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Actualmente situado a la sombra de gigantes como Chris Ware, el canadiense Seth (nombre de batalla de Gregory Gallant) es, a mi parecer, el autor de cómics más interesante de los últimos años. Títulos como “George Sprott” o “La hermandad de historietistas del gran norte”, cercanos al falso documental e incluso al ensayo, son lecturas emocionantes que parten de lo esencial de la narrativa gráfica para sacarle todo su partido. La editorial Fulgencio Pimentel acaba de rescatar del pasado “Un verano en las dunas”. Publicado a principios de los noventa e inédito en nuestro país, muestra un Seth muy diferente al actual. Una novedad para completistas que respeta la encuadernación original que también se mantuvo en los volúmenes publicados por Sins Entido.

Después del éxito de la novela gráfica intimista “La vida es buena si no te rindes” y al empezar el nuevo siglo, Seth desarrolló un estilo llevando al límite los recursos básicos del còmic. Viñeta cuadrada, página en cuadrícula, dibujo plano, narizotas. Incluso empieza a prescindir de un elemento clave como el bocadillo de diálogo, limitándose al cuadro de texto. Más descripción, menos acción. “George Sprott” es la biografía ficticia de un viejo un tanto odiable que extraña su época de explorador ártico y seductor. “Wimbledon Green” repite la fórmula para presentar el mayor coleccionista de cómics de la historia, inventando para tal fin autores y títulos. Y definitivamente en “La hermandad…” construye un inventario de los que fueron los mejores dibujantes de Canadá, sus circunstancias, sus personajes, sus lectores, su legado… Todo ficción. De hecho, los últimos cómics de Seth desembocan en viñetas vacías. Antiguos viajeros, antiguos dibujantes o antiguos lectores son protagonistas que ya no están y que nunca existieron. La frialdad canadiense acaba entrando por las ventanas de sus viñetas mudas de calles abandonadas. No hay diálogo porque no hay nadie. Melancolía genérica para amantes de los cómics.

Agarrar ahora “Un verano en las dunas” es identificar claramente a Seth como un miembro de la más que interesante generación de autores canadienses que comparte con Chester Brown o Dave Sim (que resultan ser los tres unos personajazos). Se trata de una novela gráfica autobiográfica al más puro estilo indie americano que cuenta una curiosa historia veraniega de juventud, complementada con un relato breve con cierto tono de culpa de cuando Seth empezaba a ir de artista por la vida. Ahora es otro.

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