Y se hizo historia
Conciertos / Berri Txarrak

Y se hizo historia

9 / 10
Ainhoa Uriarte — hace 4 meses
Fecha — 14 julio, 2019
Sala — Kobetamendi, Bilbao
Fotógrafo — Dena Flows

Berri Txarrak hizo historia este domingo 14 de Julio dejándonos en la difícil tesitura de tener que reducir a pocas palabras lo acontecido durante las tres horas de intensidad compilatoria en las que repasaron la trayectoria de sus 25 años ante lo que será un parón indefinido, y que muchos aficionados arrastrarán toda la semana con una sonrisa similar a las que se lucieron en el escenario.

Unas 20.000 personas acudieron al reclamo de una banda que, para las ocho y media de la tarde ya llenaba el que había sido escenario principal del Bilbao BBK Live ese mismo fin de semana. Sintetizaron su recorrido musical en un despliegue de temas seleccionados para cumplir con las expectativas de los presentes, abarcando tanto sus inicios como las creaciones más actuales, recreándose a su vez y especialmente, en el merecido “Jaio.Musika.Hil”. Algo estarán haciendo bien los navarros cuando son los temas del álbum más actual los que abren y cierran el círculo, envolviendo sin estridencias el repertorio de sus orígenes.

La Broken Brothers Brass Band fue la encargada de dar el pistoletazo de salida hacia las nueve y cuarto de la noche, sorprendiendo a los asistentes desde el pasillo central por el que avanzaron interpretando unas personales “Katedral Bat”, “Biziraun”, “Maravillas” e “Ikusi Arte”. Recogiendo el testigo de alguno que aún portaba el pañuelo San Ferminero entre el público durante un cuarto de hora que, hubiésemos preferido adelantar en el tiempo.

Sin mayores prolegómenos salieron Berri Txarrak abriendo su noche decisiva con las también imprevistas “Beude”, quizá en un guiño a la historia de la propia banda que se bregó durante años en pequeñas salas y plazas no tan atestadas, y “Gelaneuria”, como liberando una ansiedad que seguro se vivió en su composición y puede que también fuese necesario apartar aquella noche. Y por fin, dando el último pestañeo de la jornada, se detonaba una explosión dirigida a los pilares de la concentración en Kobetamendi, con un “Jaio.Musika.Hil” de estribillo coreado a pleno pulmón.

Gorka dio las gracias al público, que menuda habíamos liado. Y es que, la satisfacción de oír un “Izena, izana, ezina”, coreada al pie de la letra por miles de personas, describiendo lo simple y complicado de nuestra existencia, lo cerca del corazón que percibimos a los que se encuentran tan lejos, y la distancia que se abre frente a otros que están a nuestro alrededor, encogía el corazón de quienes completaban con aplausos las pausas cómplices, respondiendo con un <<aquí estamos>> a quienes rellenan sus titulares sin ni siquiera preguntarnos.

“Spoiler!” sirvió de transición balanceando al público hasta la segunda de las colaboraciones que venían de la mano de Jurgi Ekiza, cantante y guitarrista de Willis Drummond. Como buen púgil mantuvo alta la guardia en “Ez dut nahi”, moviendo los pies con rapidez, sin perder de vista la cara de un nerviosismo que amenazaba evidente. Buscaron la forma de salir a la superficie con “Etsia” y bastaron dos letras marcadas con surcos irremplazables en nuestro interior, “Na-nara, nara, na”, para poner en canción a las miles de personas que nos apelotonábamos allí debajo. “Ez”, asentíamos sin contradicción en un headbanging expansivo.

Sabido es que la rareza incrementa el valor de pieza en cuestión. Así ocurrió con la dinámica intervención de Aritz Mendieta, voz de la mítica banda tolosarra Deabruak Teilatuetan que llevaba mucho tiempo, cualquiera lo diría, fuera de los escenarios. Sus espasmódicos movimientos sortearon en forma y fondo los síncopes de una “Iraultza Txikien Asanblada” que sonó mucho más cruda y dura en directo.

