Cuando se trata de Magaluf, cualquier eventualidad imaginable es posible. Desde el mamading, pasando por el turismo de borrachera y acabando en un trágico balconing. Este fin de semana, la localidad de Calvià ha recuperado la cordura y ha focalizado la actualidad isleña en el antiguo recinto de un famoso parque acuático de la zona, que se ha aprovechado para dar vida a la tercera edición del Mallorca Live Festival. Tras sembrar una sólida base durante los años anteriores, en los que se dejaron ver cabezas de cartel como Placebo, Amaral, Lori Meyers o Morcheeba, este año la guinda musical ha crecido exponencialmente en cuanto a instalaciones, presupuesto y asistentes. Dos días, veinticuatro horas de música en directo, cuarenta artistas y 24.000 asistentes.


11 de mayo

El primero de los dos días arrancaba con mucha expectación. Los asistentes eran conscientes de que este era uno de los tinglados musicales más importantes del año en la isla y la campaña promocional previa creaba unas expectativas a superar. Se empezaban a cumplir cuando la puntualidad de su programación era más que evidente. Tal y como se estipulaba, a las seis de la tarde se abrían las puertas y media hora más tarde empezaba la jornada musical. El primer acorde lo pusieron Jump To The Moon, directos desde Murcia, con un pop muy singular y una actitud joven que se correspondía a la energía plasmada en la puesta de escena. Lo hacían en el primero de los tres escenarios del festival: el Estrella Damn Stage. Algo así como el escenario mediano, cubierto por una larga carpa que delimitaba la pista de baile. Pronto se solapaban con Thony Bloom, la primera apuesta local, que destapaban el Sol House Stage, el mayor de los tres escenarios.

Tras el pistoletazo de salida, se iniciaba una guerra de preferencias. Pasadas las siete de la tarde y con una entrada exponencial de asistentes en el recinto, Joan Pons y sus El Petit de Cal Eril ofrecían un pop-folk psicodélico que contrastaba con la orgía rumbera de Muchachito que, en esta ocasión, hizo vibrar el Sol House Stage en solitario y con mucho ritmo. Los minutos corrían y Luis Alberto Segura y su banda no decepcionaban. L.A. es uno de los proyectos imprescindibles en la escena mallorquina y el público respondió estando a la altura. Tras empezar a entrar en calor, los asistentes pudieron disfrutar del primer grupo internacional de la noche: Black Lips, con su garaje rock desde Atlanta dejando huella con temas como Family Tree o Raw Meat.

En el rincón más al Este del recinto encontrábamos el Tragus Tramuntana Stage, el escenario con menor dimensión del festival. Pequeño pero matón. Contaba con un triplete local en el que relucía el talento idiosincrásico de Mallorca. Gate 4, los ganadores del concurso Mallorca Live Talent celebrado el año pasado abrían paso humildemente a las bandas pequeñas en un terreno de gigantes. Tras su actuación, era el turno de The Wheels, consolidados en el panorama nacional y cargando las pilas para su inminente y vertiginosa gira mundial que romperá las barreras insulares. En ese momento, el entregado público se extendía casi hasta fundirse con los espectadores del Sol House Stage, ubicado a su espalda. Muchos se quedaron a ver a Jane Yo, locales y compañeros de sello de The Wheels, que desprendieron su ambicioso repertorio de post-punk.

Si nos remontamos a la primera gran congregación de asistentes en esta edición del festival tendremos que viajar hasta el Estrella Damn Stage y gritar poesía revolucionaria con La Raíz. Los de Gandía se despedían de la isla con esta fecha que se suma a un largo listado de conciertos y festivales de su gira de despedida Nos volveremos a ver. Doce años creando himnos a través de sus canciones. Y se notó en la ejecución de su espectáculo, uno de los directos más destacados de la parrilla.

