Mary Rockings
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Mary Rockings

7 / 10
Sergio Iglesias — 04-10-2021
Empresa — Autoeditado
Género — Hard Rock

De las cenizas de bandas como Inoiz, Ready Aim Fire e Indomables, Mary Rockings nos presentan su disco debut en el que, partiendo de claras referencias clásicas que se mueven entre el rock sureño, el soul y el hard rock, han sabido crear un interesante sonido propio y característico.

Grabado y producido por Alberto Macías en los estudios Pon Pot de Getxo, el álbum comienza, potente e intenso, con “Créeme”, una clara declaración de intenciones que aprovechan para reivindicarse, y dejando claro cuál va a ser el rumbo de la banda a lo largo de todo el disco. Un primer tema en el que mandan las guitarras que, junto a los teclados, dan esa identidad personal a esta nueva banda. Precisamente, los teclados son los grandes protagonistas del siguiente tema, un “Nada cambia” que, no sé por qué, me recuerda al “Parece que anda suelto Satanás” de Barón Rojo otra de las grandes influencias de la banda. “Yo prefiero estar en el infierno, hay más bares y conciertos de rock and roll, el cielo es aburrido”… aquí se intuye un futuro himno en directo.

“Ritmos prohibidos” es la más larga del conjunto, una especie de preciosa ópera rock que pasa por diferentes ambientes, y que sirve como muestra de que nos encontramos ante unos músicos excepcionales. Por si las pulsaciones habían bajado, la banda pone en marcha el motor de su moto, que ruge salvaje en “A dos ruedas”, una canción en la que, bajo una cobertura un tanto “macarra” (sin que esto se tome como algo despectivo, ni mucho menos), se vislumbra un mensaje de libertad cuya imagen, en esto del rock, tantas veces ha sido representada por la carretera. Riff machacones y eficaces a lo AC/DC en “A la deriva”, una canción que mantiene el ritmo enérgico y en el que vuelve a destacar la perfecta compenetración entre todos los miembros de la banda. “Loco” podría ser el tema que, quizá se puede salir un poco del tono general del disco, un rock and roll “tequiliano” o “burningiano” que, sin embargo, no desentona en el sonido de la banda, e incluso se presenta como otro cañonazo imprescindible en los directos. Para terminar el disco, Mary Rockings se despiden mostrando su parte más íntima y relajada, con una emotiva balada que nos va transportando hasta el final del disco.

Poco más que decir, aparte de que nos alegra mucho ver que todavía se hace buen rock añejo por aquí y que contamos los minutos para verlos en directo en esos infernales garitos de rock donde todo es más divertido que en este cielo de mascarillas y asientos.

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