Surgieron en Granada y enseguida les llovieron las etiquetas fáciles. Con el segundo disco se quitaron de encima fantasmas y mitos y con el tercero contribuyen –Dios los bendiga- a matar definitivamente al indie. Llega “Cronolánea” (Universal), la confirmación de su talento para el pop de guitarras, los estribillos brillantes y los juegos de voces.

Es miércoles por la mañana y Lori Meyers están en Madrid rodando lo que será el video clip de “Luces de neón”, su primer single. A pesar del madrugón, están de buen humor, sonrientes y muy bromistas. Hace mil años que nos conocemos y sé perfectamente lo importante que es la aparición, por fin, de “Cronolánea”. Es un disco que habla, entre líneas, del compromiso, de afrontar el futuro con incertidumbre pero también con coraje. Esto no es indie, amigos. Esto es de verdad. Lori Meyers no son niños pijos que se entretienen haciendo versiones en inglés. Ellos viven de sus canciones. La música es su trabajo, su responsabilidad. Intentan convencerme, a pesar de todo, de que no había ninguna presión por terminar este esperadísimo tercer disco. “La verdad es que no éramos muy conscientes, pero nuestros amigos ya nos estaban diciendo qué coño estábamos haciendo. Ha pasado mucho tiempo, quizá más del que nosotros queríamos, pero la espera ha merecido la pena. Seguramente el próximo disco vendrá antes, no se cometerán los mismos errores espacio-temporales, aunque todo esto no suponía ni un ápice de presión, de hecho nos ha venido bien este tiempo de paro y reflexión para volver a tomar las relaciones con nuestros amigos, para escribir el disco, descansar y estar preparados para presentarlo, con mucha energía”.

Más rock que “Hostal Pimodan”, con una producción más juguetona que en “Viaje de estudios”, y con un repertorio en cuyo origen está casi siempre el piano, “Cronolánea” (“Cronolánea es nuestra línea del tiempo particular que separa el pasado del futuro, lo que vino y lo que vendrá, la cronología perfecta de nuestra historia, nuestros sentimientos y nuestra filosofía”, desvela Noni ante el misterio que me produce el título) es el disco perfecto para empezar la primavera. Vitalista, emocionante, profundamente optimista (a pesar de la crudeza de “Alta fidelidad”, con sorprendente registro vocal incluido; o la irónica amargura antisistema de “Sin compasión”), estas treces canciones son, probablemente, el mejor material que han grabado; el que más vida tiene. “Creo que en cada disco la evolución del grupo ha sido natural, sólo ha tenido que pasar el tiempo y que nuestra dedicación siguiera intacta. El proceso de composición fue diferente, hay varias canciones compuestas con la guitarra y varias con piano, y lo que queríamos es que el disco tuviera nuestras influencias que van mucho más de los sesenta y setenta mezcladas con un sonido fresco y actual. ‘Intromisión’ es una canción que deja claro el rumbo y la intención del disco”.

Otra novedad importante es la presencia vocal de Alejandro, el guitarrista. Reducida en los discos anteriores a coros, en “Cronolánea” da un paso adelante y canta tres canciones, ampliando el espectro de sonidos y matices de las canciones de la banda. Su registro, más folk, cercano al country o a nombres propios de la canción española como Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, es otro de los puntos fuertes del disco, y una gratísima sorpresa. “Alejandro lleva un tiempo componiendo y nos pasó algunos temas que tenía grabados. Lori Meyers es un grupo que lo que más valora es la música por encima de todas las cosas y si hay canciones buenas está claro que se grabarán y tocarán. Es muy productivo para el grupo que todos los miembros sean creativos. Creemos de siempre que el que compone una canción tiene que cantarla, y así aparece su voz en el disco”. “Cronolánea”, además, insiste en otra de las constantes de la banda: productores americanos con importante bagaje como músicos. Si antes fueron Mac McCaughan (Superchunk, Portastatic) y Thom Monahan (Pernice Brothers), tras los controles del nuevo disco se ha puesto un ex Uncle Tupelo y ex Wilco, el batería Ken Coomer (junto con su brazo derecho, el ingeniero Charlie Brocco) que consiguen de la banda un sonido cálido y potente, grande sin resultar épico, profundamente americano. Un sonido, imagino, como de final de Super Bowl. Noni se carcajea. “Bueno, estamos en un periodo de aprendizaje constante. La discográfica nos ofreció a Ken y Charlie, escuchamos las producciones anteriores y le dimos el OK. A nosotros nos gusta el sonido americano de los últimos tiempos y por eso siempre llamamos a productores de este país. Además, en ‘Viaje de estudios’ el productor era guitarrista, en ‘Hostal Pimodan’ era bajista y ahora, un batería. Todos contentos”.

Noni sonríe. El rodaje se está alargando más de lo previsto y hay que repetir una toma. Noni asiente y empieza a rodar de nuevo. Mientras le miro recuerdo la primera vez que vi a Lori Meyers en Granada. Sólo tenían una maqueta y ya sonaban personales. Por aquel entonces solían tocar una versión de “Hielo en vez de amor” (Los Salvajes) que encajaba perfectamente en su repertorio, una mezcla imposible entre el rock independiente de los noventa y el sonido yeyé de los sesenta. Más tarde llegó el sello pequeño, el cambio a la multinacional, las críticas y los eternos retrasos con el tercer disco. Todo me sonaba familiar, ¿a vosotros no? Ahora, escuchando el contundente “Cronolánea”, no puedo evitar pensar el los tiempos del indie. Me da un poco de vergüenza y sonrío. Ya no sirve para hablar de ellos. Ya no sirve para hablar de nada. La única palabra que nos vale es rock. Se acabaron las tonterías. El indie ha muerto. “A ver, es algo mal planteado. Para mí lo independiente tiene que ser una alternativa al canon musical que marcan las majors y las radiofórmulas. En los sesenta, casi todos los grandes estaban en una major, The Hollies, The Beatles, The Beach Boys, The Kinks, y por eso muchos los conocemos. O fíjate en Wilco, siempre han hecho la música que le ha salido de los huevos, pero en una multinacional. De hecho, si no hubieran estado en esa multi muchos no podrían haber disfrutado de su música. Lo importante no es que el sello sea independiente, sino que el músico lo sea y haga lo que le venga en gana con sus canciones. Para nosotros lo importante es ser independiente a la hora de hacer canciones. Y lo que hay en ‘Cronolánea’ es sólo eso, nuestras canciones”.