Hasta los confines de la ciudad
Conciertos / Noroeste Estrella Galicia

Hasta los confines de la ciudad

8 / 10
Marcos Gendre — hace 4 meses
Empresa — Concello de A Coruña
Fecha — 06 agosto, 2019
Sala — Recinto del Festival
Fotógrafo — Prensa Festival Noroeste

Ni las lluvias típicas de agosto en A Coruña, ni los cambios de ubicación de última hora pudieron restar peso a un festival que se ha consolidado como uno de los más apetecibles para la parroquia indie estatal. No es para menos, cuando la propuesta se basa en una contextualización de la ciudad herculina bajo patrones sonoros, donde, a diferencia de O Son do Camiño, la oferta incluye un interesante porcentaje de artistas locales. A partir de esta pauta de acción, 75 artistas de diferentes palos de la cosmología pop y rock han trufado calles y plazas de un arco iris musical que tuvo como punto de partida el martes 6 de agosto. Ese día fue el dedicado a rendir homenaje a una figura irreductible de la canción protesta como Paco Ibañez, que tiró de repertorio para dignificar este subgénero musical en horas bajas. Clásicos de barricada como “Palabras para Julia” y “A Galopar” fueron interpretados con el temple y la austeridad apropiada para dejar sellado uno de los momentos más exclusivos de esta edición del festival.

Por su parte, Holywater  tiraron de su deuda endémica con el rock emocional de los noventa para ofrece una actuación de atmósferas y sentimientos encontrados. Mucho más luminosa fue la ex The Delgados Emma Pollock. Ya solo por el mero hecho de haber pertenecido a una de las bandas clave de la explosión pop escocesa de principios de siglo, es suficiente aval para entender la relevancia de su presencia, subrayada por su vibrante registro vocal. A lomos del mismo, surgió un repertorio que, sin estar a la altura, de sus tiempos dorados, sació el apetito de todo amante del pop de cinco tenedores.

El miércoles 7 vivió la presencia de la prometedora Elba, cuya deuda con el post-punk existencial de Joy Division se dio la mano con la teatralidad pop de Kate Bush. En base a esta mezcolanza, pudimos asistir a un concierto rico en interpretaciones. Después de la santiaguesa, fue el turno de Baiuca, para quien la multitud presente obligó a dejar gente fuera de la Fundación Luis Seoane, donde tuvo lugar su enésima demostración de cómo el folclore gallego es una de las vías más provechosas de la actualidad para enriquecer la pulsión electrónica. El triunfo del gallego rivalizó con la emotiva presencia de Los Hermanos Cubero que, a pesar de la lluvia incesante y repetidos fallos de sonido, salieron indemnes por medio de un concierto alambicado a través de su último trabajo: motivo más que suficiente para vivir la actuación más intensa de todo el Festival. La suma de un violinista y un contrabajo dieron cuerpo y cielo a unas canciones que sonaron entre el goteo lacrimógeno de las nubes y el que caía del rostro del respetable. Después de semejante demostración de sensibilidad a flor de piel, lo de Soleá Morente quizá supo a poco, a pesar de que, día a día, su repertorio crece lo suficiente como para auparla como una de las voces más granadas dentro del flamenco pop actual. Lo cual refrendó una vez más, esta vez desde los límites de la ciudad.

