Somebody’s Knocking
Discos / Mark Lanegan

Somebody’s Knocking

8 / 10
David Pérez — hace 4 semanas
Empresa — Heavenly Recordings
Género — Rock electrónico

Una de las voces más arenosas y oscuras de las tres últimas décadas de rock, vuelve respaldada por su banda y con sus mejores galas de trovador gótico, pero esta vez, junto a la población de murciélagos que acechan bocabajo en su cueva, cuelga una gran bola de espejos que nos hará bailar hasta que la noche y la madrugada ardan y dejen de ser.

Si ya en sus dos anteriores trabajos como Mark Lanegan Band, “Blues Funeral” (12) y “Phantom Radio” (14), zigzaguearon sintetizadores y ritmos industriales en muchos temas, fue en su anterior “Gargoyle” (17), disco en “solitario” (rodeado de amigos habituales como Josh Homme, Greg Dulli y Alain Johannes, aparte de repetir con Duke Garwood, tras “Black Pudding” (13), y firmar nueva conexión con Rob Marshall, compartiendo gran parte de la composición de este trabajo), donde mezcló con más naturalidad la negrura de su ADN, con su gusto por la electrónica.

Ahora, en este flamante “Somebody’s Knocking” se desmelena y recupera los sonidos de la Manchester más efervescente y ochentera, dando rienda suelta a todo su amor por los latidos electrónicos de la vieja escuela. De la hipnótica y ondulante “Letter Never Sent”, a la acelerada y divertida “Stich It Up”. Con New Order y Depeche Mode bajo las alas, pasando por Joy Division, Echo and the Bunnymen y el Bowie más krautrock en vena. Sin olvidar el regusto a Sisters of Mercy en hits como el adelanto “Night Flight to Kabul”, con una base rítmica muy marcada y guitarras y teclados atmosféricos.

Todo sin perder ninguna de sus afiladas caras, provocando quemaduras con su rugido de inframundo desde el disparo a quemarropa inicial de “Disbelief Suspension”, que rezuma el espíritu de Iggy y los Stooges del “Raw Power” (73) en cada embestida; además de dejar su sello crooner en medios tiempos como “Paper Hat”, “She Loved You” o en el balanceo final de “Two Bells Ringinng at Once”.

Sigue habiendo y siempre habrá fantasmas alrededor de Lanegan, pero con canciones como “Penthouse High” a todo volumen, ninguna espectral cadera aguantará intacta de tanto contonearse en medio de la reflectante pista de baile.

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