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“Sé tú mismo y ten claro que eso es más que suficiente”. Nada define mejor el regreso de Frank Ocean tras cuatro años que la voz de su madre a través de “Be Yourself”. Esa grabación telefónica convertida en pista fundamental de “Blonde” donde la confianza, la drogadicción y la autenticidad son las verdaderas protagonistas. La nueva etapa de Ocean está cargada de recursos utilizados en “Channel Orange”, de temas reciclados de años pasados y un enorme hype que ha jugado claramente a su favor. Pero, aún así, el regreso del artista ha sido tan espectacular como esperábamos.

Más preocupado por generar texturas únicas que por construir un himno que forme parte de la historia de la música. En “Blonde” volvemos a enfrentarnos a esa guerra vital que Ocean desarrolló en su debut. Pero, con un gran añadido, ahora su batalla no reside únicamente en buscar una salida para conseguir ser quien siempre soñó ser. Se basa más en aceptar que es un completo extraño en un mundo que no termina de comprender, cruel, duro y consumista. Frank expone su crecimiento personal, su búsqueda del yo, su enfrentamiento a la soledad y las responsabilidades de la madurez.

“No soy valiente. Prefiero vivir fuera”, algunos temas del álbum como “Seigfried” juegan con ese gran interés de saber más acerca de su sexualidad. Temática que aumenta con cierta carga erótica de algunas de las piezas o ese poema bajo el nombre de “Boyfriend” que publicó en “Boys Don’t Cry”, la revista que acompañó de forma gratuita al lanzamiento de “Blonde” y que contó con colaboraciones de lujo como Kanye West o Lil B. Y es que, el apoyo y la lista de invitados al regreso de Frank Ocean es realmente interminable.

Hay para todos los gustos, pero lo mejor de todo es la forma en la que Frank ha hecho uso de ellos. Tener a Beyoncé en un tema puede llevar a eclipsar el protagonismo de la pieza por completo. Sin embargo, la aparición de la diva en “Pink + White” es casi anecdótica. Aunque, más fugaz es aún el uso de Kendrick Lamar en “Skyline To” donde su voz es prácticamente irreconocible. Eso sí, el artista firma también como productor y compositor del tema junto a Frank. Y es que es aquí donde “Blonde” se corona como uno de los discos más ambiciosos del año. En los créditos que hay tras cada una de las historias del esperado regreso de Ocean.

Sam Petts Davies (“A Moon Shaped Pool”), Matt Mysco (“The Colour In Anything”), Benjamin Wright (The Temptations, Michael Jackson, Justin Timberlake), Bob Ludwig (Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Nirvana) o Joe Visciano (David Bowie, Adele, Arcade Fire). Todo el mundo quería colaborar con el músico en el álbum que le convertirá en estrella. Y que, al ritmo que va, pasará a ser un imprescindible del género. Un proyecto que consiguió alcanzar la cumbre de las listas llevando a otro nivel el rnb y el hip-hop intimista que ya usaron figuras como Kanye West o Drake.

“Blonde” es un álbum con una riqueza sonora envidiable. Que consigue unir la evolución del mejor RnB americano con la elegante electrónica británica de figuras como Jamie XX. Que busca en las guitarras que hicieron historia una base donde apoyarse para dejar descansar a los sintetizadores (Jonny Greenwood hace de las suyas en algunos de los temas). Que se mete en el dream-pop con “Ivy”, saca su lado acústico en “Self Control” y hasta hace uso de voces robóticas junto a raperos orientales en “Nikes”. Tema seleccionado como presentación del álbum.

Entre tanta diversidad, no nos podemos olvidar de hacer una mención especial a ese “Endless”. Primer álbum de esta era que conocimos dos días antes de “Blonde” y que sirve como propuesta completamente opuesta al disco estrella. Sobriedad, un carácter más lineal, romántico, clásico… Entre los grandes nombres de esta entrega encontramos a figuras como Michael Uzowuru a la producción (Earl Sweatshirt, Vince Staples), Rostam Batmanglij (Vampire Weekend) con las guitarras, James Blake en los sintetizadores, Sampha, Arca… Pero, lo más interesante es la pareja que construye Ocean con la infravalorada Jazmine Sullivan a la que posiciona como la segunda voz en gran parte del álbum.

Con cada lanzamiento Frank muestra las dos caras de la moneda. Y aunque, a veces, recurre a un lenguaje demasiado críptico que nos cuesta descifrar. Cuando te metes en el mundo de Ocean, acabas conectando con sus conflictos y continuos cuestionamientos. Su gran búsqueda de la libertad, sus aspiraciones creativas, su guerra personal. Porque, si hay algo que une cualquier pieza que haya lanzado el músico desde sus comienzos es ese afán inconformista ante un estilo de vida impuesto que no le termina de convencer. Frank juega desde una posición privilegiada en la industria musical actual. Le adoran, es cierto, pero sabe hacer uso de ello como nadie.

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