Un año más la ciudad de Clermont-Ferrand acoge el festival Europavox, un festival que reúne alrededor de cincuenta artistas de más de veinte países diferentes de la Unión Europea. Artistas emergentes la gran mayoría hoy, pero futuras estrellas pasado mañana. Un festival en el que prima la calidad y al que vas a descubrir y disfrutar de la música.

El jueves, día gratuito, llegué al final de la actuación de las islandesas Reykjavíkurdaetur, una especie de Wu-Tang Clan versión femenina y que caldearon el ambiente. A su finalización era el momento de la representación española con los mallorquines Zulu Zulu. Su original y fresca propuesta gustó bastante tanto a la prensa como al público que se acercó a verlos. A las once de la noche y con el cansancio encima del viaje me planté en primera fila para degustar de Ratboy. Los ingleses no defraudaron y ofrecieron un energético y divertido concierto. Su música es lo más cercano al Jamie T del principio que puedas imaginar, así que a seguir de cerca. Maestro son otra cosa, ni mejor ni peor, sino algo más serio y oscuro. Su set opaco y electrónico fueron mi punto final a un primer día de toma de contacto.

El viernes no solo me reencontré con los compañeros de la web Europavox, sino que también volví a disfrutar de la especial música de Témé Tan. El belga combina como nadie la electrónica más actual y la música africana, esa mezcla cada vez me convence más. Lo de Kiol y este festival es una gran historia de amor, aunque tras verle por cuarta vez uno empieza a bostezar antes de hora. Llegó el momento de Hollysiz. La hermana de Vincent Cassel demuestra que la buena confitura viene en bote pequeño. Poderosa y con una banda muy potente detrás la francesa dejó en ridículo a Jain, que tocaría más tarde. El trío Kid Francescoli y su elegante pop de tintes electrónicos puso algo de descanso a un público aun excitado con la fuerza de Hollysiz. Los escasos cincuenta minutos de los que dispusieron Feu! Chatterton me supieron a poco. Su música barroca, teatral y psicodélica fue sin dudarlo la mejor actuación del primer gran día. La banda está engrasada como nunca y su último disco es uno de los mejores del año. Tras una delicatessen para los sentidos fue momento de cambiar de escenario una vez más y recibir un bofetón en la cara con los fieros Cabbage. Los ingleses son una promesa a punto de explotar como Shame el año pasado, con quienes comparten circuito desde hace tiempo. Son una de las bandas británicas jóvenes más prometedora de las islas. Jain consiguió llenar el escenario grande y quedó claro que era la gran estrella del día. Su música funciona, pero su directo me dejo algo frío, aunque vista la reacción del público, quizás es algo que solo me sucedió a mí. Desde Noruega, Sigrid dejó en evidencia a la francesa, muy sola en el escenario. La joven nórdica, con un repertorio igual de burbujeante y avispado, se llevó en mi opinion la victoria de mejor pop de la noche.

Témé Tan

Para mí el segundo día oficial empezaba con Rilès. El francés de origen argelino puso a pesar del calor al público en órbita con su pegadizo rap/pop, con un setlist algo irregular al inicio, pero que acabó con una batería de éxitos al alcance de pocos. Otra gran promesa y un futuro ídolo en ciernes. Ibeyi han crecido desde la última vez que las vi en Barcelona y su presencia escénica es mayor que hace tres años. Un cambio de tercio más y llegó el momento de Taf Lathos y su rap hardcore de la vieja escuela. Con un notable Dj a su espalda, cumplió con creces. Mientras Etienne Daho hacía las delicias de los franceses más patrióticos yo me hacía con un sitio en primera fila para el que a la postre sería la mejor actuación del festival. Eddy De Pretto se basta de su iPhone, de un potente y versátil batería y de su inmensa voz para robarnos a todos el corazón. Su hora de actuación en el segundo escenario se vio sobrepasada por un público ansioso de dejarse la voz con los temas de “Cure”, otro de los grandes discos del año. Ver en directo a Eddy, jugando en casa y dejándose el alma con cada estrofa de canciones ya eternas como “Kid”, “Ego”, “Musique Basse” y sobre todo “Fete De Trop”, un himno para la juventud francesa actual, es algo que recordaré durante muchos años. Su concierto fue la demostración de que la música si es buena, se vende sola y sin mercadotecnia detrás. Con un escalofrío en el cuerpo y un nudo en la garganta me adentré en el escenario club para la marcianada del año, Sheep Got Waxed son un trío de musicazos lituanos que extraen de sus instrumentos los sonidos más extraños y adictivos que mis oídos han escuchado en mucho tiempo: baterías y percusiones de otro mundo, una guitarra explosiva y llena de matices y un saxo tenor que unido a un montón de pedales fueron una de las sorpresas del festival. Tommy Cash saco su lado más bufonesco y divirtió al respetable que aun tenía fuerzas en el cuerpo. Mientras la elegante música de Petit Biscuit llenaba el escenario grande yo puse camino al hotel exhausto.

Feu! Chatterton

El último día era el día de Orelsan, la gran estrella del rap francés y el único artista del festival de disfrutar de un set completo y es que todo el mundo iba a estar delante del escenario cuando Orelsan ofreciera su batería de canciones/himnos/éxitos. Pero antes era un día para disfrutar de bandas que rara vez veré en España. El alemán Kelvyn Colt demostró que lo de Drake se puede hacer con más alma y menos medios. Los daneses Yung fueron otro descubrimiento con su rock musculado y sus ramalazos grunge pusieron las guitarras potentes en el mapa de nuevo. Desde Luxemburgo llego y venció Edsun con su arriesgado R&B tan cercano al mejor Michael Jackson como alejado de lo que se hace hoy en día. Su actuación fue otra gran sorpresa. Y como este festival no para de dar volantazos estilísticos las inglesas Goat Girl tomaron el escenario con su rock con tintes surferos y una actitud cercana a las riot grrrl más enfadadas. Fue el día de más calor en el centro de Francia pero eso no evitó que más de diez mil personas saltaran y cantaran con todas sus fuerzas los temas de Lomepal, otro artista de rap francés pero con tantos matices que poner etiquetas a su música es una estupidez. Sorprendido por la locura generada por sus temas y por los casi cuarenta grados de temperatura. Por suerte, el segundo escenario estaba a la sombra así que Superparka reunieron a bastante más gente de la esperada y nos entretuvieron sin más. Todo lo contrario sucedió con Brigitte, que lograron crisparme los nervios por mucho que la multitud se emocionara con su rock AOR para cuarentonas tristes y cincuentones calenturientos. Ideal para abandonar el escenario grande y disfrutar de Superorganism, una divertida locura pop en directo. Como decía antes, el fin de fiesta lo puso Orelsan con quince mil almas cantando sus canciones, engatusados con su estupenda banda y uno de los mejores juegos de luces y audiovisuales que un servidor recuerda. Fue emocionante poder dejarse la voz cantando como si no hubiera mañana temas tan redondos como “Basique”, uno de los mejores fines de concierto que he visto en años. Emocionante versión acústica de “Tout Va Bien” y de lo mejor del setlist, “La Pluie”, con los mejores efectos del festival. Cada canción era recibida con un júbilo exagerado pero no me sorprende cuando ves la versatilidad de Orelsan, como ha crecido su música y lo buenas que son sus letras. Con De Pretto, el otro ganador del festival aunque ligeramente por detrás de este, Orelsan se llevo la medalla de plata. Si te lo perdiste no cometas el mismo error el año que viene…