Sábado 4 de junio de 2016

Pasarse fugazmente por la actuación de The Chills, uno de los nombres más emblemáticos de la escena pop neozelandesa, era algo obligado, más para rendirles homenaje que para disfrutar de una actuación que casi se solapaba con la presentación del cuarto disco de Manel (en la foto inferior) en Barcelona. Así, fue un placer descubrir que estaban en plena forma y que su retorno estaba más que justificado. Pero asistir al concierto de los catalanes era indispensable para constatar si eran capaces de reinterpretar su nuevo repertorio, más electrónico, de cara al directo. Y lo consiguieron. Vimos al mismo grupo de costumbre, excelentemente adaptado a su nueva línea, con un Guillem Gispert que va sintiéndose cada vez más cómodo sin ningún instrumento entre manos. El suyo fue, junto al Minimúsica, el show que congregó a gente de edades más diversas en las primeras filas. Autolux volvían nuevamente al Primavera después de formar parte del cartel del Coachella, con mayor repertorio, pero con las mismas ganas de combinar sus dos caras, la más efectiva y la más cruda. El resultado fue una actuación en la que destacó más su vertiente más raruna que la más accesible, lo cual a la hora de su actuación me pareció francamente razonable.

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En esta edición los sonidos más duros y metálicos han tenido menos presencia en el festival, pero fue un placer encontrarnos con Angel Witch en el Auditorio Rockdelux, ataviados con sus mejores galas. Porque pocas veces puedes enfrentarte a la esencia de la New Wave of British Heavy Metal a un palmo de tu cara en un gran auditorio, con sonido e iluminación perfectos. Escuchar “White Witch” en directo con la voz de Kevin Heybourne, el único miembro que queda original de la banda, es un regalo.

Uno iba con muchas esperanzas puestas en U.S. Girls, pero lo cierto es que a Meghan Remy le costó conectar con el público. Puede que fuera la hora, un sonido pasable, que su propuesta resulta algo dura si se escucha ahí por primera vez o que su directo no lleva demasiados artificios, pero el caso es que la mayoría de las caras del público transmitían indiferencia hacia lo que veían y Remy estaba demasiado inmersa en su propia interpretación como para arreglarlo. Además, parte del público estaba esperando para a ver Pxxr Gvng en el mismo escenario y poco interesados en su propuesta. Muchos -un servidor incluido- acabarían pasando al escenario Pitchfork, donde sucedía lo contrario. Dâm-Funk estaba solo ante el peligro haciendo bailar al personal, que sin ser demasiado numeroso sí estaba metido de lleno en el groove. Igualmente efectivo cuando cantaba que cuando se ponía tras los platos, abordó su lado más G-funk y se atrevió a homenajear a Prince con dos temas al final de la sesión, que sin ser excesivamente lucida funcionó para ir entrando en calor cuando aún no sabíamos lo que nos tenían preparado Pxxr Gvng.

Si hubo una sorpresa inesperada en esta edición del Primavera Sound (junto a la petición de mano que relataremos unas líneas más abajo) fue sin lugar a dudas la actuación de Pxxr Gvng junto a la Orquesta Supernova. Mientras todos esperábamos presenciar una vez más con el torpe directo karaoke al que nos tienen acostumbrados, nos encontramos con que los pobres salían al escenario (enfundados en trajes de colores llamativos) para adaptar algunos de sus temas más emblemáticos en clave salsa, acompañados por casi una decena de músicos. Una jugada maestra que dio buenos resultados y que sorprendió a propios y extraños. Yung Beef cantó más que nunca, no hubo chicas bailando en el escenario y Steve Lean apenas apareció en los minutos finales. Es decir, que la actuación estuvo mejor por lo que tuvo de inesperado y de festivo que por su ejecución, aunque tanto nos dio, la verdad. Lo que no sorprendió demasiado es que Drive Like Jehu estuviesen en una forma óptima, dado que se han mantenido en activo con diferentes proyectos (desde Hot Snakes a Obits). Quizás su esencia más nirvanera le ganó la partida a la más post-hardcore, pero la energía fluyó a raudales desde el minuto uno y no cesó hasta que se despidieron. Su actuación justificó sobradamente la leyenda que gira alrededor de sus dos álbumes y su posición en el cartel.

