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New Order directo Liam Gillick ∑(No,12k,Lg,17Mif) So It Goes...

Los de Manchester se han recreado en su glorioso pasado y digno presente con varios directos recientes (“Live At The London Troxy”, “Live At Bestival 2012”, “NOMC15”) que, sin tirar por los suelos el prestigio ganado, tampoco destacaban especialmente. Este nuevo álbum, empaquetado con el buen gusto habitual de una banda que durante años estuvo en la vanguardia del pop más perfecto, trasciende el directo convencional y condensa canciones de los tres shows que la banda ofreció hace un par de años en los viejos estudios Granada (donde debutaron Joy Division), durante el Manchester International Festival (MIF): un experimento visual-sonoro auspiciado por el artista conceptual británico Liam Gillick. Gracias a la selección de canciones, es el directo más estimulante y especial que han publicado tras su resurrección sin el carismático Peter Hook.

Bajo el título de una abstrusa fórmula matemática (detalle muy Factory), New Order arrancan con una solemne lectura instrumental de “Times Change” de “Republic” (93) y recuperan algunas de las gemas de su repertorio, intercalando cortes de su era primitiva (“In A Lonely Place”) con hits (una gran toma de “Bizarre Love Triangle”) y algún rescate de sus últimos trabajos, como la estupenda “Who’s Joe”. Como plato fuerte, se atreven con la tremenda “Disorder” de Joy Division, casi cuatro décadas después de tocarla por última vez. El experimento les sale bien. Y debió ser inolvidable para los privilegiados que estuvieron allí.

Arropados por una gran “orquesta” de doce sintetizadores, combinando lo analógico y lo digital a partir de la idea de Gillick, y aprovechando el buen sonido, se sobreponen a las limitaciones vocales de Sumner, cuya voz escasa (nunca ha sido Frank Sinatra) se resiente: la edad no perdona. En cualquier caso, es una ocasión inmejorable de recuperar maravillas del fabuloso “Technique” (89) como “Dream Attack” o “Vanishing Point”; joyas perdidas de “Low Life” (85) como “Elegia” –dedicada en su momento a Ian Curtis–; cumbres del pop como “Your Silent Face” o la rítmica y oscura “Ultraviolence”, de “Power, Corruption & Lies” (83); singles que marcan toda una época (“Sub-Culture”, también de “Low Life”); o canciones inmortales de Joy Division como, además de la mencionada, “Decades”. Todas, con un envoltorio instrumental sobrio y respetuoso. Hasta cortes menores como “Guilt Is A Useless Emotion” o “Plastic” no desentonan en un doble que se disfruta de principio a fin: fiel testimonio de su inmenso, inagotable legado.

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