Casi dos décadas después de su debut “Spoke” (Quarterstick, 97), la banda de Joey Burns y John Convertino sigue a lo suyo: Haciendo trabajos como “Edge of the Sun” (City Slang/Music As Usual, 15), en los que su simbiosis de americana y sonidos fronterizos vía Tucson alcanza un clasicismo nunca acartonado, y hasta nos depara alguna sorpresa, como la cumbia electrónica.

Joey Burns (voz y guitarra fundamentalmente) nos habla desde Oslo (Noruega) justo cuando en Madrid cae el diluvio universal y parece hacerse de noche a las 11 de la mañana. ¿Casualidad que se corte la línea justo en ese momento? Afortunadamente, conseguimos culminar nuestra conversación, en la que Burns se muestra generoso con sus explicaciones. Está entusiasmado con su nuevo trabajo -compuesto en México DF y grabado de nuevo en Tucson, Arizona-, y el momento de Calexico, cuyo sonido melancólico pero recio sigue celebrando la vida en sus claroscuros e infinita diversidad. Con el espíritu comunal en el centro de todo, y la participación de gente como Sam Beam (Iron & Wine), Neko Case, Amparo Sánchez, Ben Bridwell (Band of Horses), la banda griega Takim y Nick Urata (Devotchka).

Desde el principio de vuestra carrera habéis hablado de la “esperanza” como un concepto central en vuestra música. ¿Qué me puedes decir respecto a este álbum y su título?
Esperanza (en castellano), sí. Muchos somos ya padres de familia. Cuando tienes críos, necesitas creer en que las cosas van a ir a mejor en el futuro (risas). Pero en cuanto a la composición, hay un equilibrio entre todo tipo de temas. Algunos son oscuros y honestos, pero necesarios de asumir. El tema central del disco es precisamente el camino por el que decidimos transitar en la vida, y ciertamente, hay un montón de altibajos durante ese viaje. La música de alguna manera te hace más fácil el camino y te ayuda a completarlo. Pero creo que hay mucha variedad, cada canción se refiere a un estado de ánimo. Decidimos poner mucho en poco tiempo, porque los discos son mucho más cortos ahora que lo que solían ser. “Edge of the Sun” es una especie de metáfora, como una forma poética de decir: “Aquí esta música, aquí están todos estos temas y estados de ánimo”. Y además, viniendo de una región del mundo en la que la luz del sol es tan importante, nos pareció que encajaba bien. Me evoca algunos de los libros que me gustan, como los de Cormac McCarthy, en cuanto a esta conexión con el sol.

Y luego está la portada, que encaja con ese título y llama la atención…
El arte del disco era importante. Lo hizo Ryan Trayte, que también se encargó del de “Algiers” (City Slang, 12): Ese paisaje inhóspito con una figura que podría ser el sol o la luna, y luego esa silueta que no se sabe muy bien si está entrando o saliendo. Es algo que dice mucho sobre el álbum, el proceso de hacer un disco como éste y dónde estamos en este momento de nuestras vidas. Esa idea de creer que las cosas van a ir a mejor, pero que depende de cada individuo ser parte activa en el cambio. Tienes que tirar adelante en lugar de permanecer estancado. La música da cuerpo a un montón de cosas que compartimos todos, independientemente del país del que seamos o la lengua que hablemos. Y para llegar hasta ahí, teníamos una banda -bueno, sabes que llevamos en esto ya unos años- con siete u ocho personas de diferentes países, y además decidimos invitar a nuestros amigos para acrecentar aún más el sentido de comunidad y colaboración.

Sentido de comunidad en el que es vuestro disco más abierto, con muchas colaboraciones. ¿Por qué estáis tan cómodos con esta forma de trabajar?
Creo que para los músicos esto sucede de forma natural, generalmente. No creo que sea algo tan especial en nuestro caso. Es una forma de compartir las mismas cosas y el entusiasmo común, abriéndote a nuevas ideas y de tener en cuenta no sólo tu música sino la que está a tu alrededor. Cuando estás de gira o tocando en otros festivales, o simplemente ves a algún grupo en la calle…anoche estuve escuchando a cuatro músicos en Oslo. Parecía que venían del norte de México, por los sombreros de vaqueros…pero me pareció que cantaban en italiano o algo así. Era muy raro. Les hice un par de fotos, no podía quedarme porque iba camino de la cena, y cuando volví, ¡por supuesto se habían ido! La música muchas veces es capturar la belleza del momento. Y cuando estás con gente de todos lados, te das cuenta de que esos instantes son volátiles, es difícil capturarlos. Por eso es tan importante registrar ese entusiasmo, esa espontaneidad, en el estudio.

