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Los guerreros del infierno

Podríamos decir que la historia de los hombres del batallón 369 regimiento de Infantería es una de las mil pequeñas historias humanas que la I Guerra Mundial (o cualquier guerra) alberga en sus entrañas, y que sólo acaba saliendo a la luz si alguien con altavoz y capaz de contarlo pone su zoom en ella. El hecho de que este batallón estuviera formado exclusivamente por hombres negros y que estos hombres fueran decisivos para la victoria del frente occidental, convirtiéndose no sólo en héroes, sino en leyenda, no era un tema en el que todo el mundo se sintiera cómodo y menos en una América que siempre ha tenido reparos para homenajear a todos aquellos que no tuvieran la piel blanca. Pero estos guerreros, y el resto de mortales, hemos tenido la inmensa suerte de que un magnífico contador de historias como es Max Brooks (autor del libro sobre zombies más rentable que jamás se haya escrito: “Guerra Mundial Z”) haya escarbado en los libros para ofrecernos una crónica de un exhaustísmo histórico poco común en la literatura bélica.

Pero ser un documento histórico de primer orden sobre uno de los episodios más desconocidos de Gran Guerra no fue suficiente para que algún grande de Hollywood llevara el guión a la gran pantalla, como inicialmente quería Brooks, así que tuvo que recurrir a un plan B. La novela gráfica, por lo visual del formato, se presentaba como la alternativa perfecta.

“Los guerreros del infierno de Harlem” se publicó por primera vez en Estados Unidos en abril de 2014. En ella no solamente encontramos a un puñado de hombres desarraigados, cada uno con sus motivos personales para alistarse, que luchan contra un enemigo de carne y hueso que habla alemán, sino que estos hombres negros deben combatir una bestia mucho mas atroz: el racismo ejercido por sus compatriotas y que se expresa con lenguajes mucho más hirientes. “Los guerreros del infierno de Harlem” repasa las humillaciones a las que este colectivo estaba sometido, anécdotas que, por su veracidad, remueven la conciencia y hielan la sangre, como el hecho de que, mientras los americanos se entrenaban con armas, los soldados negros lo hacían con escobas.

En definitiva, Brooks y White consiguen meterte en situación, trasladarte al campo de batalla con aquellos guerreros y vivir los horrores de la guerra a su lado. Pero lo mas brillante de todo es que consiguen que sientas la rabia por un sistema injusto que les maltrató hasta que no tuvo más remedio que rendirse a su heroicidad. Aun así, en pleno siglo XXI, sigue habiendo reparos a hacerles la justicia y los honores que merecen.

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