Los pequeños interludios vinieron de la mano de temas como “Zertarako amestu”. Señalándonos que a veces la mejor contestación suele ser “y por qué no”. Fiel a sus orígenes, el power trío pisaba con aplomo sobre una cuerda de distorsión, disparando con “Libre” contra una cultura de la impostación, contra la cutrez de este espectáculo que viene siendo nuestro sistema, haciéndonos agachar nuestra mirada al abismo mientras callamos en pos de la democracia.

Era necesario tomar una bocanada de aire antes de que Aiora Renteria de Zea Mays, presentada como una de las voces más bonitas de Euskal Herria, hiciese gala de la misma elevando las palabras de Joseba Sarrionandia en “Aspaldian utzitako zelda”. Moldeó así una canción torturada, plagada de oscuridad y confinamiento, y dirigiéndola con su timbre hacia terrenos de afirmación y convencimiento. Y apuntando después aún más alto con “Bisai Berriak”, en la que ya había participado en el 2002.

Con la noche sobre nuestras cabezas, agrupados ante el fuego y alumbrados bajo una luna casi llena, el grupo amplió a quinteto, optando por un bloque de temas del triple disco “Denbora da Poligrafo Bakarra”, que había conformado en su día, la parte producida por Ricky Falkner. Tanto él a la guitarra como Martí Perarnau al teclado y los tres de Berri, ofrecieron la secuencia más particular respecto de lo que habíamos oído hasta el momento. Tras la calma de “Aditu bihurtuak”, David presentaba con un bajo sinuoso el seductor groove de “Helduleku guztiak”. Una masterpiece tras la que se sumaba al combo David Ruiz de La M.O.D.A., atreviéndose a cantar en euskera la ligera “Lemak, Aingurak” mientras cerraba los ojos convencido, se aferraba al micro, y se golpeaba el corazón como diciendo que había un idioma universal atravesando sus venas en aquél momento. Vuelta al quinteto, entraron en éxtasis con la electrónica “26 segundotan” y terminaron con “Poligrafo bakarra”, comprobando en todas ellas la pasión sincera de sus protagonistas. Qué esencial es sumar este tipo de personas en nuestras vidas.

Hacia las 11 menos veinte volvieron al formato trío, ofreciendo el aplauso a los trabajadores del evento y del propio recinto. Recordamos que el porqué y el cómo de nuestra presencia masiva en aquél lugar suponía la prueba irrefutable de la existencia de unos infrasonidos ante los que más de uno preferirá mirar incómodo hacia otro lado. Aprovecharon la excusa de que David González estaba en su casa para pedirnos que nos agachásemos, desafiando así las leyes de la física, y vislumbrando la patita de la guitarra negra asomando por la puerta, comenzaba una segunda fase con “Ikasten”.

Siguieron con “Isiltzen banaiz”, y tras unas notas de suspense apareció en escena Iñaki Altolagirre, Matxet, inquiriendo si no era aquél el circo de los Berri Txarrak . Abordaron así una brevísima “Zirkua” en la que Matxet lanzó el micrófono, se aceleró y abrió y revolvió todos los cajones de la casa, toqueteó la vajilla hasta casi romperla y fue zarandeado por el público en un intento del stage diving del hombre roxa.

“Betiko leloaren betiko leloa” fue la canción elegida para que Facu Díaz nos sorprendiera gratamente a la batería, ajustándose las gafas y soportando con entereza la tensión del ambiente, acompañado por Antonio “Toni” Mejías, que metió alguna estrofa en castellano en una canción que deja un escueto margen a la improvisación. Unas notas sueltas actuaron como resorte para que levantásemos las manos al cielo en “Eskuak”, que acogió la colaboración de Leire Iseo, seguida de “Biziraun”.

A estas alturas se nos decía que la banda se había estado preguntando si esto iba a merecer la pena, dedicándonos entonces una de las canciones de amor más originales del último disco, “Zaldi zauritua”, y que acumularemos como parte de esa pila de ‘nada’s. A golpe de baqueta se introdujo “Zerbait asmatuko dugu”, finalizando con “Hitzen oinarri ahula”.

