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La loca del sagrado corazon

Cualquier lector avezado en la obra del guionista-director-tarotista-charlatán Alejandro Jodorowsky (Tocopilla, 1929) sabe que la trilogía formada por “La loca del Sagrado Corazón” (1992), “La trampa de lo irracional” (1993) y “El loco de la Sorbona” (1998), ilustrado por el genial Jean Moebiud Giraud (Nogent-sur-Marne, 1938), que originariamente se llamó “El corazón coronado” y Penguin Random House ha decidido misteriosamente recopilarlo con el título del primer álbum, no es una de las obra más
esenciales del coelhista chileno ni del ilustrador galo. Antes, para celebrar el noventa aniversario de Jodorowsky con esta obra como anuncia la editorial, están ahí “El Incal” con Moebius y “Juan Solo” con George Bess, o ese esencial “Cara de luna” a medias con Boucq. De hecho, “La loca del Sagrado Corazón” era una historia sin dibujante que fascinó a Moebius a principios de los noventa y se ofreció a dibujarla. Un cómic sobre la personal crisis de la tercera edad de Jodorowsky, que en aquella época contaba con sesenta años, tan cercano a los delirios eróticos-filosóficos de Milo Manara como al psicoanálisis de Jung. A algunos escritores les pasa: Alan Moore se autoproclamó mago a los cincuenta años.

“La loca del Sagrado Corazón” sigue siendo una lectura divertida y loca, como cuando se publicó en la década de los noventa, donde un asceta profesor de filosofía, Alain Zacarías Mangel, intenta luchar contra sus bajos instintos en el nuevo advenimiento de Juan Bautista y Jesucristo, del que formará parte sexualmente hablando. Humor y cierto punto de locura fueron cerrados de manera bastante abrupta en el segundo tomo, “La trampa de lo irracional”, con un viaje a la selva colombiana de las guerrillas
narco tras una fuga loca y mortal digna de Mortadelo y Filemón. Jodorowsky y Moebius tardaron cinco años para cerrar el ciclo con el capítulo más mágico y espiritual de esta trilogía. “El loco de la Sorbona” cambia el tono de la historia, con un Jodorowsky más centrado en la magia chamánica. También encontramos cambios en el dibujo de Moebius, que deja de ser tan metódico-Blueberry para volverse más cartoonesco al estilo de su serie “Edena”. No es una de las obras más esenciales de los dos autores, pero sí es un must have si eres completista de la obra de Jean Giraud.

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