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la era de quantum

A mediados de los años sesenta del pasado siglo, el recientemente fallecido Stan Lee, auxiliado por un buen número de dibujantes geniales como Jack Kirby o Steve Ditko, realizó un descubrimiento tan importante para el aún joven género del cómic superheroico como sería la ley de la relatividad para la física: lo que más tarde se daría a llamar “el universo compartido” (un concepto que en el presente no puede estar más en boga, gracias a su exitosa traslación al cine por parte de Marvel). Desde entonces, los cómic que publicaba no eran un conjunto de series aisladas que seguían las andanzas de cierto número de personajes; todos coexistían en un mismo mundo, se enfrentaban a amenazas comunes, interactuaban -tenían piques, romances, se odiaban o mantenían largas amistades- y lo que ocurría en un número concreto podía tener consecuencias en otro con otro protagonista.

En cierto modo, se trataba de trasladar la lógica del novelón decimonónico (o del culebrón televisivo) al tebeo. El éxito fue tremendo; y desde entonces, una de las aspiraciones de cualquier editorial norteamericana que publique cómics de género es crear el suyo propio. La veterana Dark Horse, que durante mucho tiempo ha servido de hogar para muchos autores cuyas inquietudes artísticas no se podían ver satisfechas en las grandes franquicias de DC y Marvel, no ha sido una excepción: en el pasado, en cómics con su sello, creció “Sin City”, la ciudad del pecado de Frank Miller, y se ha desarrollado el de “Hellboy“ de Mike Mignola. Parece que su sucesor va a ser el que está surgiendo de las páginas de “Black Hammer”, del canadiense Jeff Lemire
La historia de un grupito de héroes misteriosamente jubilados, condenados a permanecer aislados en una granja, ha ido expandiéndose a través de diversos spin off y series subsidiarias. La última que nos ha traído Astiberri es “La Era Quantum”, que nos lleva… al futuro, para relatarnos unos acontecimientos que sucederán (o no, como ya veremos) un siglo después de lo que nos ha contado hasta ahora en “Black Hammer”. Esto, en sí mismo, no supone ninguna novedad: sólo hay que recordar, por ejemplo, La Legión de Super-Héroes de DC, cuyas hazañas transcurren en el siglo XXX. Pero Lemire, además de urdir con su habilidad acostumbrada, una simpática aventura, ilustrada correctamente por Wilfredo Torres, introduce un par de temas que no puedes estar más de actualidad (y en particular, en su país de adopción): los excesos del poder gubernamental y el auge de la xenofobia.

La historia de unos cuantos héroes/subversivos que se alzan contra un estado omnímodo y opresor, que usa el racismo como herramienta de control social, nos recuerda a un buen puñado de clásicos de la ci-fi y a otro cómic más o menos reciente, y muy recomendable, “Omega Men”, de Tom King. No obstante, aunque Lemire, como ya señalábamos al hablar de una obra como “Royal City” no es especialmente innovador, su homenaje al pulp espacial y la Edad de Oro de los superhéroes es tan sincero que su lectura es, a la par, inmensamente agradable e intrascendente.

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