La presencia de un Matt Sharp emocionado en el escenario tras acudir a Kobetamendi desde su lugar de residencia en Los Angeles será otra de las imágenes a recordar. El anterior bajista de Weezer y actual componente de The Rentals salió azorado aunque enseguida le ganó el titubeo en la palabra. Mientras imaginábamos qué sería lo que sentía este hombre aquél domingo a la noche, suspirando y con voz temblorosa nos dijo que era muy feliz. Que estaba muy feliz de estar allí con sus amigos. Que tenía dos camisetas con la inicial ‘B’, una por Berri y otra por Bilbao. Así que nos dedicó la deliciosa “Friends Of P.” de The Rentals en su versión modificada de amigos de ‘B.’. Saliendo nuevamente en la de “FAQ”, completando los coros tras sus gafas galácticas y lanzando al público su preciada camiseta.

Tras una breve pausa Anari tomó el micrófono y empezó a templar la letra de un tema memorable, resultado de acertados ensayos estilísticos, dejando en suspenso el estribillo de un “Oreka” que era recogido por la línea de bajo de David y terminada de llevarla a cabo en su versión original con la compañía de Karlos Osinaga de Lisabö también a la guitarra.

Tras “Bueltatzen” y “Zuri”, se señaló que la siguiente iba a ser, -está mal que lo digamos nosotros, apuntaba Gorka- una canción que había supuesto un hito en el mundo de la música en euskera. Sin darnos demasiado tiempo a reaccionar, empezaron a sonar los riffs de “David eta Goliath”, de un “Jaiotze Basatia” que marcó, confirmado por el polígrafo del tiempo, un antes y un después en el metal euskaldun de la mano de un Su Ta Gar aún incipiente en 1991.

Aitor Gorosabel protagonizó sin duda uno de los highlights de la noche, sosteniendo un solo que ilustraba el impacto de un asteroide en la tierra, impecable en la ejecución, fue encumbrado por el público mientras se inyectaba en el respetable la tensión de este himno generacional. Temiéndonos el quiebro en su icónica voz, mostró tanto en este tema como en el siguiente, “Oihu”, los ojos y el rictus serio de quien intentaba dominar una emoción casi incontenible, la misma que nos embargaba en una vaharada acelerada por el carisma de este hombre en el desarrollo de un tema que no podía haber sido mejor seleccionado.

La colaboración de Nerea Urbizu al teclado con “Min hau” acompañada de Gorka a la guitarra, tras la explosión anterior, explicaba por sí sola el éxito de una canción que algunos hemos utilizado como ancla en las situaciones y en los lugares más remotos. Una esencia familiar que Katamalo supo condensar a la perfección y que tuvimos el enorme placer de repasar a viva voz en una noche de llenazo. Lo significativo de la letra cobraba especial valor al señalarnos que los ensayos de esta noche se habían llevado a cabo en la casa de cultura de Altsasu.

Siguiendo con el formato acústico, es incontestable que la voz bronca de Enrique Villareal, El Drogas, quien ya había llevado a cabo trabajos como “La tierra está sorda” de la mano de Barricada, era la que debía ocuparse de recordarnos la historia de Maravillas Lamberto. Su sencillez ocupando la silla dejada por Nerea, un escueto “Aupa” al saludo masivo del público, y se procedía a acometer una narración tan cruel como veraz, acompañada como de costumbre con una panorámica de luces que alumbraban su testimonio.

Al filo de la media noche, la recta final se saldaba con una “Ikusi Arte” por la que pasaron de puntillas y “Denak Ez Du Balio”, tras la que Gorka se dirigió a los jóvenes del lugar que quizá estuviesen dudando sobre si formar una banda, escribir un libro, y en definitiva, ser oyentes activos dando voz a este mar del euskera que para nosotros es un verdadero océano.

O una catedral. Así finalizaba una de las jornadas históricas de los últimos tiempos, explotando de felicidad con “Katedral bat”, prolongando el festival más allá de la media noche y extendiendo nuestros brazos en una verdadera marea para despedir a los amigos que nos habían brindado una noche memorable.

 

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