Las puertitas del Sr. López
Comics / Carlos Trillo Y Horacio Altuna

Las puertitas del Sr. López

9 / 10
José Marínez Ros — 15-06-2021
Empresa — Astiberri

El Sr. López, protagonista de “Las puertitas del Sr. López”, creación de uno de los dúos más brillantes de la historia del cómic, los argentinos Carlos Trillo y Horació Altuna, es un personaje rigurosamente universal, por el sencillo motivo de que todos, en alguna ocasión, lo hemos sido alguna vez, en mayor o menor medida. ¿Quién no se ha dejado llevar en alguna ocasión por su fantasía, imaginándose que si hubiera actuado de un modo o de otro tendría una existencia distinta, más plena y feliz, o no se situado en sus ensoñaciones en un ámbito ajeno, extraído de una novela o una película? El Sr. López es una versión inigualable de un arquetipo: el hombre gris, oprimido por las circunstancias, que se evade de una realidad angosta, repelente y rutinaria gracias a su capacidad para soñar. Se trata de un individuo sin grandes cualidades, más allá de una decencia elemental, de edad ya madura, regordete, feo y apocado, que trabaja en una triste oficina, siempre bajo la garra de un jefe que le ningunea y una esposa que le desprecia. Su vida sería de una inanidad insoportable si no fuera porque, en los peores momentos, corre a su refugio, que es tan vulgar como él mismo: el Sr. López, con cualquier excusa, se encierra en el baño y, entonces, tras su puerta, durante unos minutos, con la única fuerza de su mente viaja a mundos fantásticos, a universos en los que sus penalidades cotidianas aparecen transfiguradas, glorificadas por el poder de sus sueños. El Sr. López es también, evidentemente, un homenaje bonaerense y desengañado de su antecedente más famoso: el gran Little Nemo, de Winsor McCay.

Sólo un guionista de genio como Carlos Trillo podría lograr en “Las puertitas del Sr. López” que, partiendo de un esquema tan sencillo, las treinta y ocho aventuras oníricas, contadas siempre en cinco páginas, no parezcan jamás repetitivas: abunda el humor surrealista, el absurdo y el lirismo, pero también visiones con un fondo muy amargo sobre la falta de libertad, la corrupción del poder o la censura (no hay que olvidar que se publicó en origen durante los años más oscuros de la criminal dictadura argentina). Por su parte, Altuna no le va a la zaga, y a lo largo de este volumen es capaz de modificar su estilo, de acuerdo a la historia que narra, tantas veces como sea necesario, y así nos movemos de las líneas limpias de la ciencia-ficción al estilo de Moebius al tenebrismo habitual en el género negro, pasando por la espada y brujería a lo Conan o por el desenfado de un Quino o un Vázquez. Un trabajo soberbio, en ambos casos, con el resultado de un cómic imprescindible.

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