La frase del titular, pronunciada por Anton Reixa, encargado este año de leer el Manifiesto de “El Festival del Mundo Womad”, resume muy bien la complicidad que han conseguido este festival sin igual y esta ciudad que ostenta desde 1986 el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Son 28 años los que llevan compartidos y cada año son más los que disfrutan de estas dos extraordinarias manifestaciones culturales. Según la organización 155.000 personas pasaron por los cuatro días del festival y todo bajo un clima de hospitalidad, civismo, respeto y compromiso. Valores que promueve este festival y que Anton Reixa reflejó muy bien en su locución. Se proclamó a favor del feminismo y del movimiento LGTB, en contra de la violencia de género y se hizo eco del peligro actual de involución ideológica y social que podemos padecer y también del movimiento negacionista sobre el cambio climático.

Sin duda todas estas opiniones las refrendaría Calypso Rose, la más veterana de los artistas del festival y quizás su triunfadora, porque fue de las que mejor comunicó por su gran carisma y por su música. Soltó un “nunca en su vida levanten la mano contra a una mujer” que generó una de la más grandes ovaciones de la noche.

 Aunque musicalmente todo empezó el jueves con el folk tradicional, enriquecido por otras músicas de raíz, de EnVerea y el mestizaje del trotamundos Miguel Caldito. Ambos fueron los encargados de poner acento extremeño al inicio de la nueva edición del festival de las músicas del mundo por excelencia.

Tras ellos Quentin Gas & Los Zíngaros, que en solo cuarenta minutos fueron capaces de mostrar esa original forma de entender lo que se vino en llamar rock andaluz. Recogen la herencia de grupos como Triana y Smash, pero le aplican su propia denominación de origen gitana y la actualizan. Atención al auge de esa nueva hornada de bandas del sur que están liderando ellos mismos junto a sus buenos amigos de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Tiraron sobre todo de “Caravana”, su primer disco, pero bastó para que convencieran a la mayoría del numeroso público que se concentró en la noche del jueves y que no les conocía.
 Cerraron Vaudou Game, la efectiva banda de Peter Solo que vive entre Francia y Togo, su país natal. Quizás les costó captar la plena atención del público, pero al final este acabó sucumbiendo a su rítmico funk aderezado de vigoroso afrobeat.

VIERNES

En la tarde del viernes el sol ya empezaba a apretar de valiente cuando sonaron los primeros y afilados acordes de DelRey. Cuarteto clásico de dos guitarras, batería y bajo que, sin restarles originalidad, suenan como si mezcláramos los temas más melódicos de Nada Surf con los más salvajes de Dinosaur Jr. y a veces en una sola canción. Una de sus distorsionadas guitarras la maneja Fermín Solís, ilustrador y dibujante de novela gráfica que ha visto como su comic “Buñuel en el laberinto de las tortugas” ha cobrado vida como película de animación. Acabaron con “Canadá”, “la canción más bonita que hemos podido hacer”, dijo Fermín. Y lo fue. Una semibalada que, con la ayuda de dos vientos, fue creciendo para acabar con las dos guitarras y bajo entrecruzándose física y musicalmente.

El relevo lo tomaron los también extremeños Seventh Sun, proyecto del experimentado saxofonista Joaquín de la Montaña. Un grupo muy completo que facturó un jazz muy funky y con mucho groove, donde un rapero de verso suelto y una corista-cantante daban el complemento perfecto a sus rítmicos temas. 
Todo esto había pasado en el escenario de la Plaza Mayor, así que tras ellos la argentina Mica Farias abría el situado en la preciosa Plaza San Jorge. Su música fusiona ritmos del folclore latinoamericano pero con base acústica, no por ello menos efectivos. Se confesó amante del flamenco, música que lleva estudiando hace años, y hasta se atrevió a hacer una canción con esos aires y con muy buenos resultados. También hizo un tema llamado “Rosalía”, que dijo que no estaba dedicada a la cantante catalana, a la cual reivindicó, y resultó ser un chamamé muy bailable. Nos quedamos por eso con su denuncia en el desgarrador y contundente “Las Venas Abiertas”.

Y llegamos a John Ellison & The Soul Brothers Orchestra. Este veterano del soul no se anduvo con remilgos y empezó con el tema que lo hizo popular, el clásico “Some Kind of Wonderful”. ¡Para que esperar!. Un tema que compuso en media hora por causa de un amor no correspondido y que cambió su carrera musical. A partir de ahí hizo que toda la Plaza Mayor siguiera su ritmo. Vestido de blanco impoluto y con una macrobanda bien orquestada, coristas incluidas, su soul-rock-blues sonó inmejorable. Acabó con “Just One Wish”, un reggae muy Marley que dejó un tono de fiesta y con todos balanceándose.

Y de la fiesta al trance con el marroquí Maalem Hamid El Kasri. El gran maestro del gumbri, ese laúd acústico de tres cuerdas graves, se presentó con un batería y cuatro voces con sus graqebs, o pares de crótalos metálicos. No les hizo falta más, sus repetitivos ritmos beben del gnawa aunque él aporta su estilo personal. Acabaron con uno de sus clásicos, el “La Illaha Illa Allah” y con todos rodeando al batería en un increscendo espectacular y haciendo que toda la Plaza San Jorge cantara “Allah Allah”.

