Besos de sapo
Entrevistas / Manos De Topo

Besos de sapo

Joan S. Luna — 27-04-2009
Fotógrafo — Archivo

Están aquí de nuevo. La formación que más encrespa a los defensores del pop cool, el grupo más misógino del país, el más cínico: Manos de Topo. “El primero era mejor” (Sones) es su segundo larga duración, además de la constatación de que su propuesta se ha consolidado ya como una de las más brillantes del panorama estatal.

Para no ponerles las cosas fáciles, vamos a empezar este reportaje poniendo a Manos de Topo –léase Miguel Ángel Blanca (voz y guitarra), Alejandro Marzoa (teclados), Pau Julià (bajo) y Rafa de los Arcos (batería)- en un aprieto a propósito de “El primero era mejor”, su segunda obra maestra consecutiva tras el sorpresivo “Ortopedias bonitas”.

"Hay que reírse de todo, de la tragedia, de la mala suerte y de las críticas"

Los defectos ante todo, como a ellos les gusta. Hace poco un servidor escribía que este nuevo disco era excesivamente continuista con respecto al anterior. (Alejandro Marzoa) “Nuestra intención no era ni mucho menos desmarcarnos de lo que es el sonido y estilo de Manos de Topo y creo que eso lo seguimos conservando. Seguimos siendo el mismo grupo, aunque saquemos un segundo disco, por lo tanto es normal y lógico que recuerde al primero. Pero si nos ponemos a analizar las canciones por separado, creo que las estructuras son más extrañas que en ‘Ortopedias bonitas’ y dan pie a canciones auténticamente locas como puede ser el caso de ‘Tortilla’ o ‘Palabra de Eva Sannum’. En todos los aspectos creemos que éste es un disco más completo, más cuidado y mucho más agradable de escuchar, aunque está claro que la gente ya no se va a sorprender tanto como con el anterior. Me imagino que la gente que se ponía por primera vez el disco y empezaba a escuchar ‘El cartero’ con Miguel Ángel diciendo lo que decía y emitiendo esos ‘gemidos’ debía alucinar”. Y ahí se acaba todo. Cualquier otro argumento en contra de “El primero era mejor” se me antoja fuera de lugar.
Una de las virtudes (sí, virtudes, han leído bien) de Manos de Topo es su sorprendente capacidad de tomarse la vida a pitorreo y la música muy en serio. Habrá quién lo dude, pero ese difícilmente será capaz de profundizar en el cínico universo de unos creadores ciertamente particulares y totalmente uncool, en estos tiempos de tanta tontería. (Rafa de los Arcos) “Siempre hemos tenido sentido del humor vital, al margen de la música, pero una cosa es vivir las cosas con humor y otra no tener algo muy serio que decir. El humor es un tono, pero el vehículo ha de ser mínimamente honesto, serio y bien hecho para que tu discurso no caiga en la tontería gratuita”. A quienes quizás no gusta su cinismo y su brillante misoginia sea a las chicas que hayan pasado por su vida sin quedarse. Hasta ahí me gustan. Donde otros se lamentan y echan mano de un tópico tras otro hasta provocar el bostezo, Miguel Ángel Blanca suelta unas frases más venenosas que la picada de un escorpión amarillo. (Rafa de los Arcos) “Manos de Topo nació como una forma de dar rienda suelta a nuestras ideas por alocadas que parecieran. Nos juntábamos las tardes que no teníamos nada que hacer e inventábamos las historias (las letras) sin analizar demasiado si tiraban por la misoginia o si la voz de Miguel Ángel era o no digerible. Siempre se trató de tener un punto de vista diferente sobre las historias de amor, dar voz a esos otros pensamientos que no son tan populares, pero que todos tenemos en cuanto los sentimientos se revolucionan”. (Miguel Ángel Blanca) “No conozco a gente más cínica, en serio. Los viajes en furgoneta son un derroche de cinismo, ironía y maldad. No hay perdón... Tenemos pasteles de nata para todos los decanos. Pero sin maldad, ni azúcar. Creo que el concepto es ‘hijoputillas’. Francamente creo que hay que reírse de todo, de la tragedia, de la mala suerte y de las críticas. ¡Sobre todo de las malas! Disfrutamos mucho de ellas. Es como cuando Andy Kaufman, el humorista, sabía que iba a morir de cáncer y pretendía hacer un sketch en el que aparecía Santa Claus con un regalo para Andy y le dice contento: ‘¡Este año te traigo un cáncer!’