La sombra de la cucaracha
Comics / Gato Fernández

La sombra de la cucaracha

8 / 10
Redacción — 21-07-2022
Empresa — Astiberri

Están en todos lados… Para siempre. Esta es una de esas ocasiones en las que he cerrado un libro y en los días posteriores no he dejado de pensar en él y en su protagonista, Lucía, con una mezcla de tristeza y admiración. La sombra de la cucaracha es un cómic duro, durísimo, incluso podría decirse que incómodo. Incómodo porque nos muestra una realidad que, desde mi punto de vista, ha sido poco visibilizada: los abusos infantiles.

Recuerdo haber leído "Instrumental" de James Rhodes y pensar que aquel era el primer libro que me había mostrado sin concesiones esa realidad. Un libro crudo, hermoso y necesario, como lo es también "La sombra de la cucaracha". Diez años le ha llevado a Gato Fernández parir este cómic, como en un terapéutico exorcismo, y el resultado es un valiente y honesto ejercicio de imaginación para contarnos, a través de ese pequeño alter ego que se llama Lucía, los abusos que sufrió siendo niña por parte de su progenitor.

Decía Pablo Picasso algo así como que el arte es la mentira que nos permite entender la verdad. Incluso la verdad más terrible. En esta ocasión, Gato se sirve de la novela gráfica con un estilo que debe mucho a la bande desinée francesa, introduciendo elementos fantásticos que nos evaden de los momentos más crudos y nos hacen más digerible, si es que eso es posible, unos hechos aborrecibles. Lucía nos explica su mundo y nos enseña aquellas cosas que le gustan, como escuchar jazz con su hermano o las películas de Betty Boop. A priori, todo parece normal en su vida. Podría ser la vida de cualquier niño o niña, con sus tediosas rutinas y adorables excentricidades. Pero, en ocasiones, ella y su hermano salen a matar monstruos. En sus fantasías, Beatriz es una guerrera matademonios. En la realidad, es una niña intentando sobrevivir a unos abusos de los que, a veces, ni siquiera su imaginación es capaz de salvarla. Es entonces cuando esa cucaracha se hace enorme, insoportablemente presente. En todos lados. Para siempre.

Gato Fernández explicaba en una entrevista que, al día siguiente de haber sufrido abusos, la vida sigue. Por eso, esas escenas y aquellas en las que se encuentra, por ejemplo, jugando en la guardería, se suceden indistintamente, como si todas ellas formaran parte de una rutina atroz que nunca va a terminar. Es imposible llegar a la última página de este cómic sin los dientes apretados y el corazón lleno de rabia. Pero también de una frágil esperanza por una niña que debe hacerse fuerte y debe hacerse grande en un mundo feroz y oscuro donde todos los adultos le han fallado.

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