Y como este festival nos tiene acostumbrados, cambio total de estilo para viajar de una música espiritual a otra más terrenal, la del Colectivo Panamera. Desde que los vimos en su anterior concierto, justo en el Womad Las Palmas, han incorporado un bajista a la formación y eso les da más soltura y efectividad. Su cumbia “panatrópica” y su buena comunicación con el público fueron vitales para que su concierto funcionara a la perfección. “El Arenal”, “Quiero mucho más”, “Un río que se va”, son temas que está comprobado que funcionan, y en directo mucho más. Volvieron hacer un concierto redondo.

Quizás no redondo, pero si muy sorprendente y espectacular el de la turca Gaye Su Akyol. Lo cierto es que había levantado tantas expectativas que, a pesar de que se mejoró este año el camino entre escenarios, manteniendo la gran escalinata que los separa despejada, se formó tal aglomeración que costó llegar de nuevo a la Plaza San Jorge. 
Su puesta en escena es cuanto menos chocante, ella vestida con unas altísimas botas y una brillante y larga capa, todo de fibras plásticas y su banda con trajes de monjes y antifaz. Sus lentos movimientos agitando su capa cual diva, contrastaban con la de los músicos que se contorsionaban enérgicamente, pero casi sin moverse del sitio. Tanto ella como su banda son muy jóvenes, pero demostraron gran experiencia, además de unas ideas muy claras. “Soy profundamente feminista”, afirmó en una rueda de prensa previa y dijo “defender la lucha por los derechos humanos frente a la cultura religiosa que intenta imponer el gobierno de mi país”. Algo que le ha costado que le “inviten” a dejar de cantar alguno de sus temas, como por ejemplo “Nargile” (que empieza con el sonido de unos borregos balando), que evidentemente incluyó en su repertorio. Tras su primer tema soltó un “peace, love and rock&roll”, aunque no se podría decir que lo suyo sea r&r. Muchos de sus temas tienen raíces profundas en la música tradicional turca, pero la instrumentación es occidental y mezcla desde psicodelia a guitarras surf, que contrastan con su grave voz. Un concierto en el que pareció hipnotizar al personal con su puesta en escena y que acabó con un intenso y surfero “Hologram” por todo lo alto. Asusta ver la lista de conciertos que lleva y los que hará en los próximos meses. Se oirá de ella, seguro.

La noche se cerró con la vuelta de Les Negresses Vertes. El legendario grupo francés, tras dieciséis años separados, se ha reunido para celebrar los treinta años de su primer disco “Mlah”. Ahora ya llevan casi cien actuaciones y su directo fue festivo y también contundente.
Repasaron casi todo ese primer disco y sus grandes éxitos: “Voilà l’été”, “Zobi la mouche” o “Face à la mer”. Fue una primera parte más colorista y acústica y los tres últimos y largos temas con “Les mégots”, “Les rablablas, les roubliblis” y el definitivo “Sous le soleil de Bodega”, vibrantes y con inclusión de aquella electrónica dance que les caracterizó en sus últimos tiempos. Fue un gran fin de fiesta del segundo día de festival.

SÁBADO

Tremendo sol caía la tarde del sábado cuando Les Motriz subieron al escenario. Un clasico y potente cuarteto de rock cantando en castellano, con ecos a los Artic Monkeys, que aprovecharon su media hora para descargar con furia sus canciones de letras personales. No pudieron evitar hacer una versión, rockera claro, del “So Payaso” de su paisano Robe. Tienen solo un EP pero seguro vendrán más. 
Después El Cid presentó temas de lo será su primer disco, “M.I.E.L.” Variedad musical en sus bases para un rapero que combate el ego y el dolor con sus canciones. Lo hizo junto a algunos invitados que también animaron a la denuncia social.
 Curioso que los componentes de estos dos grupos, muy diferentes entre si, tienen menos edad que el propio festival y ambos afirmaban haber crecido con él. Para ellos era un lujo poder vivirlo desde el escenario después de hacerlo tantos años desde abajo.

Y otro triple salto mortal estilistico, del rap a la música tradicional y espiritual de Menwar, desde Isla Mauricio. Instrumentación mínima, simplemente un gran pandero, o una simple kalimba y sus cantos repetitivos para encandilar una Plaza San Jorge a reventar. En algún momento una guitarra y el apoyo de un músico con algunas percusiones, para enriquecer el sega, la música tradicional de su país. Esta es la magia del Womad, algo tan sencillo, recibido con los brazos abiertos por un público respetuoso y complice que cantó y dio palmas al ritmo que marcaba Menwar.