Esta vez compusisteis el disco en México. ¿Cómo fue la experiencia?
Ir a México DF con Sergio Mendoza (teclado) y John Convertino (batería) nos permitió soltarnos como banda y pasarlo bien mientras componíamos y hacíamos maquetas. Es una ciudad increíble. Nos guardamos algunas de las pistas porque la espontaneidad estaba ahí. Es muy importante capturar esa chispa. Ya de vuelta en Tucson, Sergio me propuso llamar a Neko Case, que estaba en la ciudad, para una canción. Para “Bullets & Rocks” pensé en Sam Beam (Iron & Wine). Fueron las dos primeras colaboraciones de amigos, que se sumaron a la gente que habíamos conocido en México y la que conocimos en Grecia, de la banda Takim. Las posibilidades son infinitas (risas) y lo disfruto muchísimo. Las colaboraciones ayudan a que algunas de nuestras historias sean más globales. Temas como la desesperación de los inmigrantes, la soledad o encontrar tu propio camino son universales, pero como algunos somos del Suroeste de los Estados Unidos, tenemos un cierto background específico; al invitar a algunos de nuestros amigos, dejamos de ser una banda del Suroeste, y las canciones se hacen verdaderamente más universales. Creo que ésta es una de las razones por las que invitamos a músicos de fuera de Arizona o México.

En general, vuestro sonido reciente es bastante clásico pero en “Cumbia de Donde” mezcláis texturas electrónicas y música latina. ¿Cómo llegasteis a esa síntesis?
“Cumbia de Donde” empezó muy electrónica, pero luego se hizo más orgánica. La grabamos en el estudio de Tucson el primer día después de regresar de México. Sergio Mendoza tenía ideas para dos cumbias. Y ésta en concreto creció porque tenía algo especial, había algo único en ella. Sergio metió un montón de sintetizadores preciosos que me encantan. Y ha terminado siendo como un molde de una mezcla extraña entre cumbia (música originalmente colombiana) y sonidos sintéticos de los 80. Me gusta la distorsión (risas) y decidimos poner distorsión en las voces y en el bajo…y fue divertido. La letra dice (en castellano): “¿De dónde vienes, a dónde vas?”, que son preguntas que nos hacemos todos. Estoy en Oslo escuchando a gente hablar en noruego y otros idiomas…tienes la libertad de viajar donde puedas trabajar, con tu familia. Son preguntas esenciales. Viniendo de Estados Unidos, y en particular de Arizona, junto a la frontera mexicana, no puedes dejar de sentir empatía por las personas que buscan una vida mejor para ellas y sus familias.

Éste es vuestro octavo disco en una carrera de casi veinte años. ¿En este tiempo, en qué ha cambiado el modo en que afrontáis la grabación de un disco, si es que lo hay hecho?
Buena pregunta. En general, para mí el proceso de hacer un disco sigue siendo el mismo que cuando empecé. Te juntas con la banda, pones en común algunas ideas, tocas las canciones, compones unas letras para ellas y las grabas. Básicamente es igual. Aunque esta vez teníamos letra para un par de canciones. Ahora nos tomamos más tiempo para hacer los discos porque tenemos familia y viajamos mucho más que al principio. Pero el proceso puede ser también emocionante: El verano pasado estábamos de gira en Europa, teníamos un día libre, y decidimos entrar a grabar al estudio en Grecia. Era el día de la final del Mundial de Fútbol, entre Alemania y…Argentina. Cambiamos tiempo de estudio por una canción en directo en vídeo. Nos lo pasamos genial. Eric Burdon, el cantante de The Animals, estaba por allí y se pasó. Fue fabuloso, porque no es frecuente que podamos grabar algo mientras estamos de gira. Pensamos que sería el inicio de una especie de “sesiones europeas”. Nuestro amigo Kaki (Arkarazo) tiene un estudio cerca de San Sebastián. Tenemos equipo y tantos amigos…Sería increíble hacerlo.

Por las reseñas que he leído y las opiniones de vuestros fans, parece que el disco ha gustado. ¿Hasta qué punto os afectan las críticas, ya sean positivas o no?
Puedes echar la vista atrás y fijarte en la cifra de ventas o cómo permanece una determinada canción, pero nunca sabes cuál va a tener resonancia. En los conciertos aceptamos peticiones pero…si las compañías discográficas supieran qué canción o qué álbum va a ser un éxito, entonces no estaríamos hablando ahora. Los periodistas tienen su gusto, y eso es genial, pero cuando eres honesto y calas hondo, la gente quiere hacer sus propias interpretaciones de una canción o un disco. Eso es lo bonito de lo que hacemos. Estoy muy orgulloso de este disco por varias razones: Es un gran ejemplo del momento en que está la banda, un buen documento de lo que podemos hacer. Hay mucha variedad y espacio para que las canciones respiren, tenemos más solos de diferentes instrumentos. Creo que es un disco que destaca, aunque me gustan todos, de igual manera que me pasa cuando escucho música de Neil Young o de Tom Waits. Me encanta comprobar lo diferentes que son sus discos. Y aunque tengo mis favoritos, disfruto volviendo a los antiguos y redescubriendo cosas en ellos. Supongo que así sucederá con algunos de nuestros trabajos, incluyendo “Edge of the Sun”. Por ahora lo veo como un disco estupendo y muy variado que nos resulta fácil de interpretar en directo. Tratamos de desafiarnos a nosotros mismos cuando entramos a grabar, en lugar de replicar el mismo disco una y otra vez.