Menos es más. Esa fue quizás la lección más contundente de cuantas impartió ayer el americano Josh Ritter. Sin necesidad de una gran banda, ni tan siquiera de un discreto acompañamiento, su voz y su guitarra fueron suficientes para compensar a todos cuantos nos habíamos quedado con ganas de verle por fin como protagonista, tras su último paso por nuestro país como telonero de The Swell Season. Pocas veces puede verse al público de El Sol tan callado y respetuoso. Una atención que Ritter consiguió nada más pisar el escenario con un hat trick que noqueó hasta al más despistado de la sala y le consiguió la escucha mimada que merecen “Good Man”, “Snow is Gone” y “Change of Time”. Ésta, ya de su último álbum, “So Runs the World Away”, posiblemente, uno de los mejores que vaya a darnos este 2010 y que ayer, su autor, nos hizo disfrutar desde una perspectiva de desnudez y recogimiento que le sienta especialmente bien al disco; reinventando sin necesidad de grandes cambios esa historia de amor maravillosa que es “The Curse” y erigiéndose como gran maestro del fraseo, el ritmo y la intensidad. Ahí es nada.
En este ambiente de complicidad con el público, Ritter también supo encontrar los momentos en los que bromear e introducir alguna que otra historia de esas que arrancan risitas. Pero el momento mágico de la noche que, quien más quien menos, todo el mundo estaba esperando, llegó cuando su mujer, Dawn Landes, se subió al escenario para acompañarle. Poco antes lo había hecho ella sola, ejerciendo una vez más de telonera de lujo (recordemos que una de las últimas veces que estuvo en España fue acompañando a Elvis Perkins) y defendiendo (en la línea de la noche), sola con su guitarra, canciones como “Straight Lines”, con la que consiguió incluso el acompañamiento del público. Solos, insisto, impusieron la máxima del menos es más, pero juntos, y recordando a unos Stacey Earle y Mark Stuart jovenzuelos, nos condujeron a un final redondo. Y como broche, un homenaje a una de esas grandes influencias en la música de Ritter que menos suelen destacarse, pero que él dejó clarísima con su interpretación, magistral, de “The River”, del maestro Springsteen.