Tenemos suerte de cazar el Cara-B ahora. No sé a dónde va a ir a parar, la tentación siempre aprieta cuando los números crecen, pero hoy por hoy podemos hablar de un festival modélico en muchos aspectos. Tanto en precios como en el espacio (aunque podría dar más juego a nivel de expos y similares) o una singularidad como festival que ha sabido evolucionar año tras año. Y como en años anteriores, si las paredes de la Fabra i Coats fueran transparentes podríamos organizar tours para desmontar (y en algún caso confirmar) tópicos que se vierten sobre algunas escenas de por aquí. Empezando por el manoseado trap con el que muchos, tanto público como medios, han etiquetado estos días la primera jornada del festival, tal y como pasó el año anterior.

Viernes 16

Como digo, se pueden desmontar tópicos, y el primero es el más evidente: si de algo no peca la música urbana estatal es de homogeneidad. Donde unos quieren ver trap y entonan el “todo suena igual” otros ven una música hija de su contexto con influencias del flamenco, de la música latina o de la jamaicana, que conecta el hip hop con el reggaetón, el afrobeat francés con la electrónica, que integra décadas, idiomas y géneros con la naturalidad de quien no ve barreras entre ellos. Es un corpus que hoy por hoy actúa como idioma común para una generación, y así lo han entendido tanto músicos como público. Y otro tópico: los jóvenes lo quieren todo gratis y ya no compran música. Puede que el CD ya no sea el principal medio de financiación de un artista, pero solo hay que contar la cantidad de camisetas, banderas y gorras de Dellafuente que circulaban por la Fabra i Coats para ver que el flujo continúa.

Y ya si hablamos de directos, una de las cosas de este viernes es que no se abusa nada del playback y las voces pregrabadas. Afrojuice 195, por ejemplo, construyen una intersección de ritmos -todos bailables, claro- y voces que lejos de formar un gallinero hacen del suyo uno de los directos más frescos y dinámicos del panorama. Es sobre el escenario donde, tirando de una actitud desenfadada que a veces roza lo cándido, pueden desprenderse en parte de la larga sombra de MHD al abrigo de la cual han crecido. Cada vez son más personales, cada vez demuestran que tienen mejores fraseos y no solo gimmicks en el bolsillo y el formato de directo -todos encima del escenario liándola ininterrumpidamente- los hace tremendamente contagiosos.

locoplaya

Algo parecido pasa con Locoplaya (foto superior), que como siempre saben transformar el hip hop clásico en una fiesta tropical. Aún les cuesta poner el colectivo por encima de Bejo en el setlist -tienen temas de sobra para no tener que tirar de su repertorio solista- y repiten la mayoría de trucos concierto tras concierto, pero funcionan cada vez. Sin fallo. Showmans natos. Sentó como un soplo de aire fresco, además, después de la descarga de Ms Nina (en la foto principal), probablemente la más contundente y directa a nivel de sonido. Se echaron de menos los visuales, pero el que no bajó al suelo ahí no bajó en todo el fin de semana. Si algo queda claro con ella es que aún está lejos de tocar techo. La única decepción -no tanto en realidad, pero sí los que menos brillaron- fueron Mueveloreina, en parte por el peso que ponían en una escenografía con bailarines que no lucía del todo en el escenario de Fabra i Coats. El concierto también pecó de altibajos, aunque hay momentos en los que está claro que tienen ideas y que si las consiguen llevar a cabo pueden salir fácilmente del nicho de la música urbana y mover a públicos muy distintos. De hecho son el grupo más transversal del festival, y habrían encajado en el cartel del sábado sin ningún problema.

