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Billie Eilish disco

Los que sufrimos de noche y mueren al despertar. O, al contrario, los que no hay alarma que ahuyente. ¿Qué monstruos dan más miedo? Billie Eilish, que padece parálisis del sueño e insomnio, lo tiene claro: no hay diferencia. Son vasos comunicantes. Por ello, la estadounidense ha lanzado una diatriba a la perturbación. Desde ya, alerta pavorosos, igual o más vívida que el propio mal que la azota.

“When We All Fall Asleep, Where Do We Go?“, su primer y esperadísimo álbum de estudio, recoge –por elevación artística y no sin poca sorna– el sufrimiento de esta joven de diecisiete años. No sólo lo hace en las letras y la estética, Eilish es la hija zeta de Tim Burton, sino también en los sonidos. Y no es algo sorprendente. La californiana había infectado en menos de dos años las plataformas de streaming con su pop lúgubre, elaborado mano a mano con Finneas, su hermano mayor, en la habitación de éste. Lo había hecho en base a colaboraciones suculentas, como la de Khalid para la banda sonora de “Por trece razones” (17), y gracias a un denominador común: la diversidad.

La cantante había transitado con acierto desde R&B hasta electrónica disruptiva y densa. Su voz había sido comparada con Lana del Rey, Lorde… Entre sus canciones más reproducidas había neo soul (‘Idontwannabeyouanymore’) y beats agresivos (‘You Should See Me In A Crown’). De lo que no teníamos previsión era de que pudiese condensar –casi– todas esas referencias en un mismo tema. Su nuevo largo, formado por catorce piezas que hilan una narración (las tres últimas: ‘Listen Before I Go’, ‘I Love You’ y ‘Goodbye’), inicia una forma total de entender la cultura masiva, donde ya nada aburre. Sus músicas se pasean de un género a otro sin complejos. Las hay que hacen de ese giro su adicción: ‘Bad Guy’ o ‘Xanni’. De la miel al óxido. Como en los sueños, nada es lo que parece hasta el final.

“No quiero hacer la misma canción una y otra vez”, respondía Eilish a este medio. “Quería un manojo de sonidos diferentes, pero que sonaran cohesivos”, matizaba a los segundos. No hay duda: el gran acierto de “When We All Fall Asleep, Where Do We Go?” es que dispara calambrazos cada poco tiempo. A su vez, bálsamo para la crítica, está producido en una misma familia de colores. Suena homogeneo. Ideal para listas de reproducción, ideal para puristas. Fantástico para nuevas generaciones, con las que ya conecta sin freno (en su primera visita hizo sold out). Nuevos oyentes que no le hacen ascos a pelotazos de ascendencia urbana, que incluso pueden llevar consigo algo de glitch vocal, un recuerdo a Aphex Twin. ¿Les parece un sueño ver a un chavalín escuchando fragmentos de IDM de una artista con tarántulas en la boca? Ya se pueden frotar los ojos. Así viene el pop en 2019.

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