Pasadas las 22:30 horas, y habiendo superado el ecuador de la primera jornada festivalera, llegaba uno de los momentos estelares: Izal realizaban su segundo concierto de presentación de la gira de Autoterapia (Hook, 18), su último trabajo. La explanada general se rellenó rápidamente de pequeñas figuras que conformaron un mar de asistentes. El sol ya no lucía y las luces de la escenografía de los madrileños iluminaba las caras de los miles de congregados. Un directo a veces llano que contentaba a los acérrimos, que coreaban sus canciones, pero que dejaba que desear en cuanto a cuestiones técnicas y de sonido en un grupo de su calibre. Mikel Izal salía al escenario golpeado por la polémica creada en las redes sociales sobre un presunto acoso sexual y, sin pedirlo ni mencionarlo, algunos de sus fans más devotos corearon cánticos de apoyo al frontman. Paralelamente y, a la vez huyendo del mainstream, se plantaba uno de los fenómenos de la música urbana en España, que ofrecía a los desinteresados y decepcionados provenientes del show de Izal una alternativa empoderada y, para algunos difícil de digerir: Bad Gyal. La joven catalana salía a darlo todo con una alta dosis de autotune y con la torpeza de empeñarse en repetir constantemente el nombre de Palma para referirse a la zona donde se celebraba el festival, siendo esta Calvià. El repertorio no defraudó a los asistentes, que bailaron y corearon hits como Fiebre, Mercadona o Jaracanda, mientras la cantante ofrecía unas trabajadas coreografías acompañada de dos bailarinas. Una hora de actuación. Calculada y suficiente. Mientras Izal seguían con sus canciones en el Sol House Stage, Chancha Vía Circuito seguía la estela alternativa de Bad Gyal y nos regalaba una especie de cumbia electrónica muy singular proveniente de Argentina.

Si decidías quedarte en el Sol House Stage tras el concierto de Izal, tenías un doblete de headliners. Primal Scream eran los siguientes. Los escoceses liderados por el que fuera batería de The Jesus And Mary Chain, Bobby Gillespie, no tuvieron su mejor noche. Una puesta en escena insípida y poco recíproca con los espectadores, que se mostraron más bien poco movidos frente al escenario y desorientados frente a los recuerdos de los Primal Scream de hace una década. Para huir de esta pequeña decepción, muchos de los asistentes se refugiaron en el deep house del alemán Henrick Schwarz, que sirvió de precedente para la traca final del “Día 1”: el electropop de La Casa Azul; los mash-ups de Djs From Mars y la destreza en la mesa de mezcla de Mladen Solomun, uno de los exponentes del techno/house contemporáneo.

12 de mayo

Primer día, primera resaca. Doce mil almas vibrando durante doce horas de música en vivo. Y estábamos en el ecuador. El segundo día empezaba con doblete local de la mano de Monxos y Stuffed Soup, dos grupos jóvenes que se hicieron con el poder de los dos escenarios de mayor magnitud y dieron la bienvenida a los ansiosos asistentes primerizos. En segunda instancia, la parrilla se dividió entre dos suculentas propuestas: el indie pop de Polock desde Valencia; y las atmósferas de Oso Leone, quienes aprovecharon las toneladas de monitores del escenario grande para resaltar un bajo imponente que acompañaba un mantra de sutiles líneas de guitarra, sintetizadores y percusión salpimentada con la cuidada voz de Xavier Marín.

Kase.O

Kase.O

Morgan eran los terceros en el Estrella Damn Stage, precedidos de los madrileños Capital en el Tragus Tramuntana Stage, hasta llegar a uno de los momentos álgidos de esta edición. En el descampado se empezaron a ver gorras, vestimenta ancha y camisetas de Violadores del Verso. Era el turno de Kase.O. R de Rumba puso el beat y Javier Ibarra Ramos saltó al ruedo para comerse al público. No faltó el apoyo del rapero para Josep Miquel Arenas, más conocido como Valtonyc. Hacía escasas horas que el Tribunal Constitucional había rechazado admitir a trámite el recurso contra la condena de tres años y medio por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona. También hizo referencia al feminismo, la guerra y la superación en su discurso. Paralelamente, los madrileños Sobrinus que, junto con The Wheels, fueron los encargados de musicar la fiesta de presentación del Mallorca Live Festival en Madrid ,desplegaron su rock en el escenario contiguo.

