Ferran Palau y Joan Pons (El Petit de Cal Eril) son de esas personas que tienen un universo propio sin fin, repleto de constelaciones brillantes, estrellas radiantes y multitud de planetas que acogen los diferentes matices que nos pueden ofrecer, así como los diferentes sentimientos que pueden llegar a desprender con sus composiciones aparentemente minimalistas, pero estructuralmente ricas en detalles.

A parte de universos afines, son amigos entre ellos, por eso la promotora de conciertos Curtcircuit dio en el clavo al programarlos juntos, produciéndose, como resultado, un soldout en la sala Apolo que se transformó en una lata de  sardinas.

Era una noche de presentaciones, porque los dos artistas han sacado recientemente un nuevo trabajo muy aclamado por crítica y público. Abrió la velada  Ferran Palau, con un tercer disco en solitario,“Blanc” (Halley Records) con el que ha dado un “upgrade” considerable a su carrera. De hecho ya su primer trabajo “L’aigua del rierol” (Amniòtic Records, 2012), pasando por “Santa Ferida”, el cantante de Anímic ha ido evolucionando e indagando en el universo de las emociones con esa fragilidad desnuda y lánguida de sus composiciones. En directo, se hace acompañar por media banda del “Petit de Cal Eril” y con el mismo Joan Pons a la batería, que hacen que gane en pegada y matices, subiendo más enteros que cuando se presentaba en formato dúo.

Su propuesta intimista requiere completo silencio para poder saborearla tranquilamente, y es algo que llegó a conseguir, eso si, haciendo callar al “sector parlanchín” de la sala Apolo. Sus nuevas composiciones, como por ejemplo “Blanc” y “Granit“ se mezclaron bien con las composiciones anteriores como “La Daga” y “El meu lament” logrando que el público llegara a soñar con los ojos abiertos.

El turno de El Petit de Cal Eril era para presentar el disco triangular “△” (Bankrobber, 2018) , que se ha producido, grabado y planteado como una trilogía de EPs, cada uno con tres canciones inéditas y grabados en tres sitios diferentes. Concepto triangular que también quiso llevar a escena con una pirámide de luces “Leeds” al estilo” Alive” de los Daft Punk. Al ritmo de dos baterías en escena, se mostró expansivo y juguetón con ese hilo de voz dulce tan característico que tiene el compositor de Guissona. Su viaje se movió a lo largo de 12 canciones con las que tuvo tiempo de todo: de subir rítmicamente como un cohete;  deambular entre paisajes cósmicos con desarrollos instrumentales de lo más ensoñadores; llegar a momentos de “Loloísmo” de pura comunión con la audiencia, cantando todos con el puño en alto; deleitarnos con  líneas de bajo memorables como las de  “Som transparents”. No faltaron tampoco temas como “Les lletres no fan paraules” que sonó de lo más apoteósica, o la saltarina “Amb tot” de su trabajo  “La figura del buit” (Bankrobber, 2013) que hicieron que su concierto alcanzara cotas de puro pop de orfebrería musical.

Al final fue una gran noche clara, donde se pudo divisar unas luminosas constelaciones de estrellas que tienen estos dos artistas en sus respectivos universos, manteniendo una conjunción astral de melodías “preciosistas”, pudiendo contemplar como van subiendo de nivel en cada trabajo que publican.