Sea lo que sea lo que Brian Wilson tenía en la cabeza antes de enloquecer, todo el mundo parece poseer una idea propia al respecto. Ni siquiera la publicación de “Smile 2004” puede cambiar la percepción del “Smile 1967” de cada uno y, sinceramente, eso tampoco sería deseable. Cierto es que, con algo menos de leyenda, se hubieran evitado muchos wilsonismos mediocres, que los hay, pero tampoco existirían los fascinantes High Llamas, o ese absurdamente ninguneado “Melancholia” de Modesty Blaise.
No es malo que haya paja, siempre que finalmente se pueda separar el grano. Y The Heavy Blinkers son grano. De hecho, han elegido ser el grano de mejor calidad del granero. El equivalente a lo que anteriormente fueran Free Design y Van Dyke Parks, o a lo que hubiera sido un remiendo imposible de Teenage Fanclub, los Bee Gees y la ELO. Nada de The Polyphonic Spree o The Hidden Cameras, a pesar de las radiantes armonías vocales y las orquestas; los Blinkers buscan la perfección, te dejan el culo entumecido de tanta perfección, mientras que aquellos buscan otra cosa. Eso sí, los hechos son los hechos, sobre todo si son hechos consumados, y, con “The Night And I Are Still So Young” en la mano, discos de pop clásico como éste habrá pocos este año. Muy pocos.
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