Un ritmo mucho más potente, musicalmente, el de Delgres (foto superior). Proyecto del inquieto guitarrista belga Pascal Danaë que cumplió el aforismo de “para saber a dónde vas, hay que mirar de dónde vienes” y se encontró con un pasado que conectaba Guadalupe con Louisiana. De ahí surgió un blues creole emparentado con el blues de Chicago y del Delta y con unas letras que expresan sus lamentos. Su formato de “power trío”, donde el bajo es sustituido por una ¡tuba! (como tributo a las brass band de Nueva Orleans) funciona a las mil maravillas. Solo tienen un disco, pero cargado de temas emocionantes y arrolladores que en directo hasta subieron enteros. Su vibrante final con “Lanme La” empalmado con la original versión del “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin, cerró uno de los conciertos más poderosos de está edición.

Y como bien dice el refrán, tras la tempestad llegó la calma. Maria Rodés tomaba el escenario de la Plaza San Jorge para trasladar allí la intimidad y encanto de sus canciones. 
Anunció que el concierto se iba a nutrir más del disco “Maria Canta Copla” que del “Eclíptica”, y que justo le acompañaba la banda que utilizó para la presentación de aquel. Así que empezó con las delicadas “Flor de Mal” y “El día que nací yo”. Con esas dos ya se vio que mucho del público estaba allí por ella. También repasó temas de “Una forma de vida”, se quedó sola para hacer “Ay Pena, Penita, Pena”, que el público coreó con ella, y su final con las preciosas “Fui a buscar el sol”, “Una forma de hablar” y la cumbia de “Chocará conmigo” confirmó el hechizo que la cantante catalana desprende en sus conciertos.

Pero aún nos esperaban otras dos empoderadas mujeres en esa noche. Primero la antes mencionada Calypso Rose (foto principal). Tiene casi ochenta años y una historia de vida digna de un documental. Pero en escena destilaba una tremenda energía vital y simpatía y aunque se movía-bailaba lentamente, lo hacía de una manera que te atrapaba. Refrendada por una completa e impecable banda, puso a bailar a toda la Plaza Mayor con esa mezcla de calypso, cumbia, ska, reggae, soca y mento. Empezó reivindicándose con “I Am African”, tiró de soukous con “Zoom Zoom Zoom” y con “Leave Me Alone” (el tema que hizo con Manu Chao) fue inevitable no caer rendido a su ritmo. Más tarde con el reggae de Calypso Blues hizo que todo el mundo coreara ese pegadizo estribillo de “wayo, wayo” y hasta se tomó un respiro para que la banda se luciera. Con el ska de “Far From Home” convirtió la Plaza Mayor en una pista de baile, cerrando la noche con la gozosa “Fire In Me Wire”. Una actuación que quedará para siempre en la memoria de este Womad.

A priori parecía una difícil papeleta tocar después de la reina del calypso, pero quien dijo miedo. La siempre provocadora Dame Blanche demostró que tiene una gran voz y que sus estudios de música clásica no han hecho más que darle medios para que su hip hop de ritmos latinos y letras para escuchar, tengan un sello de originalidad. Ella tomó el centro del escenario con su flauta, detrás un bateria y un dj con bases, programaciones y tocando a veces la guitarra. Pero es ella la autentica protagonista, lo mismo rapea, que canta como si de una copla se tratara, pero siempre seduciendo al público. Hizo temas de su nuevo disco, “Bajo el mismo cielo”, como el sofisticado “No da para Na”, con intro de flauta travesera, rapeo con autotune y percusiones extravagantes. También hizo gritar a todos con “Taxi” o cantar con la neocumbia “Dos caras”. Basta decir que la regidora de su escenario, y debido a la insistencia del público, le dejó hacer un bis cuando ya había cumplido su tiempo, y eso es algo muy inusual en la organización Womad. Eso demostró el éxito de su concierto.

Pero el honor de cerrar musicalmente la edición de este año recayó en la joven banda holandesa Jungle by Night. Están en pleno ascenso y tocando en grandes festivales de toda Europa, sobre todo porque su mezcla de dance, jazz, funk y afro en directo, es certeza de efectividad. Nueve músicos que manejan vientos, teclados y percusiones con energía y diversión. Como ellos mismos se definen, son un grupo instrumental que hace música explosivamente bailable. Y lo demostraron. Presentaron casi todo su último trabajo “Livingstone” y supieron contagiar el entusiasmo y pasión que ponen en el escenario. El público disfrutó mucho con ellos y ellos afirmaron que había sido su mejor concierto, así que fue un perfecto colofón para el festival.

Quede constancia tambien del éxito de las actividades paralelas. Los siempre solicitados talleres de adultos e infantiles. Las interesantes presentaciones y charlas promovidas por El Mundo de Palabras. O los documentales que promueve Casa África.
Y no queremos olvidarnos de cada uno de los grupos que actuaron en el escenario que promueve el Instituto de la Juventud de Extremadura. Este año fueron Arias, J Vega, Pepe Peña & The Garden Band, Tree House, Free Mind, La Moma Vieja, Los Tai Tabú y Puerta Oeste.

Según nos contaron, el festival agota el acuerdo firmado en 2016 y está a la espera de renovarlo. Esperamos que, independientemente de quienes sean los representantes políticos elegidos en las próximas elecciones, apuesten por la cultura en mayúsculas, porque eso nos enriquecerá a todos. Este festival es la mejor muestra.