Ataque Celeste
Discos / El Columpio Asesino

Ataque Celeste

8 / 10
Enrique Peñas — 21-02-2020
Empresa — Oso Polita
Género — Rock

Seis años después, la idea del fin de algo que recorría “Ballenas Muertas en San Sebastián” (14) permanece en “Ataque Celeste“, aunque ahora el tono sea otro, con una perspectiva más personal que social. Tanto que, incluso teniendo entre manos este sexto disco de la banda navarra, por momentos uno llega a pensar si lo de desaparecer, como cantaba Cristina Martínez con Nacho Vegas en “La última atrocidad“, es siempre una opción. “Ya no queda oro en toda la montaña, no encuentras las palabras, empieza a amanecer…”, cantan en Tu último relato, acercándose al precipicio en una historia de agotamiento que musicalmente quizá sea lo más pop que han firmado en sus veinte años de trayectoria. Esa línea, perturbadora y accesible a la vez, se mantiene a lo largo de un álbum más breve aún que los anteriores, confirmando lo que apuntaba su primer adelanto, “Huir“, con un infeccioso toque funk.

En conjunto, “Ataque Celeste” no tiene la cuchilla afilada, ni tampoco el peligro de los temas más hirientes de El Columpio Asesino, pero la amenaza continúa latente. Baste como ejemplo el estribillo de la muy bailable “Preparada“, corte con más matices de los que un apresurado contacto pueda revelar, ganando a cada escucha y subrayando el protagonismo vocal de Cristina Martínez, en tanto que Albaro Arizaleta únicamente asume el mando en un par de canciones. Una de ellas es “Lechuzas, cuters y somníferos“, la más cortante del disco, recuperando ese ambiente insano tan propio de los autores de “Diamantes” (11).

Atrás quedan también las imágenes crípticas de antaño, sustituidas ahora por textos como los de “Sirenas de mediodía“, que abundan no tanto en el nihilismo como en una sensación de vacío. La imagen es igualmente desoladora en “Mi general“, mientras que “Siempre estás tú” devuelve el álbum a esa idea primera de ruptura y huida, y una frialdad electrónica que crece de forma constante (un poco a la manera de La Bien Querida más oscura de temas como “Crepúsculo“), antes de desembocar en la instrumental “Ataque celeste“, epílogo de un regreso que despacha la celebración más rápido de la cuenta, a juego con un tiempo en el que odios y pasiones se queman a diario con acelerante.

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