Al igual que su predecesor, “You & Me” (2008), el nuevo trabajo de The Walkmen es uno de sus mejores discos, de los más inspirados. Estamos de acuerdo. Los neoyorquinos tienen esos aires joviales y consiguen esparcir pureza. Algo ideal para ser carnaza de portada de ese indie pop con un pie en el mainstream.

The Walkmen cumplen diez años en activo. Acaban de fichar por Bella Union, donde han editado “Lisbon”, su sexto disco, inspirado en la capital de Portugal y que continúa la línea cruda y flotante de sus antecesores pero con una aspiración decididamente integradora, dejando pasar la luz. Formados tras la disolución de Jonathan Fire* Eater (que llegaron a girar por España junto a Blur), The Walkmen fueron uno de los nombres destacados de aquella espectacular remesa de bandas neoyorquinas que saludaron al nuevo siglo y definieron un poco por dónde iban a ir los tiros durante la década (The Strokes, Yeah Yeah Yeahs, Liars…). No es menos cierto, asimismo, que con sus últimas ediciones, un par de álbumes más o menos insípidos que pasaron más o menos inadvertidos, su mojo comenzaba a diluirse. La edición de “Lisbon”, un disco superior a sus dos anteriores y ampliamente celebrado por la crítica, vuelve a poner las cosas en su sitio. A veces solamente hace falta un detalle, una mínima contingencia para que se desate la inspiración. En este caso, el desencadenante fue una visita de los miembros del grupo a la capital portuguesa. “Lo cierto es que no es un homenaje ni un disco dedicado a Lisboa. Hicimos un par de viajes allí el año pasado y la ciudad nos inspiró muchísimo. De repente encontramos sentido para lo que estábamos intentando hacer”, explica Paul Maroon. “Lisbon” contiene once cortes, que hubo que seleccionar de un total de treinta. “De hecho, teníamos aún más canciones, las que pasaron el corte lo hicieron una vez que encontramos dónde queríamos ir”. Como interpretación y contextualización estilística de este álbum la prensa está haciendo alusión a las viejas referencias de Sun Records y hasta al espíritu de las grabaciones de Frank Sinatra. “Es cierto que la aspiración que teníamos era esa, salirnos un poco del tiempo dentro de nuestro estilo, pero con la prensa basta que alguien comente algo curioso para que el comentario se propague fuera de control, sin importar lo certero o desafortunado que sea. Por ejemplo, he leído en muchísimos sitios que grabamos el disco en cuatro días. Ojalá fuese tan fácil”.