. Ahí está... Las letras nacen de esta hermandad cínica e hijoputilla. Normalmente planteo un tema para la canción o una sensación que estaría bien transmitir con algunas frases y conceptos. Después entre todos las vamos ordenando y ordeñando hasta que cuajan en la melodía. Normalmente todos estamos de acuerdo. De lo contrario es cuando hay que imponerse y nace la dictadura; algo así como la Cienciología: todos sus seguidores dicen estar conectados con el mismo punto de vista...”. Lo curioso es que los miembros de Manos de Topo y su vocalista son los primeros conscientes de que mucha gente no se adentra más en su cancionero (y por tanto en su imaginario) al verse incapaz de superar la barrera que supone escuchar su histriónica y deliciosamente llorona forma de cantar, lo cual es a todas luces una injusticia. (Miguel Ángel Blanca) “Es absolutamente normal. Escucho el nuevo disco y alucino de lo que tira para atrás la voz al principio. Con el ‘Ortopedias’ pasaba lo mismo, incluso más porque canté especialmente mal. Pero de eso se trata, de la belleza de las narices enormes, la grandeza de los dientes mal puestos, el apostar por las calvas perfectas, las barrigas horribles, las tetas caídas o las voces lloricas. Seguramente la gente a la que le gusta Manos de Topo fue la capaz de saltar esos cien metros vallas que es la voz. Pero después les valió la pena. No es injusticia, es ganas de llegar al centro de la tierra, donde se está más a gusto y hay esqueletos de dinosaurios. Somos amantes de las segundas lecturas y del leer entre líneas. Creemos que ‘El primero era mejor’ es eso, una dentadura desordenadísima. Al principio bajarás la mirada, aterrorizado, pero después puede que le encuentras el encanto. Puede que, a veces, el lugar más bonito sea dónde no puede llegar el cepillo de dientes. O puede que no y ese sitio dé realmente asco”.
Ahora dejemos de lado los textos del grupo y vayamos por la música, una de las grandes bazas de su propuesta que siempre queda en un segundo término por aquello de la voz que les decía unos párrafos más arriba. Un robusto esqueleto acústico aderezado con millones de pequeños detalles que convierten cada canción en una miniatura pop preciosa. (Pau Julià) “La verdad es que a lo que dedicamos más tiempo es a jugar a la máquina recreativa que tiene Miguel Ángel en casa. Luego nos rompemos la cabeza para intentar crear un esqueleto para la canción al que no le falte ningún hueso y que no de mucho miedo. Los arreglos salen por el camino, normalmente hacia el estudio de grabación, y como esta vez hemos grabado en Sant Feliu de Llobregat en vez de en Barcelona ciudad, nos dejaba media horita buena cada día para ir pensando”. Incluso sonando tan acústicos, Manos de Topo se permiten firmar algunas subidas de intensidad en alguna que otra canción como si estuviesen destripando eléctricas. (Pau Julià) “Realmente la única premisa que siempre hemos tenido respecto a nuestro sonido es: usar el PT-1 siempre en modo Fantasy; cuyo sonido es indiscutiblemente característico y está muy bien logrado (¡gracias Casio!). Pero en lo demás estamos abiertos a todo. No usamos guitarras eléctricas porque no tenemos, pero creemos que, por ahora, la acústica nos acerca, aunque sea simbólicamente, a la canción de autor, además de transmitirnos la frescura del instrumento con el que se han compuesto la mayoría de los temas”.

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