qué le vamos a hacer, supongo que es algo que irá cambiando. En alguna ocasión me he sentido muy Beyoncé, espero poder volverme a sentir así de poderosa en el futuro porque es de las mejores sensaciones que he tenido en la vida. No sé de qué depende, creo que no es algo que pueda controlar yo, así que me resigno a esperar que vuelva esta sensación algún día.

Dado lo peculiar de tu propuesta… ¿Los lugares donde tocas tienen que tener unas características concretas?
De lo que más influye en mi comodidad cuando toco en público es cómo me oiga por los monitores. Siempre pido reverb por el monitor, siempre me dicen que no se puede y siempre pido que solo un poquito por favor. La gente que viene a verme suele ser respetuosa con el silencio y eso también lo valoro muchísimo.

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