George Sprott 1894-1975
Comics / Seth

George Sprott 1894-1975

9 / 10
Laura Madrona — 17-05-2022
Fotógrafo — Archivo

Nunca llegaremos a saber quién fue realmente George Sprott. No podemos conocerlo a través de las opiniones de sus antiguos compañeros de la cadena televisiva CKCK; ni a través de las anécdotas que nos explican los espectadores que cada jueves iban a escuchar las charlas de George en el Coronet Hall; ni a través de su labor como presentador, pues no se conservaron las cintas de los 1.132 programas que se grabaron de “Estrellas boreales”. Ni siquiera podemos conocerlo a través del narrador omnisciente de esta historia, cuyas habilidades omniscientes dejan mucho que desear. A George Sprott nunca llegaremos a conocerlo de verdad y, sin embargo, eso no tiene importancia.

Pero hay una cosa que sabemos con certeza: lo que vemos aquí son las últimas tres horas de la vida de George. Así nos lo desvela el narrador al principio de esta historia que es, probablemente, una de las mejores novelas gráficas (rectifico: una de las mejores novelas) que he leído y leeré en mi vida. Una obra inmensa, no por extensa ni por relatar hechos extraordinarios, sino por su voluntad de abarcar lo inabarcable: una vida.

Porque este es, sobre todo, un libro sobre la memoria, uno de esos temas recurrentes en la obra del autor canadiense Seth: la memoria, ligada irremediablemente al sentido de la vida y al paso del tiempo, reducida a un puñado de recuerdos y objetos que caben en la habitación de un hotel o en las estanterías de un coleccionista friki de la CKCK.

La narración se desarrolla mediante saltos temporales, que nos llevan hacia atrás y hace adelante, en una dinámica aparentemente dispersa donde recuerdos del propio George y diversos testimonios se mezclan para presentarnos un personaje patético y entrañable. Y aunque conocemos perfectamente el desenlace de la historia, eso no le resta a su conclusión un ápice de melancolía y tristeza.

Cuando llegas al final de este libro, sientes la necesidad de volver al principio, a esa primera página donde George flota en la nada y donde no tenemos muy claro si está a punto de nacer o de morir. Y queremos así regresar a esos primeros instantes donde George Sprott aún está vivo (aunque no por mucho tiempo, como ya sabemos) y hacer un repaso de su vida a través de aquellas personas y lugares que lo conocieron, para intentar saber quién era realmente George Sprott. Aunque eso, como sabemos también, sea una tarea imposible.

Mención aparte merece la edición de Salamandra Graphic, con un formato ideal para disfrutar del estilo impecable y detallista de Seth y perdernos en todas y cada una de sus páginas, igual que George divaga entre el pasado y el presente mientras los recuerdos danzan ante sus ojos como las auroras boreales que había contemplado, siendo joven, en las regiones árticas.

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