Mientras todo esto acontecía en los escenarios más grandes, en el más pequeño bautizado como NightPro y destinado a grupos todavía por conocer y desarrollar, los peruanos Kanaku y El Tigre se lo hicieron pasar en grande a los pocos que acudimos verlos, muchos de ellos paisanos de la banda que conocían bien sus canciones. No en vano uno de esos momentos que un festival como el Primavera provoca, y anda destinado a ser guardado en el recuerdo, fue cuando público y banda entonaron a coro ese himno en el que se ha convertido su tema bandera “Si te mueres mañana”. La banda estaba encantada sobre el escenario con mejores vistas al mar, y solo el hecho de tocar en Barcelona les animó a no dejarse desanimar por competir en hora con un titán como Brian Wilson. Pusieron toda la carne en el asador con su alegría y desenfado y demostraron que piden a gritos una gira por clubs. Justo finalizar las dulzonas melodías indie-latinas de los Kanaku había que correr al escenario Primavera para presenciar a uno de esos que nunca defraudan y cuyo nombre acostumbra a ser sinónima de concierto solvente y elegante a partes iguales. Richard Hawley desplegó sin apenas esfuerzo toda esa clase de la que hace gala, y que se fundamenta en ese toque clásico de su guitarra y esa sedosa  voz de crooner maduro que cautiva sin estridencias. Puede que su actuación no vaya a destacarse en muchas de las crónicas que se harán del festival, pero nadie le puede quitar el hecho de su capacidad para crear auténtica magia sonora sobre un escenario, hipnotizando al respetable como pocos.

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Antes de comentar la actuación de Pj Harvey debo informarles de que no soy un gran admirador de su reciente “The Hope Six Demolition Project”, pero viendo a su creadora interpretarlo rodeada por una formación de auténtico lujo (John Parish, Mick Harvey, Terry Edwards, Alain Johannes…) sirvió para entender su concepción y cuál es el sentido musical auténtico (no el político) que esconde este nuevo repertorio. Eso viene a significar que el concierto me atrapó desde el inicio, con una Harvey arrolladora en su nuevo papel sin necesidad de comportarse con la fiereza de antaño. Dejó para la recta final clásicos como “Down By The Water” o “50 Feet Queenie”, pero mucho antes ya nos había vuelto a conquistar.

Tocaba el turno de Cronos y sus Venom (en la foto) en el escenario Adidas Originals. Hace ya casi un año de su actuación en el RockFest de Barcelona y esta vez actuaron ante menos audiencia, pero igualmente entregada ante estas leyendas británicas que descargaron la primera dosis de maldad pura y dura que se pudo oír en el Primavera Sound de este año. Cronos se puso manos a la obra y cantó clásicos como “Witching Hour”, “Welcome To Hell” y temas de su nuevo disco como “Long Haired Punks”, pero la parte final puso a los fans literalmente los pelos de punta. Los británicos tocaron “Countess Bathory” y una explosiva “Warhead” para abandonar a continuación el escenario. Por suerte los astros se alinearon y volvieron a aparecer para interpretar su himno “Black Metal”, en una actuación enérgica y metalera como ninguna.

A pesar de que Sigur Rós son siempre uno de los grupos más esperados por la parroquia del Primavera, a esas horas muchos temían que los islandeses fueran básicamente un bajón. Algo que benefició a un Action Bronson que lo dio todo y convenció a cualquier incrédulo que pasara por allí. Un directo de hip hop perfecto para venirse arriba, divertido, que no se quedaba en ir tirando las canciones una tras otra sin más sino que resultaba dinámico y casi espontáneo. Dos conclusiones claras: Action Bronson no es ninguna copia de Ghostface Killah y “Mr. Wonderful” (Atlantic, 15) está plagado de hits.

Reconozco que a priori no tenía intención de presenciar el concierto de Julia Holter. Admiro su valía y personalidad, pero a pesar de las excelentes críticas que siempre acarrean sus trabajos discográficos, nunca he acabado de encontrar el punto de encuentro que me vincule emocionalmente a su música. Pues bien, a partir de este Primavera borro de un plumazo todas mis ideas preconcebidas sobre la cantautora estadounidense que, sencillamente, me dejó prendado con su magnetismo, su personalidad y una voz de ensueño que enamora. Su concierto sonó mucho más sólido y rocoso que en sus discos, y canciones como “Feel You” o esa preciosa sinfonía de pop raruno que es “She Calls Me Home” desmontaron todas las estúpidas reticencias que acarreaba hasta la fecha. No hay nada como un buen directo para cambiar la percepción que uno puede tener de un artista y su música, y ese es uno de lo principales motivos por los que vale la pena el esfuerzo titánico que en ocasiones representa un evento de estas características.