Baiuca

El jueves 8 empezó con sesión vermouth, en la que destacaron Dr. Spectro, trío donde el fantasma de Arab Strap se deja mecer por corrientes de synth pop ultra físico, lo cual redundó en una actuación sorprendente, con temas a recordar como “La mirada” o “El vínculo”, que los elevan a ser una de las realidades más estimulantes del actual circo pop. Por su parte, Los Árboles se marcaron su espacio de épica a lo Built To Spill para demostrar que el rock independiente noventero aún está muy lejos de morir. Mucho más estimulante fue la hipnótica actuación de Faia. Bajo una puesta en escena decididamente inusual, la experimentación de su propuesta alcanzó picos de abstracción de altos vuelos. Tras tan onírica actuación, Contenedor de Mierda demostraron por qué es la única banda punk de verdad en la actualidad. Ataviados como si se hubieran escapado de una viñeta lisérgica de Charles Burns, espantaron la lluvia a golpe de atonalidad flamígera y un apabullante arsenal punk de lo que debería ser siempre entendido como DIY. Por su parte, un clásico de la new wave como Paul Collins se llevó el galardón a concierto para nostálgicos del festival. Entre sus armas, disparos infalibles como “Hanging on the Telephone” y toda una selección en la onda del Nick Lowe más sembrado de los setenta. Menos chisposos fueron Toundra, que tiraron de su receta post-metal para honrar a los iconos del post-rock noventero mediante una nueva exhibición de crescendos y atmósferas cortantes.

El viernes 9 también tuvo su correspondiente sesión de mediodía, esta vez con una apuesta tan golosa como Blanco Palamera, artífices de una suerte de indietrónica funk de ritmos en slow motion, que hizo del Bulevar del Papagayo el lugar más cool de toda la ciudad. Poco después Chiquita y Chatarra hicieron de las suyas con una demostración simpar de punk-pop ramoniano, sazonado con sus puntuales brotes post-punk. El final del día ya se reservó para la Playa de Riazor, donde Portland dieron el pistoletazo de salida con su oda al rock soul más previsible. Un poco más originales fueron Lora, rap orgánico donde su propuesta deriva hacia el lado menos interesante de las fórmulas mainstream. Tras dos tentempiés de tan poco calado, Patti Smith and Band alunizaron en la Playa de Riazor. El resultado fue un concierto de volumen raquítico, que solo se oía delante de todo. A pesar de las circunstancias, la autora de “Horses” no tuvo más que tirar de tablas y repertorio, donde no faltaron himnos con la solera de “Because the Night”, “Gloria” y “People Have the Power”. Menos intensa estuvo Nathy Peluso, que a pesar de demostrar sus aptitudes multidisciplinares, dejó en evidencia que lo suyo tiene más sentido dentro de un entorno más pequeño y en formato más electrónico.

The Sounds

El sábado 10 tuvo una nueva sesión doble, esta vez con la hora de la comida dedicada a Indy Tumbita & The Voodoo Bandits, que se esmeraron en sembrar un repertorio donde no faltó jolgorio surf rock, rock soul desenfadado y todo un cúmulo de ingredientes condimentados para un deguste sin mayores ambiciones que hacerlo pasar bien al respetable. Que no es poco. La tarde estuvo reservada al Parque del Paseo de los Puentes, donde Annie B. Sweet lució los encantes de la apuesta synthgazing de su reciente LP. Pero los que se llevaron la palma fueron Los Punsetes. Empezaron con retraso, pero es que, guste o no, no hay grupo español que en estos últimos años haya compuesto mayor número de himnos (anti) generacionales. Y así se presentaron, a granel y con guiño incluido en el vestuario de Ariadna a esa maravilla del horror folk conocida por “Mindsommar”.

De vuelta a la Playa de Riazor, los conciertos arrancaron con The Rapants, la continuación más lógica para estirar la atmósfera festivalera; de nuevo, a lomos de surf rock en vena. Más intensos fueron los vascos Belako, cuya propuesta neopostpunk sigué cuajando con más lógica sobre el escenario que en estudio. Sobre The Sounds, los cabezas de cartel del sábado, solo cabe una pregunta: ¿No había mejores opciones? La verdad, una nueva muestra de reciclaje nuevaolero sueco sabe a poco para cerrar la jornada grande de un festival algo irregular en sus apuestas más fuertes, pero que aún contaba con alguna sorpresa para el domingo 11, con Joe Crepúsculo y su pop de cacharrería sinte poniendo el verdadero broche de oro a seis días repletos de buenas vibraciones.

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