Territorio de delirio
Discos / Emilia Y Pablo

Territorio de delirio

7 / 10
Yeray S. Iborra — 30-06-2021
Empresa — Madame Vodevil
Género — Canción

Hay músicas que funcionan como la piel del melocotón. El terciopelo que recubre la fruta y que eriza la piel, e incluso provoca alergia, protege el interior. La sabrosa carne. “Territorio de delirio” responde al mismo principio: la parquedad del vestido de los temas, áspera a menudo, refuerza la belleza del contenido.

El álbum debut del dúo chileno afincado en Madrid, Emilia y Pablo, es un anclaje a la tierra. Una raíz de tanta profundidad que llega a despistar en los días sintéticos que corren. Pero hay que dar oportunidad a la combinación de los dos artistas. Excusas sobran: la penetrante “La negra atilia-Rito”, la mestiza “Flores muertas-Exasperación”, que comparten con Niño de Elche, o la que abre el disco, presentación homónima y de fuerza andina, “Territorio de delirio-Zona cero”.

Precisamente “Territorio de delirio-Zona cero” fue el primer adelanto del álbum. Hace meses de ello. Ahí reside otra de las fortalezas del proyecto: el tiempo ha jugado un papel crucial. El disco se ha dejado madurar, ha caído del árbol y no ha quedado macado: Emilia y Pablo es un proyecto sin prisas.

Es tal la educación, curtida en cantidad de escenarios, de la voz de Emilia Lazo y de Pablo Cáceres, que “Territorio de delirio” es –me explico– un ‘incordio artístico’ convertido en una digestión asumible. Es indudable la voluntad de escarbar del dúo. Pero no desde la altura encriptada, sino desde la conexión cuerpo-voz sufrida y disfrutada. La voz es el más poderoso transmisor de los mensajes, pero no el único.

Los a capella se suceden… sin llegar al ejercicio de estilo. A ello ha contribuido Diego Galaz (La M.O.D.A. o Quique González) en la producción: hacer de “Territorio de delirio” un disco de envoltorios cuidados. Joropo, bolero o chacarera. Suave. Fino. Todo a favor para que traspasen las ideas. Desde la música a los subtítulos que acompañan cada canción tras los guiones. Desde las letras a unos videoclips –gran dominio del movimiento y de lo escénico el del dúo– que dotan al conjunto de nuevas lecturas. La cuestión es ampliar juntos los misterios.

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