Tatsumi
Comics / Yoshihiro Tatsumi

Tatsumi

8 / 10
Joan S. Luna — 13-09-2020
Empresa — Satori Ediciones
Fotógrafo — Archivo

Yoshihiro Tatsumi falleció en 2015. Como muchos otros artistas –en este caso concreto, del manga–, se pasó buena parte de su vida en una suerte de anonimato internacional. Pionero a la hora de darle un giro importantísimo al cómic japonés al ser uno de los nombres indispensables del gekiga (la cara más adulta del manga), su reconocimiento global tardó más en llegar. Por suerte, durante sus últimos de vida, fueron infinidad los países que se rindieron a publicar su obra traducida y la lista de artistas que le reverenciaban y reconocían como influencia también en Occidente empezaba a crecer y crecer. Y un día, se nos fue. Por lo menos nos dejó un legado que, de forma siempre modesta, se fue haciendo paso en nuestro país.

Tatsumi llegó a nuestro país salpicando de vez en cuando las páginas de El Víbora a principios de los ochenta hasta que La Cúpula, la editorial responsable de esa misma publicación mensual, decidió publicar por primera vez una compilación de historias breves en 1984. Inicialmente el cebo buscaba a un lector adulto interesado en el cómic erótico –uno de los componentes de algunas historias de Tatsumi– para poco después tomárselo mucho más en serio y conseguir tratar la obra del japonés con todo el respeto requerido. Y así llegó la reedición de aquel álbum a través de La Cúpula y posteriormente de dos más (“Infierno” y “Goodbye”) ya a principios de los dos miles. Fue entonces, y solo entonces, cuando en España se tomó conciencia de la importancia de un creador fundamental para el mundo de la viñeta. A partir de ahí llegaron otras compilaciones de la mano de Ponent Mon (“Venga, saca las joyas” y “La gran revelación”, del que se anunció una continuación que nunca llegaría) y La Cúpula (que también lanzó “Mujeres” en 2006), y más tarde se sumarían a reivindicar su obra otras editoriales como Astiberri (que publicó “Una vida errante”, autobiografía en dos volúmenes que inspiró también el filme de animación “Tatsumi”) o Gallo Nero (“Pescadores de medianoche”).

Ahora le llega el turno a Satori, una pequeña editorial dedicada exclusivamente a la cultura japonesa que se está tomando muy en serio cada uno de los lanzamientos de manga que publica (Shotaro Ishinomori, Kazuo Umezz, Miyako Maki). Bajo su etiqueta aparece un nuevo tomo recopilatorio de algunas de las historias más emblemáticas de Tatsumi. Una suerte de best of con un total de nueve historias. Si el lector está ya familiarizado con la obra del mangaka fallecido en 2015, ya sabrá de qué estamos hablando y recordará el impacto emocional y el realismo cruel de historias como “Infierno” o “Goodbye” (que dieron título a sendos recopilatorios de La Cúpula). Si todavía no lo está, “Tatsumi” resulta la perfecta puerta de entrada al universo de uno de los padres del gekiga manga, la cara más adulta del cómic japonés.

Así, en “Tatsumi” nos encontramos ante una galería de personajes marginales; gente sin suerte y gente que parece huir de ella; prostitutas; perdedores; seres abyectos y seres desgraciados; víctimas de su torpeza, de su avaricia o de su falta de escrúpulos; protagonistas incapaces de tomar el camino correcto y sobre todo hombres y mujeres que deben enfrentarse a la vida con armas sin filo y mirarse al espejo de sus vidas grises hasta darse cuenta de que difícilmente van a poder abandonar el pozo en el que se encuentran. Quizás por ello, muchas de las páginas o viñetas con las que Tatsumi concluye sus historias son verdaderos puñetazos en el estómago, instantáneas de una desolación bruta y sin concesiones, momentos en los que sus protagonistas se enfrentan a la realidad cara a cara y nosotros somos espectadores de toda esa desolación. Sus historias nos permiten mirar a las profundidades del alma humana desde lo alto de un pozo. Así que, como imaginarán, Tatsumi no es uno de esos autores para leer durante un mal día.

Tatsumi y algunos de sus compañeros de generación crearon algo nuevo a partir de recoger los escombros del pueblo japonés de posguerra y convertirlos en el eje central de su obra. Así que, en el gekiga, se encontraron desde el neorrealismo italiano de los cuarenta y los cincuenta hasta el cine negro de perdedores del Hollywood de los cuarenta, fusionándose con el Japón de aquellos días, sin mirar atrás con ira, pero sí con mucho pesimismo y desencanto.

Aunque “Tatsumi” no recoge trabajos primerizos del autor, sino que sus nueve historias pertenecen a la década de los setenta, concretamente a 1970 (“Ocupado”, “Escorpión”, “La montaña de los viejos abandonados de Tokio”, “Querido Monkey”, “Cría”), 1971 (“Infierno”), 1972 (“La primera vez”, “Goodbye”) y 1979 (“Campana fúnebre”). Toda la información sobre los años de edición de los relatos, revista en la que se publicaron, etcétera, se incluyen en la parte final de este tomo junto a un repaso de la carrera de Tatsumi, redondeando uno de los tomos ideales para descubrir o redescubrir a uno de los grandes.

 

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