Y sin negar lo dicho hasta ahora, todo ello se queda pequeño al lado de Dellafuente. Fue de hecho el único momento en que se llenó la sala -sí, los millennials hacen botellón a las puertas, cosas de tener sueldos de mierda- y el merchandising encajaba con lo que salía de los altavoces. Una hora de cancionero popular puro y duro, de principio a fin, con conciencia de clase y una lírica que llega a lo universal desde lo local y lo generacional. Y que enlaza además lo viejo y lo nuevo de su repertorio con toda la facilidad del mundo. De “Demonia” a “AMG – Coco” en segundos. Era su primera visita a Barcelona sin Maka, después de su concierto en Apolo de hace un año y su paso por el Sónar, y despejó cualquier duda acerca de si podía cargarse un concierto entero a sus espaldas. Aunque lo cierto es que no lo hace: el show es completo y está muy pensado y trabajado desde todos los ángulos, desde las transiciones a la iluminación y las animaciones de esta gira, y no hay un solo verso que no tenga réplica en su hinchada. Lo de hinchada es literal. La pinchada posterior de Steve Lean fue sobresaliente y aturdidora pero sonaba lejana, como en una nube, después del éxtasis de Dellafuente.

Sábado 17

Distinto día, distintos públicos. Este más pudiente, a juzgar por las colas para comprar tickets o la hora temprana desde que el aforo ya estaba casi lleno. También puede explicarse por el tirón de Mujeres, que con “Un sentimiento importante” (Sonido Muchacho, 17) han firmado, para muchos, su mejor disco hasta la fecha. Para mí no lo es, las cosas como son, y precisamente por eso creo que las canciones de este ganan en directo por músculo y por energía. Demasiado músculo quizás, ya que la guitarra fue la gran ausente durante todo el concierto, pero a mejor al fin y al cabo. También hay que decir que se les nota mucho más engrasados respecto a algunos de los primeros conciertos que dieron como trío, antes de sacar el disco.

Que el garage y la cumbia están conectados no es ninguna novedad a estas alturas de la vida, y por eso nadie arqueó una ceja cuando Mujeres dieron paso a Esteban & Manuel. La cumbia envuelta en autotune que practican estos pide a gritos un local pequeño y cerradito y es menos verbenera de lo que venden, aunque precisamente gracias a eso ganan en contundencia. Falta que todos los referentes que manejan se filtren más en su música, pero en cuanto a solvencia en directo no se les puede sacar una tacha. Tras ellos El Último Vecino, como siempre, se dejaron querer por el público fiel que les suele acompañar en Barcelona. Y también como siempre dejaron alto el listón emocional, siendo uno de sus puntos álgidos -y no es casualidad- la versión de “Mi Chulo” de La Zowi y Lorena B.

ganglios

El Último Vecino pusieron un colchón perfecto para que salieran Los Ganglios (foto superior) y lo reventaran. Y eso que los momentos de hardcore que repartieron, con Edu Pou (ZA!, Big Ok…) a la batería, cayeron ligeramente en saco roto por un público no especialmente dispuesto a meter el codo y poguear. Aún así tienen himnos que fueron recibidos como tales, por lo que fue salir “La Cumbia de Félix y Jacques” y montarse la fiesta padre hasta el final. Esto fue, en parte, la perdición de Pony Bravo, que tuvieron la misión suicida de construir atmósferas y grooves psicodélicos entre Los Ganglios e Hidrogenesse. Solo llegaron a conectar en cuanto empezaron a soltar los grandes hits y temas que conectaban más con el ambiente cachondo que flotaba, como “El Político Neoliberal”. Cerraron el día y el festival unos Hidrogenesse que siguen manteniendo esa capacidad para sonar a futuro y a pasado a la vez, con -al igual que Los Ganglios- temas que no hace falta conocer para gritar al segundo estribillo y que ganan mucho en intensidad con la interpretación vocal de Carlos Ballesteros. Tienen muchas canciones que hablan del pasado, pero en cierto modo la sensación que dejaban después de todo el festival era que esto es el presente. Que así se baila el siglo XXI, como hubieran titulado Hidrogenesse a su tema si hubieran nacido un siglo más tarde.