A Artur Estrada, alma del grupo, le cuesta contestar entrevistas. Puede que porque es un tipo especial, un tipo con sensibilidad fuera de lo normal, o eso es lo que nos gusta creer. “Juego entrópico” (B-Core) es un paso más en la carrera de una formación tan necesaria como auténtica.

“No cambiaría ni una coma de ´Principal Primera´ –su primer trabajo- ni de este nuevo disco por respeto a las canciones y a sus circunstancias. Creo que lo importante es mirar hacia delante y seguir aprendiendo a hacer canciones”, apunta Artur Estrada. Tras un destacado debut, el trío barcelonés tuvo claro que su segundo trabajo tenía que ser diferente del primero. “Soy consciente de que a un señor que no nos conozca, el primer disco le parecerá exactamente igual que el segundo o el tercero. Pero para nosotros ha sido distinto”, continúa el guitarrista. “Te diría que ´Juego entrópico´ es un título de disco fruto de un momento de inspiración, así como lo han sido algunas frases del disco. Desde luego no se trata de un disco conceptual”. Le cuento que considero saludable y emocionante un cierto desequilibrio vital. El ex Aina me cuenta que la segunda ley de la termodinámica asegura que el universo tiende al desorden, y “nos hemos dado cuenta de que este principio puede aplicarse con facilidad a la arquitectura y las relaciones humanas”.

“Hemos crecido viendo a grupos con los que hemos podido acabar tomando una cerveza tranquilamente”

Sabiéndolo, ¿por qué no jugamos, vivimos y experimentamos? Nueva Vulcano apuesta por ello. A Wences, Albert y Artur les acompaña Marc Clos desde que éste apareciera por los estudios Ultramarinos Costa Brava el último día de grabación de “Principal Primera”, allá por septiembre de 2003. “Yo no le había visto en mi vida. Santi –productor- y él empezaron a hablar muy rápido y en cinco minutos estaba grabando el vibráfono de ´Segundas residencias´. Aquel fue uno de los momentos más ilusionantes de nuestra dilatada carrera deportiva. Grabar discos es en general aburrido y frustrante para mí porque ni sé cantar ni sé tocar ni entiendo de máquinas”. Es aquí donde entra en acción el quinto elemento, ese productor y músico llamado Santi García que lleva varios años firmando notables obras. Tuvieron más tiempo para grabar que con el disco anterior y “le dimos a Santi más poder en las decisiones, ya que, al mismo tiempo, nos albergaba en su casa, así que no era plan de llevarle la contraria”. El resultado final nos presenta a un Estrada que canta mejor, arreglos, matices y colaboraciones como la de Cristina Pujol al chelo, que anteriormente no se dieron y demuestran que existe un deseo por enriquecer un sonido ya de por sí muy personal. Si algo caracteriza a esta formación es su personal estilo, no se acercan a las últimas tendencias ni por asomo. Mantengo que en muchos aspectos se comportan como verdaderos punks. “Podría parecer que actuamos según una ética propia y que somos un grupo que va a la suya. Creo que más que eso, tenemos la suerte de poder hacer las cosas siguiendo una lógica propia gracias a la amabilidad de la gente allí fuera”. Están marcados por sus pasados musicales (Aina, Shanty RD, The Moon Men) y, además, no dejan de ser realistas, saben lo que hay. “Hemos crecido viendo a grupos con los que hemos podido acabar tomando una cerveza tranquilamente. Esto te educa de una forma diferente a si creces siendo fan a muerte de los Pixies o Nirvana. Me refiero a grupos como Samian, Jawbox, Superchunk o Mega City Four. Venimos de eso y del cariño de los fanzines”. El bueno de Turu, así es como llaman a Artur su gente más cercana, se relaja y me cuenta que últimamente escucha mucho a Calexico, que no recuerda cuál es la última película que le ha gustado y que “me parece muy frustrante que el siglo XXI no me haya dado ninguna actriz de la que enamorarme”. Es un romántico, sus letras en castellano lo demuestran (requieren su dedicación, no son de las fáciles). Las inquietudes y vivencias de un joven cercano a la treintena, barcelonés viajado y mucho más sensible de lo que aparenta. Un tema instrumental, “Contexto”, completa una colección de canciones que denotan genialidad posiblemente por su carácter adictivo (algo que en su primer disco se produce a un mayor nivel) y por esa irregularidad propia de artistas que en ningún momento se creen importantes. ”Juego Entrópico” convence con las escuchas. “Recuerdo cuando Pau –ex batería de Aina- y yo nos comprábamos los discos de Jawbreaker y Superchunk justo cuando salían… Casi siempre solían decepcionarnos las primeras escuchas. Nos costaba aceptar que quisieran cambiar, supongo que quisieron probar cosas distintas. ¿Por qué tenían que cambiar algo si aquello que hacían exactamente nos gustaba tanto? Ahora estoy totalmente de acuerdo con aquella inquietud evolucionista”. Inquietud, de eso se trata.