En la mitad exacta de la segunda jornada, volvíamos a tener interferencias. En el Tragus Tramuntana Stage actuaban Agoraphobia. Las de Boiro, Galicia, tomaron las riendas de la energía y contundencia en femenino mientras al otro lado del recinto salía al escenario con gran expectación Macaco. El catalán dejó caer regalos como Con la mano levantá, Mama Tierra o Moving, que desataron el éxtasis de los asistentes. En el Sol House Stage actuaban El Columpio Asesino, quienes no crearon gran entusiasmo entre los deambulantes, que aprovecharon para recargar fuerzas y celebrar un aniversario muy especial. Pasadas las once de la noche los mallorquines con proyección nacional Sexy Sadie volvían a los escenarios para celebrar el veinte aniversario de It’s Beautiful It’s Love (Subterfuge Records, 98), el álbum por excelencia de la banda y un clásico entre clásicos de la música independiente española. A su vez, los argentinos Los Espíritus actuaban en el Tramuntana.

Entrada la madrugada y la recta final de la tercera edición del Mallorca Live Festival se produjo, quizás, el momento más esperado de la noche. Con la amenaza inminente de la lluvia y con un ligero retraso que desentonaba en la puntualidad de la celebración, los británicos The Prodigy aparecían en escena. Fue el momento en el que más gente se postró delante del Sol House Stage. Desde la primera fila hasta las barreras traseras. No cabía ni un alfiler. Liam Howlett dirigía mientras Keith Flint y Maxim empezaban a dar brincos en el escenario y la gente enloqueció. A medida que iba aumentando su intensidad, la lluvia iba cayendo con más y más fuerza. Nadie se inmutó. Todos saltando, todos empapados. Era el momento del día y nada lo iba a fastidiar. Con The Prodigy no hubo problema. Las ganas pudieron contra las adversidades, pero la lluvia finalmente hizo estragos. La última actuación del festival en el Tragus Tramuntana Stage, de la mano de The Market Noise, fue cancelada por motivos de seguridad.

El cierre de esta edición dejó de lado el rock y las bandas para dar lugar a los DJ’s y las máquinas. El mallorquín Kiko Melis hizo de las suyas en el Estrella Damn Stage, cubierto y refugiado de la lluvia por la larga carpa del escenario. Acto seguido y tras la explosión emocional de The Prodigy, el pastel se repartió entre el francés Vitalic y los americanos !!! (Chk Chk Chk), otro de los cabeza de cartel del festival, que volvieron a combatir las condiciones climatológicas y animaron al público mallorquín a desafiar la lluvia. Los valientes que resistieron al tute general y al agua se quedaron con una sola opción. El cierre del Sol House Stage, por Dj Coco, también se canceló por motivos de seguridad e hizo enfadar a muchos de los asistentes, que se reencontraban por segunda vez con una situación así. La carpa del Estrella Damn salvó la última y estelar actuación de este año: Nina Kraviz, otra confirmación que hizo mucha ilusión a los abonados. La rusa cerró una edición ecléctica y llena de emociones.

Valió la pena. No nos engañemos. Muchos echaban de menos un festival de este calibre en la isla. No sólo porque la insularidad dificulta exponencialmente la programación de giras y demás, sino también para poner en valor el talento local y poder disfrutar, por una vez, de artistas internacionales sin tener que coger un avión. El ambiente fue inmejorable y la organización estuvo a la altura. Magaluf se convirtió este fin de semana en la alegría de la isla. Sin excesos. Sin polémicas. Regaló a su isla el sitio que se merece en el punto de mira musical.