Los registros intimistas son, año tras año, uno de los mayores riesgos de la programación del BAM, y aunque la quimera del silencio hizo honor a su condición esquiva hubo dos propuestas que lograron brillar por encima del murmullo. Especialmente Bedouine, que en su concierto potenció la cara más cercana al folk setentero de su música y confió en que la solidez compositiva de sus canciones fuera suficiente para sostenerlo. Y lo fue, a pesar de que la ausencia de los arreglos que envuelven sus dos álbumes en solitario -aquí tan solo voz y guitarra- es dolorosa. Biig Piig, por su parte, se dejó acompañar por un Dj y un guitarrista y creó un pequeño oasis de hip hop lo-fi, jazzy, lánguido y evocador, como bañado en humo, aderezado con toques de r&b y neosoul. No fue para todo el mundo, más de uno lo tuvo de música de fondo, pero el que entraba se quedaba dentro. El concierto más COLORS del BAM.

El rap se ha visto un poco resentido en la programación del BAM con la desaparición del escenario de la Rambla del Raval, pero, como reivindicándose de cara al futuro, protagonizó varios de los mejores conciertos de esta edición. Destacó, sobre todo, Duckwrth, que llegó como sustituto de última hora de Nadia Rose y arrasó mostrando todas las caras de una personalidad artística que ha hecho que sea, hoy por hoy, una de las voces más interesantes del hip hop alternativo actual con base en California. Un tour de force en el que el carisma y la energía hacen de hilo conductor y mantienen el nivel altísimo en todos los momentos, tanto en los más cercanos al funk y al soul como en los que llaman al pogo. Escuchad “The Falling Man” (Republic Records, 19) si no lo habéis hecho aún. Otra actuación esperada era la de la sudafricana Yugen Blakrok, que por desgracia no consiguió trasladar la atmósfera repleta de referencias místicas y astronómicas que hace especial el rap noventero de su último disco, “Anima Mysterium“ (IOT Records, 19). El concierto, en consecuencia, fue un poco más plano de lo esperado, aunque más decepcionante por las posibilidades perdidas que por el recital en sí.

Y no nos hemos olvidado de Tribade: es solo que merecen un lugar aparte. Entre otras cosas, por la forma en que canalizaron y representaron toda una Barcelona que las propias fiestas de la Mercè suelen esconder. Sacaron adelante un espectáculo de rap técnica y vocalmente espectacular, sin escatimar en una escenografía trabajadísima y en juegos de luces, coreografías y teatralización, y desplegaron un discurso antipatriarcal, antirracista y anticapitalista sin fisuras. Clamando contra el régimen FIES y las miserias del sistema penitenciario, contra los CIEs y el racismo institucional que (también) ejerce el Ayuntamiento de Barcelona y reivindicando la red de CSOAs que da vida al tejido social y cultural de la ciudad y sin la que, tal y como afirmaban, no podía haber existido un grupo como Tribade. No es casualidad que lo cantaran frente a una marea humana compuesta, principalmente, por mujeres jóvenes. Puede que algunas de ellas se hayan visto representadas por primera vez en un concierto de la Mercè.

Es obligatorio mencionar también la noche portuguesa del BAM, en la que convencieron Reis da Republica, basculando entre pasajes progresivos y psicodélicos y pequeñas píldoras atemporales de pop y rock, y brilló Conan Osiris, acompañándose de un bailarín en un directo vibrante, ecléctico y festivo como pocos. Ese mismo día, el viernes, actuó frente al MACBA la londinense Arlo Parks, aportando una mirada personal, poética, melancólica y por momentos magnética del bedroom pop. La Plaça dels Àngels acogió también conciertos de un Jay-Jay Johanson (foto principal) completamente metido en su papel de crooner trip hopero, que lideró un concierto sólido aunque no especialmente memorable, y Michelle David & The Gospel Sessions, que dieron forma a un concierto un tanto convencional pero efectivo y cargado de groove. En la Joan Coromines destacaron conciertos como los de Pinpilinpussies, que cada vez van más sueltas encima del escenario, cada vez suenan más a ellas mismas y cada vez explotan mejor la dualidad presente en sus canciones, desde los latigazos de rabia a los momentos más pop de temas como “Courtney”. Por su parte, The Mauskovic Dance Band funcionaron de lujo para (casi) cerrar el BAM a golpe de cumbia, utilizada en su caso como esqueleto rítmico y punto de referencia mientras se dejan llevar por desarrollos psicodélicos que suben y bajan hasta llegar a clímax eufóricos.

