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chancha via circuito bienaventuranza

Quién sabe si el productor Pedro Canale, aka Chancha Via Circuito, ha vivido con presión el lanzamiento de “Bienaventuranza” (Wonderwheel, 2018). El nuevo largo no es solo su cuarto álbum de estudio, sino también la esperada continuación de “Amansara” (2014), el disco que puso al argentino bajo foco.

Cada cual con sus demonios, pero hay algunos factores que hacen intuir que el músico se ha aislado con éxito de las expectativas ajenas: el cedé nace más de cuatro años después que su predecesor (prisas, las justas); lleva por título un palabro que, según el mismo productor, significa algo así como felicidad; ha vuelto a contar con manos amigas, todas puntales de los sonidos latinoamericanos de vanguardia (desde el peruano Mateo Kingman hasta Sara Hebe, sin olvidar a la imprescindible Lido Pimienta); y no se ha dejado llevar por la lógica pujante de la cumbia electrónica repetitiva.

En “Bienaventuranza” también hay dancehall –buena culpa de ello la tiene Manu Hanks– e incluso house selvático. De hecho, hay un poco de todo: canciones de género, más desnudas, como “La victoria”, pero también ambient místico, “Gira gira”, o folk andino, dulce y delicado, dígase “Los pastores”.

Sea como sea, el beat ya no está en primer plano, como en su predecesor, y abundan las maneras de tratarlo. Sin patrón, que no sin rumbo, Canale se ha abierto a que lo que haga caminar a sus temas no sea siempre la percusión: melodía, timbres y colores variados. Dicen que diversificar alivia la presión.

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