En el H&M y justo después del fantástico concierto de PJ Harvey, los islandeses Sigur Rós también justificaban sobradamente su posición en la parrilla de actuaciones de este año. Sin más acompañantes que su guitarra, su bajo, su batería y electrónica, Jónsi Birgisson, Goggi Hólm y Orri Páll Dyrason se enfrentaron a miles de personas con una confianza que se transmitió en su repertorio. Sonaron robustos y ensoñadores al mismo tiempo, épicos y melancólicos, como de costumbre vamos, pero con una solidez que pocos con una formación así pudieron reproducir durante el resto del festival. Si a eso le sumamos las proyecciones que les arroparon en todo momento (con una parte inicial que sorprendió a propios y extraños) y que abrieron un nuevo corte, “Óveður”, poco más queda por decir. Mientras los de Jónsi nos conquistaban con sus paisajes y sus personales melodías, los estadounidenses Parquet Courts y Unsane y los australianos Money For Rope se repartían al público que prefería guitarras más duras y veloces. Los primeros contagiaron su espontaneidad al público sin demasiado esfuerzo (de las tres bandas, fueron los que gozaron de mayor número de personas viéndoles), aunque a actitud les ganaron Money For Rope, que tuvieron que vérselas con la gente en el escenario más pequeño, Nightpro. Pese a ello, se dejaron la piel.
Unsane, posiblemente una de las tres bandas más fieras de toda esta edición, encabritaron a quienes apostaron por ellos. La mejor canción de su set fue, como no, “Against The Grain”, con ese riff infinito sobre el que Chris Spencer se deja las cuerdas vocales.

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Si hay que hablar de conciertos contundentes en la jornada del sábado, la franja en la que coincidieron Ho99o9 y Ty Segall (en la foto) se lleva la palma. Este último puso la parte más celebratoria con un concierto enorme en todos los sentidos, tanto en sonido como en lo visual, enfundados en monos y con la careta malrollera de Segall apareciendo a ratos. El papel de frontman desquiciado le sienta como un guante, y bien respaldado por los Muggers -que tampoco se quedan en una simple banda de acompañamiento, ojo- se merendó a cualquier otro grupo de garage del festival. Y eso que pocos precisamente no son. Mención aparte para el fan que subió al escenario y le hizo competencia al propio Segall, poniendo el listón de locura del concierto en lo más alto.

La actuación de los estadounidenses Ho99o9 debe situarse, sin dudarlo lo más mínimo, entre los mejores conciertos de esta edición. Brutalidad y oscuridad combinadas a la manera de unos Death Grips con ganas de más jarana. Mientras el batería se dejaba la piel tema tras tema, theOGM y Eaddy daban zancadas en el escenario y emulaban a las estrellas del hardcore de los ochenta (el punk, no el rapero) soltando rabia sobre sampleados de guitarras a toda velocidad. De ahí que la mayor parte de los temas explotasen en apenas dos minutos, que sampleen a Black Flag o que cerrasen su concierto con una versión del “Attitude” de los mismísimos Bad Brains.

Islam Chipsy & EEK prometían aportar una mirada diferente a la electrónica y no decepcionaron. A base de sintetizador y dos baterías repartieron ritmos contagiosos y melodías frenéticas, con un sonido crudo y una energía desbordante. Lo repetitivo se transforma en su caso en virtud más que en carencia, y el hecho de que hundan sus raíces en la música popular egipcia no los hace en absoluto menos accesibles para oídos occidentales.

Ya acercándose la salida del sol los que abarrotaban la clásica sesión de despedida de DJ Coco se perdieron la lección de techno que estaba dando DJ Richard abajo, más musculoso en directo que en su último -y muy recomendable- largo de estudio, “Grind” (Dial, 15), y sobre todo que sus trabajos anteriores, donde se mostraba más cercano al ambient. Junto con la de Maceo Plex las mejores sesiones del festival.