Desde luego, el concierto de los excéntricos británicos, Snapped Ankles, que se celebró el sábado 21 a las 00.00h, fue todo un espectáculo. Los vestidos y máscaras de los cuatro miembros parecian formar una especie de arbusto, que a golpe de guitarra y sintetizador daban hasta miedo. A parte, una filmación proyectada detrás del escenario, con alguno de los componentes perdido por algun remoto lugar del bosque y algun que otro fragmento cinematográfico, terminaban de dar al concierto un aspecto estrambótico. “Tailpipe” y “Drink and Glide” fueron algunas de las canciones que interpretaron, ambos temas de su último álbum “Stunning Luxury“. Una mezcla de sonidos acústicos y digitales, con palos de madera, una bateria incansable, un sintetizador que sonaba más que distorsionado y la voz de un cantante que no paraba de gritar “It’s a great time to be alive”, daban fe de que aquello que estabamos viendo era algo verdaderamente único y irrepetible, casi futurista.
Algunas propuestas no tan descerebradas pero sí muy bien trazadas son las de Da Souza. El grupo mallorquín dio comienzo a la jornada de la playa de Bogatell del dia 21 a las 21.00h. Probablemente en uno de los escenarios más grandes donde han actuado, el grupo de Lluís Cabot dio un concierto bastante corto (35min), pero dando razones más que suficientes de su calidad musical. Al lado del mar, con olas que casi llegaban al escenario, en un dia gris y con alguna que otra gota, los mallorquines parecian oponerse totalmente al clima con letras esencialmente vitalistas con canciones como”Finals”. Con un público algo reducido pero más que satisfecho con la actuación, el grupo se despedia con “Migracions de salmons”, un tema de su último álbum “Futbol d’Avantguarda“.

Weval

Para concluir el BAM 2019, el dia 23 a las 00.45, el dúo holandés formado por Harm Coolen y Merijn Scholte Albers, ofrecieron un concierto de electrónica influenciada por el house y el jazz. Mientras la gente terminaba de salir del concierto anterior (The Wedding present), en la Plaza Joan Coromines, empezaba a sonar la música de Weval, con unos sonidos que parecian estar filtrados hasta destilar un minimalismo capaz de hipnotizar a qualquiera. Su combinación de sonidos entre baterias, sintes y voz daban forma a temas que, a pesar de ser difíciles de digerir en un principio, acababan por ser hasta bailables. Sus ruedas de acordes parecian poder estenderse hasta el infinito. Interpretaron algunos temas de su último disco “The Weight” como “Are you even real”, que sonaron en la Plaça dels Àngels, abarrotada durante todo el concierto.

Todo un éxito fue la programación de Fanso para la tarde del domingo en la Antiga Fábrica Estrella Damm. El dúo madrileño, formado por los raperos Cráneo y Lasser, se encontraron el recinto repleto, y aprovecharon la ocasión para seguir asentándose como uno de los proyectos de rap LoFi nacional más interesantes del momento. Rapeando en todo momento muy relajados y jocosos, crearon fácil esa conexión con el público, con una parte de la audiencia muy entregada que gritaba a pleno pulmón sus hits “Bien Guay” o “Pijama”, y otros que simplemente fluían con el ambiente ácido del concierto y el sonido roto de Fanso.

Tversky

Entre espectáculos, empezó a llover, y la gente se tuvo que volver a la carpa del escenario. Pero lo que no vieron venir mientras se cobijaban, fue la juerga que iban a montar Tversky. El dúo barcelonés de electrofunk entraron con muchísima fuerza y nos ofrecieron un show corto pero muy bailable. Electrónica futurista, pero de estética retro, influenciada por la música de los 70 y 80, a ratos cantada a ratos instrumental, y que encandilaron a la audiencia con los momentos de saxofón o flauta travesera. El público fue conectando rápidamente, con Alan y Xavier viniéndose cada vez más arriba, y dejándonos con ganas de más al finalizar, que siempre es buena señal.

Y para finalizar este repaso de lo que nos parece más destacado del festival, no podemos dejarnos en el tintero a La Casa Azul. Y es que a estas alturas, ya nadie duda que Guille Milkyway es nuestro Stock, Aitken & Waterman. Los tres en uno. Si fuese británico, su idea de pop nostálgico y cósmico, ya habría trascendido el globo, pero siendo de Sant Cugat, el líder de La Casa Azul ha tenido que conformarse con torear plazas más modestas. Pero el pasado viernes, su facilidad de comunicación y la accesibilidad de sus éxitos, encontraron a las masas (fueron miles de personas): la playa del Bogatell coreó himnos del pasado y bombazos recientes, como los de “La Gran Esfera” (19). Más de una hora de baile y puño en alto, teclados de chicle y bajos graves, de los que no se perdió –pese al mar– intensidad. Tardó, pero llegó “El momento”, su momento.